La bolsa de Corea del Sur sufrió una fuerte caída, arrastrada por el nerviosismo que generó entre los inversores el avance de la guerra comercial desatada por los nuevos aranceles impulsados por Estados Unidos. El índice KOSPI cerró con una pérdida del 5,57 por ciento, acumulando su cuarta jornada consecutiva en rojo, mientras que el won registró su mayor depreciación intradía frente al dólar desde los peores días de la pandemia.
Desde temprano, la presión vendedora marcó el ritmo de la jornada. El desplome del índice KOSPI 200 de la Bolsa coreana activó una orden de suspensión temporal de compras programadas, un mecanismo conocido como «sidecar», que no se utilizaba desde agosto del año pasado. En paralelo, el índice tecnológico KOSDAQ también cerró con una caída superior al cinco por ciento, en una muestra del golpe generalizado al mercado bursátil surcoreano.
El impacto se sintió con fuerza entre los inversores extranjeros, que retiraron capitales por más de 1.400 millones de dólares, mientras que los inversores minoristas e institucionales intentaron contener la caída con compras que no alcanzaron a revertir la tendencia. El volumen total de operaciones superó los 10.000 millones de dólares, reflejando una actividad intensa impulsada más por el pánico que por el análisis técnico.
El trasfondo de esta debacle es la escalada arancelaria iniciada por el gobierno de Donald Trump, que ha desatado una serie de medidas recíprocas. China respondió con fuertes gravámenes a productos estadounidenses y con restricciones a la exportación de tierras raras, mientras dejó claro que podrían llegar más represalias. Este cruce de sanciones alimentó el temor a una recesión global, lo que encendió las alarmas en todos los mercados.
En este contexto, el won cayó con fuerza, rompiendo la barrera de los 1.460 por dólar, en una depreciación que no se veía desde marzo de 2020. El debilitamiento de la moneda suma presión a las empresas surcoreanas, especialmente a las exportadoras, que se encuentran en el centro del conflicto comercial.
El panorama externo terminó por arrastrar también a Wall Street, que cerró la semana pasada con sus peores cifras desde la pandemia. En Seúl, el clima es de cautela total, ante la evidencia de que ningún sector de la economía surcoreana puede mantenerse al margen del nuevo orden impuesto por las tensiones comerciales.










