Agricultura, tecnología y cambio climático: el caso argentino

Agricultura

La agricultura frente al cambio climático es un desafío crucial en la era contemporánea, donde la variabilidad climática y los fenómenos extremos se han vuelto cada vez más frecuentes e intensos. La actividad agrícola, fundamental para la seguridad alimentaria global, se ve directamente afectada por estos cambios en el clima, lo que plantea interrogantes sobre la sostenibilidad y la resiliencia del sistema alimentario mundial.

El aumento de las temperaturas, las alteraciones en los patrones de lluvia y la frecuencia de eventos climáticos extremos como sequías e inundaciones representan amenazas significativas para los cultivos y la producción agrícola. En este marco, los agricultores se enfrentan a la necesidad apremiante de adaptarse a estas condiciones cambiantes, implementando prácticas agrícolas más resistentes y sostenibles.

La innovación tecnológica desempeña un papel crucial en este contexto, ofreciendo soluciones que van desde variedades de cultivos más resistentes al calor hasta sistemas de gestión del agua más eficientes. La agricultura de precisión, la utilización de drones y la implementación de técnicas agrícolas más respetuosas con el medio ambiente se presentan como herramientas esenciales para mitigar los impactos del cambio climático en el sector agrícola.

Además, la necesidad de una transición hacia prácticas agrícolas más sostenibles y amigables con el medio ambiente se vuelve cada vez más evidente. La promoción de la agroecología, la diversificación de cultivos y la gestión responsable de los recursos naturales son elementos clave en la construcción de sistemas agrícolas resilientes frente a los desafíos climáticos.

Tecnologías para una agricultura resiliente 

Dado el contexto descrito más arriba, surge de manera clara que la tecnología se presenta como una solución vital para enfrentar estos desafíos.  Diversos especialistas de la temática destacan que la aplicación de la innovación tecnológica en la transformación del sector agrícola hacia prácticas más respetuosas con el medio ambiente y socialmente responsables son clave para mitigar los efectos del cambio climático. 

En un momento en que la sostenibilidad se ha convertido en un imperativo global, estas tecnologías emergentes ofrecen soluciones clave para lograr una coexistencia armoniosa entre la producción agrícola y la conservación del entorno. 

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De allí que, la agricultura de precisión surge como un pilar fundamental en este contexto, permitiendo la gestión eficiente de recursos como agua, fertilizantes y pesticidas. Sensores remotos, drones y sistemas de información geográfica brindan a los agricultores datos detallados sobre el estado de sus cultivos, facilitando la toma de decisiones informadas para optimizar el rendimiento y reducir el desperdicio.

Además, la aplicación de la inteligencia artificial y el aprendizaje automático a la agricultura, contribuye a una gestión más eficaz de los cultivos al predecir patrones climáticos, pronosticar plagas y enfermedades, y personalizar estrategias agronómicas. Estas herramientas no solo aumentan la productividad, sino que también reducen la dependencia de insumos químicos, promoviendo así prácticas agrícolas más sostenibles y amigables con el medio ambiente.

Por otro lado, las tecnologías de conservación del suelo y la biodiversidad también desempeñan un papel crucial. Sistemas de cultivo regenerativo, agroforestería y prácticas agroecológicas impulsan la salud del suelo, mejoran la resiliencia de los ecosistemas agrícolas y reducen la erosión.

También en el plano logístico, la digitalización de la cadena de suministro agrícola, mediante plataformas tecnológicas, permite una trazabilidad transparente y una logística más eficiente, promoviendo así prácticas comerciales sostenibles y éticas. 

La economía circular: otra alternativa 

En el contexto climático relatado, la economía circular es un paradigma económico que busca transformar los modelos tradicionales de producción y consumo lineales en sistemas más sostenibles y regenerativos. A diferencia del enfoque lineal, donde los recursos se extraen, utilizan y descartan, la economía circular se centra en cerrar los ciclos de vida de los productos, reduciendo al mínimo el desperdicio y promoviendo la reutilización, la reparación y el reciclaje.

Teniendo en cuenta el contexto de creciente conciencia ambiental y agotamiento de recursos, la economía circular surge como una solución integral para abordar los desafíos de la contaminación, la escasez de recursos y la generación de residuos. Este enfoque se basa en la premisa de que los productos y los materiales deben mantenerse en uso durante el mayor tiempo posible, y al final de su vida útil, deben ser reintegrados de manera eficiente en la cadena productiva.

De allí que podemos afirmar que la economía circular implica repensar el diseño de productos para facilitar la desmontabilidad, la reutilización de componentes y la reciclabilidad de los materiales. Además, fomenta modelos de negocio basados en servicios, donde los fabricantes mantienen la propiedad de los productos y se responsabilizan de su mantenimiento y actualización, promoviendo así una mayor durabilidad.

En este sentido, la gestión de residuos se convierte en un elemento central de la economía circular, con un énfasis en la reducción de residuos mediante la promoción de la economía del compartir, la reparación y la donación. Los procesos de reciclaje y valorización de materiales se vuelven esenciales para cerrar los bucles y minimizar la extracción de recursos vírgenes.

Efectos del cambio climático en Argentina

Como hemos visto a lo largo de este texto, el cambio climático es una realidad global que afecta a todos los rincones del planeta, y Argentina no es la excepción. Este fenómeno, impulsado principalmente por la actividad humana, está provocando una serie de eventos climáticos extremos y cambios significativos en el medio ambiente del país.

En las últimas décadas, Argentina ha experimentado un aumento notable en la frecuencia e intensidad de fenómenos extremos como sequías, inundaciones, y olas de calor y frío. Estos eventos no solo son un claro indicativo del cambio climático, sino que también tienen un impacto directo en la vida de las personas, la economía y el ecosistema. 

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El calentamiento global, causado por el aumento de gases de efecto invernadero en la atmósfera, ha llevado a un incremento en la temperatura promedio en todas las regiones de Argentina. Este cambio tiene consecuencias profundas y variadas. En las provincias del norte, por ejemplo, se prevé un aumento del estrés hídrico debido a las temperaturas más elevadas. Esto podría afectar tanto a la agricultura, una actividad clave en la región, como al suministro de agua para consumo humano.

Efectos por región

En el Noreste Argentino (NEA), ya se han observado cambios significativos, como un aumento en la frecuencia de precipitaciones extremas e inundaciones, afectando tanto a las comunidades locales como a la infraestructura. Además, el retroceso de los caudales medios de los ríos de la cuenca del Plata es otra señal preocupante del impacto del cambio climático en los recursos hídricos de la región.

En el oeste del país, en áreas como Mendoza y San Juan, se anticipa una crisis hídrica potencial. La disminución de las precipitaciones y el aumento de la demanda de agua podrían llevar a una situación crítica en estas provincias, que ya enfrentan desafíos relacionados con el manejo del agua.

Así también, en la Cordillera de los Andes se está presenciando un fenómeno alarmante: el retroceso de los glaciares. Este no solo es un indicador claro del aumento de las temperaturas, sino que también tiene implicaciones directas en la disponibilidad de agua dulce, vital para las comunidades y ecosistemas de la región.

Dada la situación relatada, es deber afirmar que el cambio climático en Argentina es una realidad innegable que requiere atención y acciones inmediatas. Las consecuencias ya se están sintiendo en diversas formas, de allí que es fundamental que se tomen medidas para mitigar sus efectos y adaptarse a esta nueva realidad climática.

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Grupo Ruiz es un conglomerado empresarial con sede en la provincia de Tucumán, Argentina. Fundado en 1994 con la creación de Paramérica S.A., en una década se posicionó como líder mundial en exportación de poroto negro y limones.

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