La naranja tucumana: un motor agrícola en el Noroeste Argentino

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La producción de naranjas en Tucumán y el Noroeste Argentino constituye un pilar esencial en la economía agrícola regional y nacional. Argentina, reconocida globalmente por su destacada producción agrícola, se distingue en el ámbito de los cítricos, con la naranja figurando como uno de sus principales productos.

La región del Noroeste Argentino, con Tucumán a la vanguardia, cuenta con condiciones climáticas óptimas y suelos fértiles que propician el cultivo exitoso de naranjas. Este área geográfica ofrece un entorno propicio para el desarrollo de huertos de cítricos, facilitando el crecimiento y la calidad de la fruta.

Así también, la naranja tucumana y su producción no solo aportan a la economía nacional a través de la exportación, sino que también generan empleo en la región. Desde la cosecha hasta la comercialización, el cultivo de naranjas implica una cadena de valor que involucra a numerosos trabajadores y actores en diferentes etapas del proceso.

Este contexto natural favorable, permitió que la producción de naranjas en Argentina haya establecido estándares elevados en términos de calidad y sabor. 

En este sentido, las naranjas argentinas se han ganado reconocimiento internacional por su dulzura, jugosidad y excelentes características organolépticas. Esta reputación ha permitido que los cítricos argentinos encuentren demanda en los mercados internacionales, consolidando su posición como un actor relevante en la industria mundial de este producto y sus derivados.

Además, la versatilidad de la naranja como fruta no solo se limita al consumo directo, sino que también se utiliza en la producción de jugos, concentrados, aceites esenciales y otros subproductos. Esta diversificación en el uso de la naranja amplía las oportunidades comerciales y maximiza el aprovechamiento de esta fruta en la industria alimentaria y de procesamiento. 

Diversos tipos de naranjas: cada una con sus características

Dentro de los tipos más conocidos encontramos la variedad valenciana de naranjas. Esta es quizás la variedad más conocida y ampliamente cultivada en Argentina, la cual se destaca por su dulzura, jugosidad y casi ausencia de semillas, lo que la hace ideal para la producción de jugo. Su temporada de cosecha es relativamente larga, lo que permite una disponibilidad constante en el mercado. Además, su resistencia al transporte y almacenamiento la convierte en una opción preferida para la exportación. 

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Por otro lado, también nos encontramos con las naranjas Navel, las cuales son fácilmente reconocibles por la pequeña protuberancia en forma de ombligo en uno de sus extremos. Son apreciadas por su dulzura, textura firme y la facilidad con la que se pelan. Estas características las hacen ideales para el consumo en fresco. Esta variedad no es tan jugosa como la valenciana pero su sabor distintivo y la ausencia de semillas compensan esta característica.

Uno de los tipos menos conocidos es la naranja Salustiana, la cual se caracteriza por su forma redondeada, tamaño mediano y una cantidad moderada de semillas. Su sabor es equilibrado entre dulzura y acidez, y su piel es relativamente fácil de pelar. Es una variedad versátil, utilizada tanto para consumo en fresco como para la elaboración de jugos. Es un tipo que tiene muy poca producción en Argentina.

Cada una de estas variedades contribuye al diverso mercado de naranjas en Argentina, satisfaciendo diferentes necesidades y preferencias tanto en el mercado interno como en el de exportación. La elección de la variedad a cultivar depende de varios factores, incluyendo las condiciones climáticas y del suelo, la demanda del mercado y las preferencias de los consumidores. 

El mercado de exportación: grandes oportunidades

El mercado de exportación de naranjas en Argentina representa una faceta esencial de su economía agrícola, destacándose por su contribución significativa tanto en términos de ingresos como en la generación de empleo. 

Este mercado se ha desarrollado alrededor de la exportación de variedades de alta calidad, dirigidas principalmente a destinos en Europa, Rusia, Estados Unidos y Canadá. La Unión Europea, en particular, se destaca como un destino clave debido a su demanda constante y su disposición a pagar precios premium por frutas de calidad superior.

La temporada de exportación de naranjas argentinas se extiende desde mayo hasta octubre, coincidiendo estratégicamente con la temporada baja de producción en el hemisferio norte. Esta sincronización permite a nuestro país aprovechar una ventana de mercado importante, suministrando naranjas frescas en un período donde hay escasez en otros lugares. 

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Las variedades más exportadas incluyen la Valencia y la Navel. La Valencia es preferida por su jugosidad y durabilidad, lo que la hace ideal para el transporte a largas distancias, mientras que la Navel es apreciada por su sabor dulce y su facilidad de consumo.

Sin embargo, el mercado de exportación no está exento de desafíos. Los exportadores argentinos enfrentan barreras comerciales significativas, incluyendo aranceles y estrictas normativas fitosanitarias impuestas por los países importadores. 

Además, la competencia con otros países productores y las fluctuaciones en los precios internacionales pueden afectar la rentabilidad. Los costos de transporte y logística también representan un desafío considerable, especialmente en el contexto de la globalización y el cambio en las dinámicas del comercio internacional.

Para mantener su competitividad, los productores y exportadores argentinos se enfocan en la calidad del producto, cumpliendo con los más exigentes estándares internacionales y promoviendo prácticas de agricultura sostenible. 

Certificaciones: estándares de calidad y eficiencia

Las certificaciones en el mercado de naranjas juegan un papel crucial en asegurar la calidad, la seguridad alimentaria y la sostenibilidad en su producción y comercialización. Estas certificaciones son esenciales no solo para cumplir con las regulaciones internacionales, sino también para satisfacer las demandas de los consumidores conscientes y para mantener la competitividad en el mercado global.

Una de las certificaciones más importantes en la agricultura es Global GAP (Good Agricultural Practices). Esta certificación internacional se enfoca en métodos de cultivo seguros y sostenibles, abarcando aspectos como la seguridad de los trabajadores, el uso responsable de recursos como el agua y los pesticidas, y la protección del medio ambiente. Para los exportadores de naranjas, Global GAP es a menudo un requisito indispensable para acceder a mercados exigentes como el europeo.

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El HACCP (Análisis de Peligros y Puntos Críticos de Control) es otro sistema esencial, centrado en la seguridad alimentaria. Este enfoque preventivo identifica y controla los riesgos potenciales en la cadena de producción y suministro de alimentos, asegurando que las naranjas lleguen al consumidor sin riesgos para la salud.

Las certificaciones orgánicas también son de gran importancia. Estas certificaciones varían según el país, pero generalmente prohíben el uso de pesticidas y fertilizantes sintéticos y exigen el cumplimiento de estándares de sostenibilidad ambiental. Ejemplos notables incluyen el USDA Organic en Estados Unidos, el EU Organic en la Unión Europea y el JAS en Japón.

Finalmente, es importante aclarar que  las certificaciones de comercio justo como Fairtrade están ganando cada día mayor relevancia. Estas no son siempre obligatorias, pero son cada vez más valoradas en mercados donde los consumidores están preocupados por el impacto social y económico de su consumo.

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Paramérica SA, fundada en 1994 en el Noroeste Argentino, es una empresa familiar arraigada en la agroindustria, parte del Grupo Ruiz. En menos de una década, se consolidó como líder mundial en la exportación de poroto negro. En 2016, diversificó su negocio hacia la citricultura, exportando granos y limón a nivel global.

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