La primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, pidió a Irán que opte por una solución diplomática ante la escalada del conflicto en Medio Oriente, desencadenada tras los bombardeos de Estados Unidos e Israel contra Teherán. En paralelo, su gobierno puso en marcha un operativo para evacuar a ciudadanos japoneses de la zona.
Durante una sesión de comisión parlamentaria, Takaichi reclamó a Irán que detenga cualquier acción que contribuya a desestabilizar la región, incluido el desarrollo de armas nucleares, al que calificó de inaceptable, así como los ataques contra países vecinos. Señaló que Japón trabajará en coordinación con la comunidad internacional para lograr una desescalada rápida y que mantendrá todos los esfuerzos diplomáticos necesarios.
Al mismo tiempo, evitó ofrecer una evaluación jurídica concluyente sobre los ataques lanzados por Washington y Tel Aviv, al señalar que Tokio no dispone de información detallada sobre lo ocurrido. En ese contexto, el ministro de Relaciones Exteriores, Toshimitsu Motegi, informó ante la Dieta que hasta el momento no se registraron víctimas japonesas en Irán.
Según datos oficiales, alrededor de doscientos ciudadanos japoneses residen en Irán y cerca de un millar en Israel, mientras que varios miles viven en otros países de la región. Más tarde, un autobús organizado por el gobierno partió desde Tel Aviv hacia Amán con empresarios y turistas japoneses a bordo, debido al cierre del principal aeropuerto internacional cercano a esa ciudad, que permanece inactivo por los ataques de represalia iraníes.
El portavoz gubernamental, Minoru Kihara, indicó que Japón está preparado para desplegar a las Fuerzas de Autodefensa si fuera necesario para evacuar a sus nacionales. Sin embargo, fuentes oficiales reconocen que organizar una operación de gran escala en territorio iraní resulta complejo, dado que los aeropuertos están cerrados y las rutas terrestres presentan riesgos.
La evolución del conflicto también genera inquietud por el suministro energético. Japón depende en gran medida del crudo procedente de Medio Oriente y mantiene tradicionalmente vínculos amistosos con Irán, por lo que la estabilidad regional es un interés estratégico. Kihara afirmó que, por ahora, no se prevé un impacto inmediato en el abastecimiento, al señalar que el país cuenta con reservas equivalentes a varios meses de consumo de petróleo y con existencias de gas natural licuado para varias semanas.
Las autoridades siguen de cerca la situación en el Strait of Hormuz, una vía clave para el transporte de hidrocarburos hacia Japón. Medios internacionales informaron que numerosos buques, incluidos petroleros y transportadores de gas, permanecen fondeados en las inmediaciones del estrecho ante el aumento de la tensión.
La escalada se produjo tras los ataques aéreos del fin de semana en los que murió el líder supremo iraní, Ali Khamenei. El presidente estadounidense, Donald Trump, sostuvo que la operación buscaba neutralizar amenazas inminentes, mientras que el mando militar estadounidense confirmó bajas propias en el marco de la ofensiva.













