Fate cierra: cuando la competencia china, los impuestos y los conflictos gremiales se cobran su última víctima industrial

La histórica marca argentina de neumáticos Fate anunció el cierre definitivo de su planta industrial en Virreyes, partido de San Fernando, poniendo fin a más de 80 años de actividad. Con esta decisión, desaparece la única fábrica de neumáticos de capitales nacionales en el país —las otras dos que quedan en pie, Pirelli y Bridgestone, son de origen extranjero— y sus 920 empleados serán desvinculados con las indemnizaciones que establece la ley.

Según confirmaron fuentes cercanas a la compañía, no se trata de un proceso concursal sino de una liquidación total: «Se paga a todo el mundo lo que corresponde —empleados, proveedores y bancos— y se baja la persiana». Javier Madanes Quintanilla, presidente de la firma y también dueño de Aluar, recibió la noticia con visible consternación. «Hoy es un día de luto», describieron quienes lo rodean.

Una tormenta perfecta: importaciones, costos y conflictividad sindical

En un escueto comunicado, el Directorio atribuyó el cierre a «los cambios en las condiciones de mercado», una fórmula discreta para describir una crisis de múltiples frentes. La planta, que en sus mejores tiempos podía producir más de cinco millones de cubiertas al año, operaba en los últimos tiempos al apenas 30% de su capacidad instalada. El resto de la historia la completan tres factores que se potenciaron mutuamente.

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Javier Madanes Quintanilla, presidente de la firma y también dueño de Aluar.

El primero es la avalancha de neumáticos importados, en particular de origen chino, que presionó los precios a la baja y redujo márgenes ya de por sí exiguos. Solo en mayo del año pasado ingresaron al país más de 860.000 cubiertas del exterior, el registro mensual más alto en más de dos décadas. Las marcas nacionales respondieron bajando sus precios hasta un 15%, pero la brecha de costos resultó insalvable. «Hace 30 años que la empresa pierde plata, pero la invasión de cubiertas chinas cambió todo», reconoció una fuente cercana a la dirección.

El segundo factor es la estructura de costos locales. En 2024, cuando despidió a 97 trabajadores, Fate ya advertía sobre una «abusiva sobrecarga impositiva», restricciones cambiarias para el pago de insumos importados, deficiente infraestructura y sobrecostos derivados de la legislación laboral. Esas condiciones no mejoraron.

El tercer elemento, incómodo pero central, es el rol que jugaron los conflictos gremiales en el deterioro de la empresa. En 2022, el Sindicato Único de Trabajadores del Neumático Argentino (Sutna) protagonizó una huelga que paralizó simultáneamente las tres plantas fabricantes del país. Madanes Quintanilla no fue condescendiente en sus declaraciones públicas: calificó la situación como un caso de «neo-anarquismo que impide producir» y responsabilizó directamente al Partido Obrero por lo que denominó una «huelga salvaje».

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Fate —acrónimo de Fábrica Argentina de Telas Engomadas— nació en 1940 de la mano de Leiser Madanes, un inmigrante polaco.

En septiembre pasado, durante la visita de la vicepresidenta Victoria Villarruel a la planta en el Día de la Industria, el líder del Sutna, Alejandro Crespo, le entregó un documento cuestionando la apertura importadora —la misma que, según la empresa, hacía imposible competir. La tensión entre ambas partes quedó así expuesta ante las cámaras, como síntoma de una relación laboral que nunca encontró equilibrio.

Un siglo de historia que se cierra

Fate —acrónimo de Fábrica Argentina de Telas Engomadas— nació en 1940 de la mano de Leiser Madanes, un inmigrante polaco que llegó al país como vendedor ambulante de pilotines de hule en el barrio de Once. De ese origen humilde surgió una empresa que llegó a exportar neumáticos radiales a Europa, Estados Unidos y América Latina, y que se convirtió en emblema de la industria manufacturera argentina.

La debacle no fue repentina. En 2019 ya había recurrido a un proceso preventivo de crisis. En 2024 redujo su plantel. Y en este febrero de 2026, llegó el desenlace final. El predio de 40 hectáreas donde funcionaba la planta —con más de 157.000 metros cuadrados de instalaciones— tiene un destino aún incierto.

El cierre de Fate no es solo la historia de una empresa que no pudo sobrevivir a la competencia asiática y a sus propios costos. Es también un espejo de las contradicciones del modelo industrial argentino: donde el Estado, los empresarios y los sindicatos disputaron intereses sectoriales durante décadas, mientras la fábrica se vaciaba de competitividad.

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Co-fundador de ReporteAsia.