El gobierno de Estados Unidos puso fin este viernes a la exención arancelaria que durante casi cien años permitió la entrada de mercancías de bajo valor sin pago de impuestos, una medida que forma parte de la estrategia del presidente Donald Trump para reducir la dependencia de bienes extranjeros.
Hasta ahora, el régimen conocido como de minimis permitía importar productos por un valor de hasta 800 dólares sin aplicar tarifas aduaneras. Con la suspensión, todos los envíos por debajo de ese umbral quedarán sujetos durante los próximos seis meses a un arancel fijo de entre 80 y 200 dólares por paquete, o a tarifas específicas por país que oscilarán entre el 10 y el 50 por ciento.
La decisión tendrá un impacto inmediato en las compras en línea, en pequeños negocios y en los consumidores estadounidenses que dependen de productos importados a bajo costo. Operadores postales y empresas de mensajería ya comenzaron a ajustar sus servicios. A comienzos de esta semana, Japan Post anunció que suspendería temporalmente la entrega de paquetes con destino a Estados Unidos que superen los 100 dólares si son regalos individuales, o aquellos con fines comerciales.
El cambio marca un giro en una política que había estado vigente desde 1938, cuando el Congreso la adoptó para ahorrar recursos administrativos en la recaudación de impuestos insignificantes. Con el tiempo, el umbral fue aumentando: pasó de 200 a 800 dólares en 2015, lo que incentivó un auge de envíos internacionales. Entre ese año y 2024, los volúmenes crecieron de 134 millones de paquetes a más de 1.360 millones, la mayoría provenientes de China y Hong Kong, según cifras de la Casa Blanca.
La administración Trump argumentó que la exención se había convertido en una “puerta trasera” para el ingreso de productos baratos que inundaban el mercado estadounidense sin pagar aranceles, afectando a fabricantes locales. También sostuvo que el esquema facilitaba la entrada de drogas ilegales y mercancías inseguras, incluidas sustancias como el fentanilo.
Antes de aplicar la suspensión global, en mayo pasado ya se había eliminado el beneficio para artículos de bajo costo procedentes de China y Hong Kong. Ahora, la medida se amplía al resto del mundo, en lo que la Casa Blanca describe como un intento de cerrar brechas en la política comercial y reforzar la seguridad fronteriza.
La cuestión de los envíos de bajo valor no es exclusiva de Estados Unidos. El crecimiento exponencial del comercio electrónico ha hecho que este tipo de operaciones también esté bajo debate en otros países. El tema incluso fue incluido en la agenda del Grupo de los Siete, cuyos miembros analizan medidas similares para evitar que los canales de importación de bajo costo se conviertan en herramientas de evasión fiscal y contrabando.
Con esta decisión, Washington busca dar un golpe al modelo de consumo basado en importaciones baratas, aunque con el costo inmediato de encarecer compras en línea y complicar a empresas que dependen de cadenas globales de suministro. El resultado podría ser un ajuste brusco tanto para los consumidores como para los socios comerciales de Estados Unidos.










