La novedad sobre el swap se conoció luego de que el acuerdo de monedas se colara en la disputa entre Estados Unidos y el país asiático por los aranceles y a horas del cierre del nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
El Banco Central de la República Argentina (BCRA) anunció hoy que acordó con el Banco Popular de China (PBOC) la renovación por doce meses del tramo activado del swap bilateral por por 35 mil millones de yuanes (USD 5.000 millones).
Tal como informó el BCRA en un comunicado, “la activación de este tramo, que se inició en 2023 y debía comenzar a reducirse gradualmente a partir de junio de 2025, seguirá manteniéndose a disposición del BCRA, en su totalidad, hasta mediados de 2026″.
El objetivo, aclaró el organismo, es “reducir los riesgos en su transición hacia un régimen monetario y cambiario consistente y sostenible, en un contexto internacional desafiante para los flujos de capitales externos”.
Cabe descartar que El swap de monedas vigente entre el BCRA y el Banco Popular chino por casi USD 18.000 millones es el más grande que tiene el país asiático en el mundo en estos momentos.
Esa línea representa más del 70% de los USD 24.733 millones de reservas brutas con los que cerró este miércoles la autoridad monetaria local.
Genealogía del swap entre Argentina y China
El acuerdo bilateral entre ambas instituciones fue firmado en 2009, desde ese momento fue renovado en varias oportunidades y vence a mediados de 2026.
La intención del Gobierno argentino, además de extender su duración, es refinanciar el tramo de USD 5.000 millones utilizado en 2023 por la gestión de Alberto Fernández y que el BCRA deberá comenzar a pagar gradualmente desde junio hasta julio del año que viene.
Swap China – Argentina: entre la devaluación del yuan y la presión de Estados Unidos
Desde 2014, Argentina mantiene un acuerdo de intercambio de monedas (swap) con China, el cual ha sido renovado y ampliado en varias ocasiones. Este mecanismo permite al país acceder a yuanes que pueden ser utilizados para el pago de importaciones provenientes del país asiático o para intervenciones en el mercado cambiario, disminuyendo la necesidad de utilizar reservas en dólares.
En un contexto marcado por restricciones en el acceso a divisas fuertes, el swap se ha consolidado como una herramienta estratégica. En 2023, por ejemplo, la activación de una parte del acuerdo permitió al Banco Central contar con hasta 70.000 millones de yuanes —equivalentes a unos 10.000 millones de dólares— para hacer frente a desequilibrios cambiarios sin desprenderse de dólares de sus reservas internacionales.
El funcionamiento del swap implica que Argentina puede utilizar los fondos en yuanes a cambio del pago de intereses cuando se activan. Las tasas, según estimaciones del mercado, se calculan tomando como referencia la tasa interbancaria china (Shibor), con un adicional de alrededor del 6%. Si bien este esquema ha permitido aliviar presiones financieras en momentos críticos, su utilización frecuente también ha generado debates sobre su sostenibilidad y costo.
Una de las principales ventajas del swap es que reduce la presión inmediata sobre las reservas en dólares, permitiendo pagar importaciones chinas directamente en yuanes. Sin embargo, el valor de estas reservas está sujeto a la evolución del tipo de cambio entre el yuan y el dólar. En años como 2015, 2022 y 2023, la devaluación del yuan generó una pérdida de valor en dólares de los activos mantenidos en esa moneda. En 2015, por ejemplo, esta depreciación implicó una merma de 365 millones de dólares en las reservas del Banco Central argentino.
Además del aspecto financiero, el acuerdo tiene implicancias en el plano geopolítico. La creciente presencia de China en América Latina, incluyendo acuerdos de financiamiento e inversiones estratégicas, ha sido observada con atención por Estados Unidos. En abril de 2025, fuentes diplomáticas norteamericanas expresaron reparos al acuerdo, en el marco de negociaciones entre Argentina y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Por su parte, China ha defendido el swap como un gesto de apoyo a la estabilidad financiera argentina y como parte de su estrategia para impulsar la internacionalización del yuan.
El swap se inscribe en una tendencia global de diversificación de monedas en las reservas internacionales, aunque en el caso argentino su uso ha sido más recurrente debido a restricciones en el acceso a mercados de crédito tradicionales y la necesidad de cubrir compromisos financieros en un contexto de déficit fiscal y alta inflación.
Si bien el acuerdo con China ha permitido contar con una red de respaldo financiero, también ha planteado desafíos. Uno de ellos es la dependencia del valor de una moneda que Argentina no controla, lo cual introduce un riesgo cambiario adicional. Otro aspecto es el costo financiero de su activación, que puede resultar elevado en un escenario internacional con tasas de interés altas y acceso limitado a financiamiento a bajo costo.
Asimismo, el uso reiterado del swap como fuente de liquidez expone las limitaciones estructurales de la economía argentina: baja generación de divisas genuinas a través de exportaciones con alto valor agregado, dificultades para atraer inversión extranjera directa y restricciones derivadas de la falta de confianza en el peso y en la estabilidad macroeconómica del país.








