Algunas reflexiones sobre el rumbo económico expresado por el Gobierno argentino

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Ayer 12 de diciembre, el ministro de Economía del flamante Gobierno argentino, Luis Caputo, anunció un paquete de medidas económicas, que además fueron acompañadas por una serie de consideraciones sobre la dramática situación económica que atraviesa el país.

En principio, hay que decir que el diagnóstico presentado es acertado. No difiere, en lo sustancial, del que venimos expresando reiteradamente en los últimos años. Los desequilibrios macroeconómicos se agudizaron de tal manera que dieron lugar a la crisis económico-financiera más profunda de la historia argentina.

Los niveles de déficit fiscal y cuasi fiscal, producto de recaudar menos que lo gastado y de –por lo tanto- pagar más intereses que los cobrados, son holgadamente superiores a los que registraba el gobierno del presidente Raúl Alfonsín (1983-1989) al momento de su salida, y la escasez de divisas, producto de venderle al mundo sistemáticamente menos de lo que se le compra genera un estrangulamiento del sector externo muy superior al de la crisis de 2001, a la vez que nos coloca en la situación terminal de no poder hacer frente siquiera a los pagos de aquellas importaciones que ya ingresaron al país y cuyos plazos de crédito se encuentran vencidos.

Ante este escenario venimos sosteniendo que la solución a tal difícil situación requiere de un cambio de modelo económico que ponga en valor el ciclo virtuoso “inversión-producción-trabajo” como único y verdadero generador de riqueza (capital) y que dé por terminado el actual ciclo de especulación rentística que no genera riqueza porque no genera trabajo y por lo tanto no favorece la producción.

El modelo con sesgo a la producción en cambio, por un lado daría como resultado una disminución del déficit fiscal (y por lo tanto del cuasi fiscal) por aumento de la recaudación – de un Estado que definitivamente gasta mal y necesita una profunda reestructuración, pero no debe ser talado salvajemente en sus estructuras de funcionamiento- y por otro, redundaría en una disminución del déficit del sector externo por un mayor saldo del excedente exportable fruto del aumento de la producción (y por aumento de la inversión externa que se da como consecuencia del aumento en la rentabilidad empresaria). En definitiva, un modelo que impulsa un fuerte crecimiento del sector privado modificando de ese modo la relación sector privado/sector público sin necesidad de que este último sea brutal e irracionalmente recortado.

Los desequilibrios macroeconómicos se agudizaron de tal manera que dieron lugar a la crisis económico-financiera más profunda de la historia argentina

Sin embargo, el gobierno ha optado, como era previsible, por otro camino. Ha optado por el camino del ajuste del sector público, de la paralización de la actividad económica ante una probable hiperinflación como forma de “solucionar este problema de raíz, neutralizar la crisis y lograr estabilizar las variables económicas”.

No obstante, el paquete de medidas supone, en el corto plazo, un achicamiento de la economía en general y del sector productivo en particular, posibles despidos generalizados, inflación al alza y profundización del desacople de los precios con los salarios, aumentando la desocupación y la pobreza.

Desde el 10 de diciembre, Javier Milei ocupa el máximo cargo político de la Argentina.

Apuestan a incrementar la recaudación por efecto inflacionario a la vez que reducen el gasto mediante el recorte antes señalado y un probable congelamiento de salarios de la administración pública. Sin embargo, ese nuevo escenario de “equilibrio fiscal” se lograría en una situación de fragilidad económica aún más aguda de la que vivimos hoy. El camino a recorrer es previsible: menos inversión, menos producción, menos trabajo, menos consumo, menos rentabilidad empresaria y por lo tanto, menos recaudación en términos reales.

No vemos cómo de ese modo podría recuperarse la economía, más bien pareciera su acta de defunción. Creen que la problemática es meramente financiera porque entienden a la economía desde el dinero, pero en realidad el problema es, fundamentalmente, de índole económica, se trata de poner en funcionamiento el mencionado ciclo virtuoso de inversión, producción y trabajo. Ya se hizo y estamos en condiciones de volver a hacerlo.

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Analista económico argentino. Comerciante. Dirigente de la agrupación LIO - Los Inorgánicos Organizados.

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