Las despedidas perfectas no existen. No porque sean imposibles, sino porque las probabilidades de que tantas cosas encajen -la mayor parte de las cuales uno no controla- son infinitesimales.
Las despedidas perfectas no existen. No porque sean imposibles, sino porque las probabilidades de que tantas cosas encajen -la mayor parte de las cuales uno no controla- son infinitesimales.