Corea del Norte disparó este jueves múltiples misiles balísticos de corto alcance hacia el mar de Japón, en lo que representa su primera acción de este tipo en casi dos meses. Según informaron los Estados Mayores Conjuntos de Corea del Sur, los lanzamientos se realizaron entre las 8:10 y las 9:20 de la mañana, hora local, desde la zona de Wonsan, ubicada en la costa oriental del país.
Las autoridades surcoreanas confirmaron que se trataron de misiles de distintos tipos y que recorrieron distancias de hasta 800 kilómetros antes de caer en el mar. En paralelo, el ministro de Defensa de Japón, Gen Nakatani, detalló que uno de los proyectiles, lanzado cerca de las 9:20, alcanzó una altitud de aproximadamente 100 kilómetros y habría seguido una trayectoria irregular. Pese al despliegue, hasta el momento no se han reportado daños a embarcaciones ni aeronaves, y los misiles habrían caído fuera de la zona económica exclusiva japonesa.
En respuesta, Tokio presentó una protesta formal ante Pyongyang. El jefe del gabinete japonés, Yoshimasa Hayashi, condenó el acto y señaló que el desarrollo de misiles por parte del régimen norcoreano constituye una amenaza directa a la paz regional y es completamente inaceptable.
El episodio ocurre en un contexto político y geoestratégico delicado. Corea del Norte no realizaba pruebas de este tipo desde el 10 de marzo, fecha que coincidió con el inicio del ejercicio militar conjunto Freedom Shield, llevado a cabo por Corea del Sur y Estados Unidos. Esta nueva provocación también se da en medio de una creciente cooperación militar entre Pyongyang y Moscú en el marco de la guerra en Ucrania, lo que ha generado preocupación adicional en la comunidad internacional.
Además, el lanzamiento se produce a menos de un mes de las elecciones presidenciales en Corea del Sur, previstas para el 3 de junio, tras la destitución del presidente Yoon Suk Yeol, removido del cargo por su controvertida declaración de ley marcial en diciembre pasado. Observadores internacionales señalan que el gesto de Pyongyang podría estar dirigido a influir en el clima político surcoreano, así como a enviar señales de fortaleza ante el panorama global.
Aunque no se ha producido una reacción inmediata por parte de Washington, se espera que Estados Unidos y sus aliados analicen nuevas medidas disuasivas o refuercen la vigilancia regional ante el nuevo desafío planteado por el régimen de Kim Jong-un.







