Filipinas y China intensifican disputa por islotes en el mar de China Meridional con despliegue simbólico de banderas

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Filipinas y China han reavivado sus tensiones en el mar de China Meridional con una escalada simbólica pero cargada de significado: el despliegue de sus respectivas banderas nacionales sobre los bancos de arena de Sandy Cay, una cadena de islotes deshabitados en las disputadas Islas Spratly. El gesto, en apariencia fotográfico, se produce en plena realización de los mayores ejercicios militares conjuntos entre Estados Unidos y Filipinas, y en un contexto de creciente presión internacional sobre las ambiciones territoriales de Beijing.

El episodio comenzó cuando medios estatales chinos difundieron imágenes de agentes de la Guardia Costera izando la bandera de China sobre el denominado Arrecife Tiexian. Según la emisora CCTV, los oficiales patrullaron la zona, recogieron basura y grabaron supuestas actividades ilegales del lado filipino, reforzando su narrativa de soberanía.

La respuesta de Manila no tardó. Filipinas envió cuatro equipos integrados por efectivos de la marina, la guardia costera y la policía nacional, quienes desplegaron la bandera filipina sobre los tres bancos de arena conocidos localmente como Pag-asa Cay 1, Cay 2 y Cay 3. Imágenes publicadas por el portavoz de la Guardia Costera filipina, Jay Tarriela, mostraron a los oficiales posando con la bandera nacional, y se desmintió que China tenga control real sobre los cayos.

Tarriela denunció también la presencia de un buque de la Guardia Costera china y siete embarcaciones de milicias marítimas en las cercanías, y afirmó que uno de los objetivos de la operación filipina fue verificar si China había instalado algún dispositivo de vigilancia o infraestructura en la zona.

Mientras tanto, las maniobras militares Balikatan entre EE.UU. y Filipinas —las más grandes hasta ahora— continúan en aguas cercanas. Este año, por primera vez, EE.UU. desplegó un sistema lanzamisiles antibuque en el extremo norte de Filipinas, en un claro mensaje a Beijing. Japón también participa como miembro de pleno derecho, fortaleciendo el eje de seguridad regional entre Manila, Tokio y Washington.

La disputa sobre Sandy Cay subraya el riesgo de que incidentes aparentemente menores escalen en una región altamente militarizada. China reclama casi la totalidad del mar de China Meridional, desafiando un fallo internacional que invalida su argumento legal. Filipinas, por su parte, insiste en ejercer soberanía sobre las áreas dentro de su zona económica exclusiva, como Thitu (Pag-asa), donde ya cuenta con una base militar y un centro de monitoreo.

En medio de esta tensión, la política exterior de Estados Unidos bajo el presidente Donald Trump enfrenta una prueba importante. Aunque Trump ha adoptado una visión transaccional sobre la defensa de aliados, su gabinete incluye figuras que abogan por una línea dura frente a China, como el secretario de Defensa Pete Hegseth y el secretario de Estado Marco Rubio. Ambos han dejado claro que Washington no dará un paso atrás en su respaldo a Filipinas frente a la creciente presencia china en la región.

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