Durante dos semanas, el grupo combinó clases de idioma y conferencias culturales con visitas a barrios históricos de Tianjin, empresas de alta tecnología en el distrito de Xiqing y encuentros con residentes locales. El itinerario incluyó una visita a la Gran Muralla, presentaciones de guqin en la calle de la Cultura Antigua de Tianjin, clases de elaboración de dumplings en hogares locales y participación en el baile social que practican los adultos mayores en las plazas chinas.
Varios participantes describieron el viaje como un quiebre respecto de la imagen que tenían de China a partir de coberturas mediáticas fragmentadas en Europa, señalando que el contacto directo con la infraestructura tecnológica y los servicios públicos del país modificó esa percepción previa. Otros vincularon el aprendizaje del idioma con oportunidades concretas de inserción laboral en comercio internacional, dado el peso creciente de China en las cadenas globales de intercambio.
El decano del Instituto Confucio de la Universidad de Lisboa, Wang Jincheng, situó el vínculo bilateral en una trayectoria histórica que se remonta a la relación de siglos entre China y Portugal centrada en Macao. Ambos países establecieron relaciones diplomáticas formales en 1979 y elevaron el vínculo a una asociación estratégica integral en 2005, seis años después de que China recuperara la soberanía plena sobre Macao, el 20 de diciembre de 1999, tras un largo período de administración colonial portuguesa. Esa memoria compartida, según Wang, explica en parte el interés creciente por el idioma chino en instituciones educativas portuguesas.
El caso se inscribe en una tendencia más amplia. Según el Informe Anual 2025 de los Institutos Confucio, publicado por la Fundación China para la Educación Internacional, más de 330.000 candidatos rindieron exámenes de competencia en chino el año pasado, mientras que más de 7,4 millones de personas participaron en actividades culturales organizadas por Institutos y aulas Confucio en distintos países. A esto se suma que 380.000 estudiantes internacionales de 191 países y regiones cursan actualmente estudios en universidades chinas, de acuerdo con cifras del Ministerio de Educación.
Algunos de los participantes portugueses ya definieron sus próximos pasos: uno de ellos iniciará estudios de posgrado en la Universidad Jiao Tong de Shanghái en septiembre, mientras que otra estudiante manifestó su intención de continuar su formación en Tianjin.
El episodio ilustra un patrón que se repite en distintas regiones del mundo: la enseñanza del idioma como vector de poder blando, capaz de generar simpatías que luego se traducen en vínculos académicos, redes profesionales y, eventualmente, en plataformas de cooperación económica bilateral. La combinación de intercambio lingüístico, memoria histórica compartida y datos duros sobre movilidad estudiantil configura una herramienta de diplomacia pública que China ha sistematizado a escala global, con Portugal como uno de sus nodos más activos en Europa occidental.













