El partido populista de derecha One Nation logró un avance político importante en Australia tras obtener por primera vez un escaño en la Cámara baja del Parlamento, en una elección parcial que volvió a poner en el centro del debate el tema migratorio y el crecimiento de los sectores más conservadores del país.
El triunfo fue conseguido por el agricultor David Farley en la circunscripción rural de Farrer, ubicada al sur de Sídney. Aunque el resultado no altera la mayoría parlamentaria del primer ministro Anthony Albanese, sí representa una señal de alarma para la oposición tradicional y confirma el crecimiento de One Nation en las encuestas.
La banca pertenecía previamente al Partido Liberal, principal fuerza conservadora de Australia, por lo que la elección expuso el desgaste del espacio y la pérdida de apoyo frente a una fuerza que endureció su discurso sobre inmigración, costo de vida y políticas ambientales.
La líder de One Nation, la senadora Pauline Hanson, celebró la victoria y prometió llevar al Parlamento una agenda centrada en frenar la inmigración masiva, reducir el costo de vida y abandonar las metas de emisiones netas cero. Hanson, una de las figuras más conocidas de la derecha australiana, busca replicar en parte el modelo político impulsado por el presidente estadounidense Donald Trump, especialmente en materia migratoria y de seguridad fronteriza.
El partido ya cuenta con cuatro representantes en el Senado y actualmente aparece segundo en varios sondeos nacionales, por delante de la coalición conservadora tradicional y solo detrás del Partido Laborista de Albanese. Además, Hanson registra niveles de aprobación superiores a los del propio primer ministro y del líder liberal.
La inmigración se transformó en uno de los temas más sensibles de la política australiana. Cerca de la mitad de los 27 millones de habitantes del país nacieron en el extranjero o tienen al menos uno de sus padres inmigrantes. En el último año, miles de personas participaron en manifestaciones contra la inmigración en distintas ciudades australianas, en un contexto marcado por la presión sobre el mercado inmobiliario, el aumento del costo de vida y las dificultades económicas.
Desde la oposición conservadora reconocieron la preocupación por el avance de One Nation. El portavoz económico liberal, Tim Wilson, admitió que el resultado demuestra que su espacio necesita presentar una propuesta “clara y sólida” sobre el rumbo del país para recuperar terreno frente al crecimiento de los sectores más radicalizados.
Mientras tanto, el gobierno laborista insistió en cuestionar el impacto político y social de One Nation. Albanese, cuyo partido no presentó candidato en esta elección parcial porque históricamente nunca ganó ese distrito, considera que el discurso de la agrupación de Hanson perjudica la convivencia social y profundiza las divisiones dentro del país.
El resultado en Farrer refleja además una tendencia que se observa en otras democracias occidentales, donde sectores nacionalistas y antiinmigración ganan espacio impulsados por el malestar económico y la desconfianza hacia los partidos tradicionales.
Aunque One Nation todavía está lejos de disputar el gobierno nacional, su crecimiento comienza a alterar el escenario político australiano y aumenta la presión sobre las fuerzas conservadoras tradicionales, que buscan evitar una mayor fuga de votantes hacia la derecha populista.













