Industria argentina: un declive de cinco décadas

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Argentina ocupa hoy un lugar incómodo en el mapa industrial mundial: produce más manufacturas por habitante que sus vecinos latinoamericanos, pero está cada vez más lejos de los países desarrollados y de China. Más preocupante aún, es uno de los países que más se desindustrializó en el mundo durante el último medio siglo, según revela una investigación de los economistas Daniel Schteingart y Nicolás Sidicaro para Argendata (Fundar).

Los números son contundentes. En 2023, Argentina registró un PIB industrial per cápita de 2.752 dólares, una cifra que la coloca en una posición intermedia a nivel global. Alemania, con 10.858 dólares per cápita, cuadruplica esa cifra. Pero la comparación más reveladora es con China: el gigante asiático alcanzó 3.361 dólares por habitante, un 22% más que Argentina, cuando en 1970 ambos países representaban apenas el 1% del PIB industrial mundial cada uno.

Mientras China experimentaba el ascenso industrial más espectacular de la historia moderna —pasando del 1% al 31% de la producción manufacturera global—, Argentina se movía en dirección opuesta: del 1,6% al 0,6% actual.

El largo declive desde los años ’70

La investigación documenta que Argentina atravesó un proceso de industrialización sostenida hasta mediados de la década de 1970, cuando el PIB industrial per cápita llegó a su pico histórico. A partir de entonces, comenzó un proceso de desindustrialización que se profundizó en distintos momentos.

Las caídas más pronunciadas ocurrieron entre 1974-1990, 1998-2002 y 2011-2020. El resultado es dramático: en 2024, el PIB industrial per cápita fue 28% inferior al máximo de 1974 y 26% menor que el mejor año del siglo XXI (2011).

El estudio identifica múltiples causas para este retroceso. Entre los factores internos destacan la elevada volatilidad macroeconómica —que afecta con especial dureza a la industria debido a su necesidad constante de inversión— y los vaivenes en la política industrial, que impidieron construir reglas de juego estables. Entre los factores externos, sobresale el auge de las economías asiáticas, que impusieron una presión competitiva creciente no solo sobre Argentina, sino también sobre América Latina y los países tradicionalmente industrializados.

Una estructura concentrada y poco compleja

La industria argentina actual representa el 18% del PIB y emplea a 2,5 millones de personas, el 11% del empleo total. Esta diferencia entre su aporte al producto y al empleo refleja su alta productividad relativa: cada trabajador industrial genera más valor que el promedio de la economía. De hecho, la industria es el cuarto sector con mayor productividad por persona ocupada, solo por detrás de la minería, el petróleo, las finanzas y la electricidad, gas y agua.

Sin embargo, la geografía industrial muestra una concentración extrema. La provincia de Buenos Aires concentra el 49% de toda la producción manufacturera del país. Junto con la Ciudad de Buenos Aires (12%), Santa Fe (10%) y Córdoba (8%), estas cuatro jurisdicciones explican el 80% del PIB industrial nacional. Esta alta concentración responde a factores históricos, económicos y logísticos: cercanía al puerto, infraestructura desarrollada, alta densidad poblacional y abundancia de proveedores, servicios y mercados consumidores.

La estructura productiva también revela desafíos de competitividad. La industria de alimentos, bebidas y tabaco representa el 29% de la producción industrial argentina, una proporción muy superior a la de México (24%), Brasil (17%), China (11%), Estados Unidos (10%) o Alemania (7%). Esta cifra refleja la fuerte especialización argentina en agroindustria.

En contraste, las industrias de mayor complejidad tecnológica —química, farmacéutica, electrónica, equipos de transporte— mantienen una participación estancada en torno al 51-54% desde fines del siglo XX. En las economías desarrolladas, estas ramas superan el 65% del valor agregado industrial y muestran una tendencia creciente en las últimas dos décadas.

El déficit persistente en manufacturas

Otro dato revelador: Argentina importa sistemáticamente más productos industriales de los que exporta. Las manufacturas representan el 44% de las exportaciones argentinas de bienes, pero el 81% de las importaciones, lo que evidencia dificultades persistentes para construir ventajas competitivas en buena parte del entramado industrial, especialmente en las manufacturas no vinculadas al agro.

Este desequilibrio se profundizó en momentos clave: durante la última dictadura militar, en los años ’90 y en gran parte de las últimas dos décadas. La dinámica del déficit estuvo mayormente determinada por el ritmo de las importaciones industriales, que ha estado ligado al ciclo económico local y a las políticas de mayor control o apertura comercial.

Dentro de las importaciones de productos industriales destacan los de media tecnología (41%) —maquinarias, equipos de transporte, productos químicos— y de alta tecnología (15%) —productos farmacéuticos, electrónica—. Estas compras incluyen tanto insumos industriales como bienes de consumo adquiridos por individuos y empresas no industriales.

Comparaciones que duelen

La pérdida de terreno de Argentina se vuelve más evidente al compararla con países que en los años ’60 tenían exportaciones industriales similares. Brasil, México y especialmente Corea del Sur la superan holgadamente en la actualidad. En 2023, Argentina representó apenas el 0,16% de las exportaciones manufactureras globales, un retroceso significativo respecto de 2011 (0,30%) y del promedio histórico (0,24%).

Entre 1970 y 2023, el PIB industrial per cápita argentino cayó 8%. En el mismo período, creció 79% en Estados Unidos, 44% en Brasil, 70% en Francia, 194% en Japón, 5.639% en Corea del Sur y 9.438% en China.

Mientras que el PIB industrial argentino creció un 73% entre 1970 y 2023, el del mundo lo hizo un 446% y el de América Latina un 221%. Dentro de los países que también experimentaron caídas destacan Venezuela (-97%) y Australia (-18%). En el caso venezolano, la industria cayó a su mínima expresión tras la profunda crisis económica de la última década. Australia, por su parte, abandonó el modelo de sustitución de importaciones y reorientó su economía hacia los recursos naturales y los servicios.

Un cambio estructural interrumpido

La investigación también documenta cómo cambió la composición de la industria argentina durante el último siglo. Entre 1914 y principios de los años ’80, ganaron peso las ramas de mayor intensidad de capital y complejidad tecnológica. Desde entonces, ese proceso se revirtió parcialmente.

En 1914, el 80% del PIB industrial correspondía a ramas tradicionales o de baja complejidad tecnológica. Alimentos, bebidas y tabaco representaban más de la mitad del total. Estas ramas perdieron peso sostenido hasta 1984, cuando llegaron a ser solo el 20% del total, pero desde entonces volvieron a recuperar participación hasta representar cerca de un tercio del PIB industrial actual.

Por su lado, las ramas más intensivas en capital o tecnológicamente más sofisticadas —como maquinaria, vehículos, químicos y metales— pasaron de representar el 20% del PIB industrial en 1914 al 61% en 1984. Sin embargo, desde entonces su participación se redujo hasta el 54% actual.

Innovación concentrada en pocos sectores

A pesar de las limitaciones, la industria tiene un rol protagónico en la innovación argentina. El sector manufacturero representa el 49,7% de los gastos que hacen las empresas en investigación y desarrollo (I+D). Si bien esta cifra es menor que el promedio mundial (65,3%), muestra que la industria desempeña un papel central en la generación de innovaciones.

Más de la mitad de la inversión en I+D industrial de Argentina es generada por el sector farmacéutico, tanto para ensayos clínicos de tratamientos como para desarrollar productos. Ramas como la química, la siderurgia, la automotriz o la alimenticia también aportan, aunque muy por detrás del sector farmacéutico.

¿Un camino de regreso?

A pesar del diagnóstico adverso, el estudio reconoce que Argentina mantiene activos importantes. A nivel regional, su PIB industrial por habitante supera a Chile, Brasil, Colombia y el resto de los países latinoamericanos, con la única excepción de México. Además, la industria genera 2,5 millones de empleos formales con condiciones laborales superiores al promedio de la economía: en 2024, los salarios de los trabajadores formales industriales fueron 17% más altos que el promedio de los asalariados formales del sector privado.

La investigación también destaca que el país muestra un nivel de desarrollo industrial superior al promedio regional y que la industria manufacturera explica la mitad del gasto empresarial en I+D.

Sin embargo, el desafío es mayúsculo. Como señalan Schteingart y Sidicaro, la industria ha tenido un rol fundamental en el desarrollo económico y tecnológico de las grandes potencias debido a su capacidad para impulsar el crecimiento de largo plazo, generar empleo formal y bien remunerado, mejorar la productividad y la competitividad, promover exportaciones, fomentar la innovación y garantizar la seguridad nacional.

La pregunta que queda planteada es si Argentina podrá revertir cinco décadas de declive industrial en un mundo donde China ya domina un tercio de la manufactura global y donde la competencia tecnológica se intensifica cada día. La evolución de largo plazo ha sido muy pobre: desde 1970, Argentina es uno de los países que más se desindustrializó en el mundo, sin poder consolidar una estructura industrial compleja ni alcanzar una balanza comercial superavitaria en manufacturas.

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Periodista y apasionada del mundo asiático.