China concretó la compra de un cargamento de trigo argentino por primera vez en décadas, en un movimiento que coincide con una cosecha récord en la región pampeana y con la decisión del gobierno de Javier Milei de reducir las retenciones para impulsar las exportaciones. La operación marca un hito para el comercio agrícola argentino y confirma el interés de Pekín por ampliar su abastecimiento en América del Sur en medio de tensiones persistentes con Estados Unidos.
El embarque está a cargo de Cofco International, la empresa estatal china dedicada al comercio de granos, que comenzó a cargar el trigo en su planta de Timbúes, uno de los principales nodos exportadores sobre el río Paraná. Desde allí, el buque completará su carga en un puerto del Atlántico antes de poner rumbo a China. Se trata del primer envío de este tipo desde los años noventa, lo que refleja un cambio significativo en los flujos comerciales entre ambos países.
La operación se explica, en gran medida, por las condiciones excepcionales de la última campaña agrícola. Un ciclo climático casi ideal permitió una producción abundante, lo que empujó los precios del trigo argentino a niveles muy competitivos frente a otros orígenes. A ese escenario se sumó la reciente baja de las retenciones dispuesta por el gobierno argentino, que redujo el impuesto a las exportaciones de trigo y mejoró aún más la ecuación para los compradores internacionales.
Aunque los derechos de exportación suelen ser rechazados por muchos países, en Argentina forman parte del esquema fiscal desde hace años y han sido utilizados para financiar el gasto público. Milei, que se define como un reformista liberal, ha manifestado su intención de eliminarlos de manera gradual. Mientras tanto, cada reducción busca dar una señal al sector agroindustrial y acelerar el ingreso de divisas en un contexto de escasez de dólares.
El regreso de China al trigo argentino también se inscribe en una estrategia más amplia del gigante asiático para diversificar sus proveedores de alimentos. En los últimos años, Pekín reforzó sus compras en América del Sur como respuesta a un prolongado conflicto comercial con Washington. Antes incluso del cambio de gobierno en Estados Unidos, China ya había habilitado la importación de trigo y maíz argentinos, abriendo una puerta que ahora comienza a utilizarse con mayor decisión.
Esa tendencia ya se había reflejado en otros productos. Durante el primer mandato de Donald Trump, China autorizó las compras de harina de soja argentina y recientemente recibió los primeros cargamentos, con nuevos envíos en camino desde los puertos del Paraná. El maíz, en cambio, todavía no registra operaciones relevantes con destino chino, pese a la habilitación formal.
Sin embargo, el entusiasmo por el volumen récord de trigo tiene un matiz que preocupa al mercado. Parte de la cosecha presenta un menor contenido proteico, lo que afecta la calidad y limita el precio que están dispuestos a pagar los compradores. Esa característica podría reducir los ingresos fiscales derivados de las exportaciones y moderar el impacto positivo sobre las reservas del Banco Central.
Desde la Bolsa de Comercio de Rosario advirtieron que, si bien los rindes son elevados, la calidad inferior pesa en las negociaciones. Aun así, la venta a China representa una señal política y comercial relevante para el gobierno argentino, que busca reposicionar al país como proveedor confiable de alimentos y aprovechar un contexto internacional que, al menos por ahora, vuelve a jugar a su favor.








