El sucesor de Shigeru Ishiba al frente del Partido Liberal Democrático (PLD) tiene grandes posibilidades de convertirse en el próximo primer ministro de Japón, pese a que la coalición gobernante ya no cuenta con mayoría en la Cámara de Representantes. La falta de unidad entre los principales partidos opositores, que no han logrado acordar un candidato común, parece allanar el camino para que el PLD conserve el poder, según fuentes cercanas al proceso.
El gobierno y el partido están organizando una sesión extraordinaria del Parlamento a partir del 14 de octubre, en la que se elegirá al nuevo jefe de gobierno tras la elección interna del PLD prevista para el próximo sábado. Aunque en teoría la oposición podría aprovechar la pérdida de mayoría de la coalición PLD-Komeito, las conversaciones entre el Partido Democrático Constitucional de Japón, el Partido de la Innovación de Japón y el Partido Democrático por el Pueblo no prosperaron. Los responsables parlamentarios de estas fuerzas no lograron consensuar una estrategia común, lo que debilitó cualquier intento de formar una alternativa unificada.
El estancamiento refleja la fragmentación de las fuerzas opositoras, incluso cuando el oficialismo enfrenta su momento más vulnerable en años. Tanto el Partido de la Innovación como el Partido Democrático por el Pueblo tienen posiciones destacadas en la Cámara de Representantes y en la de Consejeros, respectivamente, pero la falta de coordinación limita su capacidad de disputar el poder.
La elección interna del PLD se produce tras la dimisión de Ishiba, quien anunció a inicios de mes que dejaría la jefatura del partido para asumir la responsabilidad por las derrotas electorales sufridas en ambas cámaras desde su llegada al cargo en octubre del año pasado. Su salida marca el fin de un mandato breve y políticamente costoso para el oficialismo.
Entre los aspirantes a sucederlo destacan la exministra del Interior Sanae Takaichi y el actual ministro de Agricultura Shinjiro Koizumi, considerados favoritos en las encuestas de opinión. También figuran en la contienda el secretario en jefe del gabinete Yoshimasa Hayashi, el exministro de Exteriores Toshimitsu Motegi y el exministro de Seguridad Económica Takayuki Kobayashi. Todos ellos representan corrientes diversas dentro del partido y la elección interna servirá para definir no solo un nuevo liderazgo, sino la orientación que el PLD adoptará frente a los desafíos electorales venideros.
De confirmarse la llegada del nuevo líder del PLD al poder, Japón mantendría la continuidad política que ha caracterizado al país durante gran parte de la posguerra, pese a la erosión de la fuerza parlamentaria del oficialismo. No obstante, la incapacidad de la oposición para articular una candidatura conjunta vuelve a dejar en evidencia la dificultad de conformar una alternativa sólida frente a un partido que, incluso debilitado, conserva ventaja por la inercia institucional y por la fragmentación de sus adversarios.











