Miguel Galuccio, el ingeniero que transformó Vaca Muerta

Miguel Galuccio

En las vastas extensiones de la Patagonia neuquina, donde el viento patagónico barre la estepa y torres de perforación se alzan hacia el horizonte, se escribe una de las historias empresariales más extraordinarias de Argentina. Es la historia de Miguel Galuccio, el ingeniero entrerriano que se convirtió en el principal artífice del desarrollo de Vaca Muerta, la formación que promete cambiar para siempre el destino energético del país.

Hoy, mientras los camiones cargan arena para la fractura hidráulica y los equipos de perforación trabajan sin pausa, pocos recuerdan que hace apenas dos décadas, Vaca Muerta era solo una curiosidad geológica. La transformación de esa promesa en la segunda reserva mundial de gas no convencional y la cuarta de petróleo lleva la firma inconfundible de un hombre que supo ver lo que otros no podían imaginar.

La historia comienza en Paraná, Entre Ríos, donde Miguel Matías Galuccio nació el 23 de abril de 1968. Hijo de un empresario y una profesora de inglés, el futuro «mago» del petróleo —como lo conocen en la industria— mostró desde temprano una combinación poco común de ambición intelectual y pragmatismo emprendedor. A los 16 años, dejó su ciudad natal rumbo a Buenos Aires con una meta clara: estudiar algo relacionado con la industria petrolera.

«De Paraná me fui a los 16 años, rumbo a Buenos Aires para estudiar algo que luego fue Ingeniería en Petróleo pero que no lo sabía de antemano», recordaría años después en una charla con estudiantes. “Entonces hice un cálculo rápido, y solo me alcanzaba para la mitad de la cuota. Tomé coraje y me fui al ITBA y les pedí un préstamo de Honor, el cuál me dieron y terminé pagando 2 años más tarde. (…) Gracias al ITBA pude estudiar Ingeniería”, remarcó.

En el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) encontró su vocación definitiva. «Ahí descubrí que lo que buscaba podía estar en la industria del petróleo, que comulgaba mi capacidad técnica con trabajo de territorio, al aire libre», explica.

Se graduó en 1994, justo cuando Argentina vivía la transformación de su sector petrolero. YPF, la empresa nacional, había sido privatizada y estaba en pleno proceso de modernización bajo la dirección de José «Pepe» Estenssoro. Para un joven ingeniero ambicioso, era el momento perfecto para comenzar una carrera.

Miguel Galuccio

Formación en el Laboratorio YPF

Galuccio ingresó a YPF en 1994, formando parte de una generación de jóvenes profesionales que llevarían adelante la transformación de la compañía. «Aparte de tener claro que quería desarrollarme en un plano global, también tenía claro que quería liderar. Y que no quería hacer una carrera técnica, quería hacer una carrera de línea», confesaría después.

Sus primeros años en YPF fueron formativos pero desafiantes. A los 28 años fue designado responsable de la operación y desarrollo de los yacimientos de la región Sur, en una época dorada cuando la empresa perforaba 600 pozos por año y alcanzaba récords históricos de utilidades.

El momento decisivo llegó en 1995, cuando YPF adquirió Maxus Energy, una petrolera estadounidense en quiebra. Galuccio fue convocado para integrar el reducido grupo de gerentes que llevaría adelante la transformación de la compañía. El desafío era monumental: una empresa con 2.300 empleados en cinco países y una deuda de más de 1.000 millones de dólares.

En apenas un año, el equipo liderado por Galuccio logró lo impensable: transformar esa deuda millonaria en un superávit de 10 millones de dólares. Fue su primera demostración de liderazgo bajo presión, una habilidad que definiría el resto de su carrera.

En 1998, cuando YPF Internacional necesitaba un responsable para una operación compleja en Indonesia, Galuccio fue la elección natural. Al frente de un equipo multidisciplinario, logró aumentar la producción y desarrollar activos marginales mediante la aplicación de nuevas tecnologías. Era solo el preludio de lo que vendría.

La escuela del mundo: Schlumberger

La adquisición de YPF por Repsol en 1999 marcó un punto de inflexión en la carrera de Galuccio. Disconforme con el nuevo modelo de gestión, decidió buscar nuevos horizontes. Su destino fue Schlumberger, la gigante francesa de servicios petroleros, donde desarrollaría la experiencia internacional que sería clave para su futuro.

Durante 13 años (1999-2012), Galuccio recorrió el mundo construyendo una reputación sólida en la industria global. Comenzó como Director General para México y Centroamérica, donde la división creció exponentially bajo su liderazgo, con Pemex firmando numerosos contratos de servicios petroleros.

Su capacidad para crear y liderar divisiones le valió el reconocimiento interno. En 2005 fue nombrado Director de Integrated Project Management (IPM), y en 2011 alcanzó el cargo de Presidente de Schlumberger Production Management, una división que él mismo había creado con sede en Londres.

Durante esos años, Galuccio trabajó en más de 20 países: Estados Unidos, Medio Oriente, Asia, Europa, Latinoamérica, Rusia y China. «Yo creo que cuando uno se convierte en ciudadano del mundo o en nómade, se aprende a vivir fuera del lugar que es de uno», reflexionaría después. Pero algo había quedado claro: «Nosotros nunca dejamos de tener nuestras raíces acá. Nunca dejamos de sentirnos auténticamente argentinos por más que viviéramos afuera».

En abril de 2012, la decisión del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner de expropiar YPF cambió el rumbo de la historia energética argentina y, con ella, el destino profesional de Galuccio. El 5 de mayo de 2012, a los 44 años, fue designado CEO de la petrolera renacionalizada.

«Yo no necesitaba volver, es la verdad. Cuando llegué, si vos me decías Randazzo, yo no sabía si era un arquero de fútbol o un ministro de algo. Ese nivel de desconocimiento tenía de la política argentina», admitió después. Pero había aceptado el desafío por una razón específica: el potencial que veía en los recursos no convencionales argentinos.

Su llegada a YPF coincidió con el momento exacto en que Argentina comenzaba a entender la magnitud de Vaca Muerta. La formación geológica había sido identificada, pero su verdadero potencial permanecía oculto. Galuccio, con su experiencia internacional en tecnologías de shale, pudo ver lo que otros no podían imaginar.

«La experiencia YPF, según sus propias palabras, fue una experiencia full», recuerdan quienes trabajaron con él. «Tuvo que sacar a escena todo lo que había aprendido en su carrera, y hacerlo funcionar rápido. No había tiempo ni de deprimirse, ni de defraudarse, ni de estar contento».

La revolución de Vaca Muerta

El período 2012-2016 marca la era dorada del desarrollo inicial de Vaca Muerta. Bajo el liderazgo de Galuccio, YPF se embarcó en la tarea de «desriskear» la formación, algo que «ninguna empresa privada hubiera hecho», como él mismo señalaría después.

El momento decisivo llegó en 2013 con la firma del acuerdo estratégico entre YPF y Chevron para el desarrollo conjunto de Loma Campana. Fue el primer acuerdo internacional de gran escala para el desarrollo de shale en Argentina y marcó el precedente para futuras alianzas. «Muy pocas empresas hubieran desriskeado Vaca Muerta, ninguna compañía privada lo hubiera hecho», explicaría Galuccio años después.

Durante su gestión, YPF se convirtió en la mayor productora de hidrocarburos provenientes de formaciones shale a nivel mundial fuera de Norteamérica. La estrategia era clara: construir un equipo de clase mundial, desarrollar tecnologías adaptadas a las condiciones locales y establecer alianzas estratégicas con socios internacionales.

«El primer objetivo fue rearmar un equipo de trabajo world class, y para eso era necesario motivar y repatriar gente de mucha valía, generalmente argentinos que trabajaban en el mundo, y que tuvieran como yo el fuego de volver a su país», recordó en una charla posterior.

Los resultados fueron evidentes: Vaca Muerta comenzó a producir hidrocarburos en cantidades comerciales, atrayendo la atención de las principales empresas del mundo. Lo que había comenzado como una curiosidad geológica se transformó en una realidad económica.

Galuccio emprendedor: Vista Energy

El cambio de gobierno en 2015 marcó el fin de la era Galuccio en YPF. En abril de 2016 se despidió «entre lágrimas de su equipo de trabajo del yacimiento de Vaca Muerta», destacando el «orgullo ypefiano». Pero su historia con Vaca Muerta estaba lejos de terminar.

En marzo de 2017, fundó Vista Energy con un propósito claro: desarrollar el potencial completo de Vaca Muerta desde el sector privado. «Después de YPF decidí volver al mundo privado. Con el tiempo, creé un nuevo emprendimiento, también relacionado a la industria petrolera», explicó.

Vista comenzó con una tesis de inversión audaz: desarrollar un inventario de hasta 1.200 pozos listos para perforar cubriendo aproximadamente 229.000 acres de Vaca Muerta, con foco en eficiencia de costos y producción de menor intensidad de carbono.

Los números hablan por sí solos. Desde 2018, Vista ha invertido más de 6.000 millones de dólares en Argentina. La empresa cotiza en el New York Stock Exchange desde 2019 y se ha convertido en el segundo operador de shale oil del país, solo detrás de YPF.

En abril de 2025, Vista concretó la operación más importante de su historia: la adquisición del 50% del bloque La Amarga Chica, en poder de la malaya Petronas, por 1.340 millones de dólares. Con esta adquisición, Vista pasó a producir más de 120.000 barriles diarios, consolidándose como el mayor productor independiente de petróleo de Argentina.

«Con esta adquisición ganamos una escala significativa en Vaca Muerta, incorporando un bloque premium con producción en crecimiento y bajos costos operativos», explicó Galuccio al anunciar la operación. La Amarga Chica es el segundo campo de shale oil de Vaca Muerta en términos de producción, con aproximadamente 80.000 barriles diarios.

La operación no solo incrementó la escala de Vista sino que demostró la madurez del mercado de Vaca Muerta. Por primera vez, Vista adquirió un activo donde no sería operador, confiando en YPF como operador técnico. «Es especialmente relevante que, en el actual contexto macroeconómico global y de precios del petróleo, estemos consolidando un activo de alto margen y bajo punto de equilibrio», destacó Galuccio.

Miguel Galuccio

Hoy, los números de Vaca Muerta hablan del éxito de la visión de Galuccio. Según datos de 2024, el 58% del petróleo argentino ya proviene de Vaca Muerta, con YPF controlando el 31% de la producción y Vista el 16%. La producción no convencional creció 27.4% en petróleo y más de 20% en gas durante 2024.

«Podríamos lograr que Vaca Muerta sea otra plataforma sojera de la Argentina, que aporte 25.000 millones de dólares en la balanza comercial», proyecta Galuccio. Sus cálculos son ambiciosos pero fundamentados: aumentar la producción de Vaca Muerta en un 83%, pasando de los 600.000 barriles diarios actuales a un millón.

El impacto va más allá de los números. Vaca Muerta ha transformado poblaciones enteras: Añelo mutó de pueblo en ciudad en pocos años, convirtiéndose en el centro neurálgico del negocio. La formación emplea miles de personas y ha generado una cadena de valor que se extiende por toda la región.

A los 57 años, Miguel Galuccio puede mirar hacia atrás y ver una trayectoria que cambió la historia energética argentina. Desde aquel joven de Paraná que soñaba con la industria petrolera hasta convertirse en el principal artífice del desarrollo de Vaca Muerta, su historia es la de una visión que se hizo realidad.

«Sin el ITBA para mí no hubiera habido Vaca Muerta, posiblemente no hubiera formado ni fundado Vista», reflexionó recientemente ante estudiantes de su alma mater. Es una confesión que resume una trayectoria extraordinaria: la del hombre que supo ver el futuro cuando otros solo veían piedras en el subsuelo patagónico.

Hoy, mientras Vista planea invertir 1.100 millones de dólares en 2025 para continuar expandiendo la producción en Vaca Muerta, la historia continúa escribiéndose. Pero una cosa es cierta: el nombre de Miguel Galuccio quedará para siempre asociado al momento en que Argentina descubrió su potencial energético y decidió convertirlo en realidad.

En las extensas llanuras de Neuquén, donde el viento patagónico aún sopla entre las torres de perforación, se alza el monumento más duradero a la visión de un entrerriano que se atrevió a soñar en grande: Vaca Muerta, el yacimiento que cambió para siempre el futuro de Argentina.

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