Con el estrecho de Ormuz nuevamente cerrado y los buques bajo ataque, las petromonarquías apuran oleoductos, expansiones y un nuevo puerto para reducir la palanca de presión de Teherán sobre el corredor energético más sensible del planeta.
Con el estrecho de Ormuz nuevamente cerrado y los buques bajo ataque, las petromonarquías apuran oleoductos, expansiones y un nuevo puerto para reducir la palanca de presión de Teherán sobre el corredor energético más sensible del planeta.