La primera ministra japonesa convirtió su falta de descanso en bandera política y reavivó el debate más incómodo del país: el del karoshi, la muerte por exceso de trabajo. La ciencia, mientras tanto, tiene un veredicto bastante menos heroico.
La primera ministra japonesa convirtió su falta de descanso en bandera política y reavivó el debate más incómodo del país: el del karoshi, la muerte por exceso de trabajo. La ciencia, mientras tanto, tiene un veredicto bastante menos heroico.