Miles de fieles participan en el tradicional festival de los “Hombres de Barro” en Filipinas

barro Filipinas

Cientos de católicos cubiertos de barro y envueltos en hojas secas de plátano participaron este miércoles en una de las manifestaciones religiosas más singulares de Filipinas, una tradición que cada año reúne a miles de personas en la localidad de Bibiclat para rendir homenaje a San Juan Bautista.

La celebración, conocida como Taong Putik, que en español significa “Hombres de Barro”, se desarrolla en esta comunidad de la provincia de Nueva Écija, en el norte del país, considerado la nación con mayor población católica de Asia. Los participantes afirman que toman parte en el ritual como una forma de agradecer favores recibidos, cumplir promesas realizadas durante momentos difíciles y reafirmar su fe.

Antes del amanecer, los devotos se dirigen a campos cercanos en busca de barro húmedo, que extienden sobre todo su cuerpo. Luego se cubren con hojas secas de plátano y emprenden una caminata descalzos hasta la iglesia de San Juan Bautista. Muchos llevan únicamente velas encendidas y sus teléfonos móviles mientras esperan el inicio de la misa. Durante la ceremonia, los cánticos religiosos acompañan una atmósfera marcada por la devoción y el recogimiento.

Entre quienes participaron este año estuvo Melencio Nenuda, un trabajador de la construcción que recordó cómo, durante su infancia, sentía miedo al ver pasar a las figuras cubiertas de barro por las calles del pueblo. Sin embargo, su percepción cambió cuando enfermó gravemente mientras cursaba la escuela primaria. Según relató, su madre pidió la intercesión de San Juan Bautista y prometió que él se sumaría a la tradición si lograba recuperarse.

Desde entonces, Nenuda participa cada año en el festival y asegura que la experiencia tiene un profundo significado para su vida. Actualmente también forman parte de la celebración su esposa y su hijo, continuando una práctica que se ha convertido en una tradición familiar.

Los habitantes de Bibiclat consideran que el festival está estrechamente ligado tanto a la fe como a la historia de supervivencia de la comunidad. De acuerdo con responsables de la parroquia, los orígenes de esta costumbre se remontan al siglo XIX, cuando campesinos pobres comenzaron a cubrirse de barro como una expresión de humildad. Las hojas de plátano servían además para ocultar su identidad en una época en la que sufrían discriminación debido a su condición social.

La devoción hacia San Juan Bautista se fortaleció aún más durante la Segunda Guerra Mundial. Según relatos transmitidos por generaciones y recogidos por antiguos responsables de la parroquia, un grupo de hombres del pueblo logró escapar de una ejecución durante la ocupación japonesa después de que una repentina tormenta interrumpiera el procedimiento. Muchos vecinos interpretaron aquel hecho como una intervención divina atribuida al santo patrono.

Aunque no existen registros oficiales sobre la cantidad exacta de asistentes, autoridades religiosas locales estiman que cada año participan varios miles de personas. La cifra ha crecido con el paso del tiempo, impulsada por quienes aseguran haber recibido favores o respuestas a sus plegarias.

Entre ellos se encuentra Rickmar Castilio, quien lleva más de dos décadas formando parte del ritual. En esta edición participó acompañado por su hijo, que se sumó por primera vez a la celebración. Castilio explicó que decidió mantener viva la tradición después de atravesar una tragedia familiar y realizar una promesa relacionada con el nacimiento de un futuro hijo.

Para muchas familias de Bibiclat, el Taong Putik no es solo una festividad religiosa, sino también una herencia cultural que pasa de una generación a otra. Cada año, el barro, las hojas secas y las velas se convierten en símbolos de gratitud, esperanza y fe para una comunidad que mantiene viva una de las expresiones religiosas más particulares de Filipinas.

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