La cifra de fallecidos por el devastador incendio que arrasó el complejo residencial Wang Fuk Court en Hong Kong ascendió a ciento veintiocho, mientras unos ochenta heridos permanecen hospitalizados y continúan las labores de búsqueda entre los restos humeantes. Las autoridades advirtieron que no descartan hallar más víctimas, ya que decenas de personas siguen desaparecidas y casi noventa cuerpos aún no han sido identificados.
El siniestro, que se ha convertido en el más mortífero desde la devolución del territorio a China en mil novecientos noventa y siete, envolvió siete de las ocho torres del conjunto habitacional, ubicado en el densamente poblado distrito de Tai Po. Según explicó el secretario de Seguridad, Chris Tang, la causa aún está bajo investigación, aunque se cree que el fuego comenzó en una pared exterior y se propagó con rapidez a través de planchas de espuma utilizadas en un proyecto de remodelación. El complejo, de más de treinta pisos y con alrededor de dos mil apartamentos donde vivían cuatro mil residentes, se encontraba rodeado de andamios de bambú y mallas protectoras, lo que complicó la labor de los bomberos.
El avance de las llamas fue descrito como excepcionalmente veloz, y la caída de los andamios bloqueó los accesos, impidiendo la llegada de los equipos de emergencia. Algunos departamentos volvieron a encenderse debido a las altas temperaturas internas, lo que obligó a extender los esfuerzos de control. El director de los Servicios de Bomberos, Andy Yeung, señaló que las alarmas no funcionaron en ninguno de los edificios y anunció que se adoptarán medidas de cumplimiento correspondientes.
La investigación condujo al arresto de tres hombres vinculados a la empresa encargada de la remodelación, quienes enfrentan sospechas de homicidio y negligencia grave. Paralelamente, las autoridades inspeccionan otros proyectos privados asociados a la misma compañía. La Comisión Independiente contra la Corrupción detuvo además a ocho personas relacionadas con la supervisión del proyecto y llevó a cabo múltiples allanamientos como parte de sus pesquisas.
A medida que el humo blanco aún se elevaba desde una de las torres, equipos de rescate transportaban cuerpos en bolsas negras y recorrían los pasillos con camillas en busca de sobrevivientes. Vecinos evacuados pasaron la noche en un centro comercial cercano o al aire libre, mientras voluntarios repartían ropa de abrigo entre quienes habían huido sin pertenencias. Algunas personas aguardaban atención médica en camillas improvisadas, y varios vehículos fúnebres permanecían en el lugar para trasladar a las víctimas.
En redes sociales circularon avisos de personas desaparecidas, incluidos bebés, niños pequeños y adultos mayores. Familiares se congregaron en un centro comunitario donde se exhibían fotografías para facilitar las identificaciones, y otros se desplazaron hasta una morgue en Sha Tin con la esperanza de encontrar respuestas.
El jefe del Ejecutivo, John Lee, informó que el gobierno ha creado tres grupos de trabajo enfocados en esclarecer las causas del incendio y coordinar asistencia económica y alojamiento temporal para los afectados. Mientras tanto, ciudadanos y organizaciones han movilizado una amplia red solidaria para entregar artículos de primera necesidad, desde ropa y productos de higiene hasta suministros para mascotas. Grandes conglomerados anunciaron donaciones que superan los quinientos millones de dólares hongkoneses, destinados a apoyar las labores de emergencia y garantizar soluciones de vivienda transitoria para quienes lo han perdido todo.







