Exoneración histórica: tribunal japonés absuelve a ex boxeador condenado a muerte tras 58 años de lucha legal

tribunal japonés

Un tribunal japonés declaró inocente a Iwao Hakamada, un ex boxeador de 88 años que había sido condenado a muerte por un cuádruple asesinato en 1966. Este veredicto, emitido por el Tribunal del Distrito de Shizuoka, representa el final de una batalla legal que se extendió durante casi seis décadas y convierte a Hakamada en el quinto condenado a muerte absuelto en la historia de la justicia penal japonesa.

La resolución podría reavivar el debate sobre la pena capital en Japón, país que, junto a Estados Unidos, es uno de los pocos dentro del G7 que aún mantiene este castigo.

Hakamada fue condenado en 1968 por el asesinato de un empresario y tres miembros de su familia, crímenes que incluían también el incendio de la casa en la que ocurrieron. La sentencia lo llevó al corredor de la muerte, donde pasó más de 45 años, convirtiéndose en el prisionero que más tiempo ha estado en dicha situación a nivel mundial. Sin embargo, su ejecución nunca se llevó a cabo debido a las apelaciones y al proceso legal japonés, notoriamente lento, donde los fiscales tienen un índice de condena del 99%.

El veredicto emitido esta semana marca el final de una lucha incansable por la inocencia de Hakamada. Su hermana, Hideko Hakamada, de 91 años, ha sido una figura central en esta batalla. A la salida del tribunal, visiblemente emocionada, agradeció el apoyo recibido a lo largo de los años y celebró la absolución de su hermano. Hideko ha pasado la mayor parte de su vida intentando demostrar la inocencia de Iwao y no dejó de luchar hasta lograr este histórico desenlace.

La absolución se produjo después de que se reconociera que las pruebas presentadas en su contra habían sido manipuladas. Según declaró el presidente del tribunal, Koshi Kunii, varias de las evidencias fundamentales del caso, como las prendas de ropa que supuestamente Hakamada llevaba durante el crimen, fueron fabricadas. Estos argumentos ya habían sido presentados previamente en una revisión del caso en 2014, cuando se permitió que Hakamada esperara el nuevo juicio en libertad debido a su delicado estado de salud y a su avanzada edad.

Uno de los elementos más controvertidos de la acusación fueron cinco prendas manchadas de sangre que los investigadores afirmaron que Hakamada había usado durante los asesinatos. Las prendas fueron encontradas más de un año después del crimen en un tanque de pasta de soja fermentada, o miso. Sin embargo, experimentos científicos presentados en el nuevo juicio demostraron que la ropa empapada en miso durante tanto tiempo habría oscurecido hasta el punto de no mostrar manchas visibles de sangre. Además, los análisis de ADN realizados en las muestras de sangre no coincidían con el perfil genético de Hakamada. Otro detalle relevante fue que los pantalones presentados como evidencia no se ajustaban correctamente a su cuerpo cuando se los probó, lo que aumentó las dudas sobre su culpabilidad.

La confesión inicial de Hakamada, que fue clave para su condena, también se reveló como un producto de la coacción. Durante los interrogatorios que siguieron a su arresto, Hakamada negó inicialmente su participación en los crímenes, pero más tarde confesó bajo la presión de interrogatorios violentos. Estos métodos de investigación, que incluyen horas prolongadas de interrogatorios sin la presencia de abogados, han sido duramente criticados tanto dentro como fuera de Japón. La sentencia de este jueves califica estos interrogatorios como «inhumanos», lo que finalmente llevó a una condena basada en una confesión forzada.

Desde su liberación en 2014, Hakamada ha enfrentado serios problemas de salud mental debido a las décadas que pasó en aislamiento. Durante los primeros meses fuera de prisión, apenas salía de su apartamento y su hermana relató que le costaba adaptarse a la vida en libertad. No fue hasta que ella le convenció de acompañarla a hacer las compras que comenzó a salir regularmente a caminar, un hábito que, con el tiempo, se convirtió en parte de su rutina diaria.

A lo largo del proceso judicial, los fiscales persistieron en su intento de mantener la condena a muerte, lo que desató críticas de organizaciones de derechos humanos. Estos grupos argumentaron que las pruebas eran insuficientes y que los fiscales estaban tratando de prolongar injustamente el juicio. Finalmente, el tribunal de Shizuoka falló en favor de la defensa, señalando que las evidencias habían sido fabricadas por los investigadores originales del caso.

Este fallo podría tener un impacto duradero en el debate sobre la pena de muerte en Japón. La nación asiática lleva a cabo las ejecuciones en secreto, sin informar a los prisioneros de su destino hasta la mañana en que son ejecutados. Además, el proceso para obtener la repetición de juicios en el sistema japonés es notoriamente difícil, algo que los expertos han señalado como un área que necesita una reforma urgente.

Hideko Hakamada, quien ha estado a la vanguardia de la lucha por la libertad de su hermano, expresó antes del fallo que esperaba que su caso sirviera de ejemplo para aquellos que luchan contra condenas injustas. «Estoy segura de que hay otras personas que han sido acusadas injustamente y lloran… Quiero que se revise el derecho penal para que sea más fácil celebrar nuevos juicios», declaró a la prensa en Tokio.

Con la absolución de Iwao Hakamada, la justicia japonesa enfrenta ahora un momento decisivo. La sentencia no solo reconoce los errores del pasado, sino que también plantea preguntas cruciales sobre la transparencia y la fiabilidad del sistema penal en Japón, y si este se ajusta a los estándares de derechos humanos en el siglo XXI.

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