Proteína GPNMB: nueva vía para frenar el avance del Parkinson

En mayo de 2026, investigadores de la Universidad de Pensilvania descubrieron que la proteína GPNMB desempeña un papel crucial en la propagación del Parkinson, lo que podría transformar el enfoque terapéutico hacia tratamientos que frenen el avance de esta enfermedad neurodegenerativa.

Una proteína en el centro de la propagación del Parkinson

Un grupo de científicos del Instituto Perelman de la Universidad de Pensilvania ha identificado una pieza clave en la compleja expansión del Parkinson dentro del cerebro: la proteína GPNMB (Glycoprotein Nonmetastatic Melanoma Protein B). Según un estudio publicado en Neuron, bloquear su acción mediante anticuerpos monoclonales podría ralentizar las etapas tempranas de la enfermedad, una posibilidad que hasta ahora parecía inalcanzable en los tratamientos clínicos.

El hallazgo ha despertado un profundo interés en la comunidad científica, ya que la investigación de enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson suele enfrentarse a un obstáculo común: la falta de estrategias terapéuticas que detengan el progreso del daño neuronal. Actualmente, fármacos como la levodopa o la estimulación cerebral profunda actúan sobre los síntomas motores, pero no sobre la degradación progresiva de las neuronas dopaminérgicas.

¿Cómo se propaga el Parkinson en el cerebro?

El Parkinson afecta a más de 10 millones de personas en todo el mundo, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud. En Estados Unidos, aproximadamente 90.000 nuevos casos se diagnostican cada año. Su origen se encuentra en una interacción anómala de proteínas dentro de las neuronas, especialmente la alfa-sinucleína, que adopta una forma agregada y tóxica. Estos cúmulos se propagan desde las zonas profundas del cerebro hacia regiones corticales, afectando funciones motoras, cognitivas y autónomas.

El nuevo estudio sugiere que la proteína GPNMB actúa como facilitadora en este proceso, ayudando a que los agregados de alfa-sinucleína pasen de una célula a otra. Se trataría de un mecanismo indirecto, pero central, que transforma la respuesta inmune del cerebro en un catalizador de la degeneración. Cuando las neuronas comienzan a dañarse, las células inmunes locales —las microglías— producen grandes cantidades de GPNMB, liberándola al espacio intercelular. De esa manera, la proteína no solo reacciona ante el daño, sino que lo amplifica.

Microglía y GPNMB: el doble filo de la inmunidad cerebral

Las microglías son las células encargadas de mantener la homeostasis inmunológica del sistema nervioso central. Actúan eliminando desechos, protegiendo frente a infecciones y regulando la inflamación. Sin embargo, en enfermedades neurodegenerativas, esta respuesta se vuelve crónicamente activa, alterando el equilibrio. El equipo liderado por Alice Chen-Plotkin, Parker Family Professor de Neurología, demostró que durante la activación de la microglía se libera una porción de GPNMB que puede moverse libremente entre neuronas y potenciar la expansión de la patología.

En modelos preclínicos con cultivos neuronales, los investigadores desarrollaron anticuerpos dirigidos contra GPNMB. Los resultados fueron claros: bloquear la proteína detuvo la propagación de los agregados de alfa-sinucleína entre células. Según Chen-Plotkin, este ciclo —donde los cúmulos de alfa-sinucleína lesionan las neuronas, estimulando la liberación de GPNMB, que a su vez agrava la diseminación del daño— podría ser interrumpido con un enfoque inmunoterapéutico específico.

¿Por qué es relevante este hallazgo para la investigación del Parkinson?

La relevancia de esta investigación radica en su base mecanicista. Desde los primeros estudios de Heiko Braak a principios de los años 2000, la comunidad científica ha reconocido que el Parkinson sigue una ruta anatómica predecible dentro del cerebro. Braak propuso que la enfermedad se origina en el bulbo olfatorio y el intestino, extendiéndose luego hacia el tronco encefálico y la corteza. Sin embargo, los vínculos moleculares que explicaban esta progresión permanecían oscuros. La evidencia sobre GPNMB proporciona una pieza faltante al conectar la respuesta inmunitaria con la diseminación intracelular de proteínas dañinas.

El análisis de 1.675 cerebros humanos conservados en el Penn Brain Bank reforzó esta premisa: las personas con variantes genéticas que incrementan la producción de GPNMB mostraban una mayor acumulación de alfa-sinucleína. Este patrón no se replicó en tejidos de pacientes con Alzheimer, lo que indica un papel específico de esta proteína en el Parkinson. Los investigadores destacan que esta especificidad abre la posibilidad de diseñar terapias más selectivas, evitando los efectos secundarios sistémicos que suelen acompañar los tratamientos convencionales.

Historia y evolución de la búsqueda de terapias modificadoras de la enfermedad

La idea de frenar el curso del Parkinson no es nueva. Desde que se describió la enfermedad en 1817, por el médico británico James Parkinson, los tratamientos se han centrado en aliviar síntomas motores como los temblores y la rigidez. En 1967, la introducción de la levodopa cambió radicalmente el manejo clínico, pero su efecto es paliativo. Décadas más tarde, la estimulación cerebral profunda volvió a ofrecer esperanza, aunque tampoco evita la degeneración neuronal.

Durante los últimos veinte años, múltiples proyectos han intentado desarrollar fármacos “modificadores de la enfermedad”, capaces de intervenir sobre las causas subyacentes. Estos incluyen terapias génicas, inhibidores de enzimas específicas o inmunoterapias contra alfa-sinucleína. Ninguna ha alcanzado todavía una aprobación global. El descubrimiento de la proteína GPNMB introduce un nuevo vector de experimentación, centrado no en el metabolismo de las neuronas, sino en la inmunidad cerebral que las rodea.

¿Qué implicaciones tendría bloquear la proteína GPNMB en humanos?

El paso desde el laboratorio hacia los ensayos clínicos humanos es complejo. Según Chen-Plotkin, el bloqueo de GPNMB podría funcionar como un freno a la expansión temprana del Parkinson, reduciendo la velocidad con la que la enfermedad compromete nuevas regiones cerebrales. Sin embargo, la función normal de GPNMB no está completamente comprendida. Se sabe que participa en procesos de reparación tisular, comunicación intercelular y modulación inflamatoria, por lo que un bloqueo total podría tener efectos adversos.

Para trasladar esta estrategia a humanos, el equipo trabaja en versiones optimizadas de anticuerpos monoclonales que puedan cruzar la barrera hematoencefálica sin alterar otras funciones neuronales. Ensayos de seguridad serían el primer paso, seguidos por estudios en pacientes en fases iniciales. “Muchas personas son diagnosticadas cuando los síntomas son leves. Es allí donde una intervención que ralentice el proceso podría marcar la diferencia”, afirmó Chen-Plotkin en comunicación con medios universitarios.

Contexto global del Parkinson en 2026

En la actualidad, las estimaciones indican que para 2040 el número de personas con Parkinson se duplicará a nivel mundial, impulsado por el envejecimiento poblacional. Los países de ingresos medios, especialmente en América Latina y Asia, experimentan un crecimiento acelerado de casos. Esto plantea desafíos económicos y de salud pública. La Organización Panamericana de la Salud advierte que la falta de infraestructura especializada contribuirá a una mayor carga de discapacidad.

Frente a este panorama, la investigación básica adquiere un valor estratégico. Cada avance molecular, como la identificación de la proteína GPNMB, permite acercarse a terapias personalizadas. Aunque los resultados del equipo de Pensilvania aún están lejos de una aplicación clínica inmediata, expertos consultados por medios independientes coinciden en que la investigación marca un punto de inflexión: orienta a la comunidad científica hacia la interacción entre el sistema inmune y la patología proteica.

Otros enfoques emergentes y el papel del sistema inmune

El papel del sistema inmune en enfermedades neurodegenerativas viene siendo objeto de estudio desde hace más de una década. En 2023, varios equipos en Europa y Asia demostraron que los astrocitos —otro tipo de célula glial— también participan en la propagación de proteínas mal plegadas. Este marco conceptual ha promovido una visión integrada en la que la neuroinflamación no es solo una consecuencia, sino un motor de la patología.

En ese sentido, terapias dirigidas a regular la respuesta microglial podrían combinarse con estrategias basadas en GPNMB. Institutos de investigación en Alemania y Japón ya estudian si los inhibidores de GPNMB pueden actuar en animales de mayor tamaño que los ratones, para verificar su eficacia en condiciones más similares a la fisiología humana. Si los resultados son consistentes, los próximos años podrían ver los primeros ensayos clínicos piloto en humanos.

Desafíos científicos y éticos

La manipulación del sistema inmune cerebral plantea desafíos técnicos y éticos. A diferencia de otros órganos, el cerebro está protegido por la barrera hematoencefálica, lo que dificulta el ingreso de grandes moléculas. Además, las terapias basadas en anticuerpos son costosas y requieren monitorización continua. Desde un punto de vista ético, es crucial garantizar que las pruebas clínicas incluyan grupos diversos y evalúen impactos a largo plazo en la cognición y la función motora.

Otra dimensión del debate se centra en la equidad del acceso. Si un tratamiento derivado de este hallazgo llega al mercado, su costo podría superar los umbrales de cobertura en muchos sistemas públicos de salud. Expertos en farmacoeconomía sugieren la necesidad de alianzas globales para evitar que las terapias modificadoras del Parkinson se conviertan en privilegio de unos pocos.

Próximos pasos de la investigación

El estudio del Perelman School of Medicine fue financiado por el Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos (NIH), el programa SPARK-NS y fundaciones privadas. La continuidad del proyecto dependerá de obtener evidencia preclínica adicional que confirme los mecanismos en modelos animales avanzados. También se prevé la colaboración con empresas biotecnológicas para desarrollar versiones humanizadas de los anticuerpos anti-GPNMB.

Los investigadores enfatizan que aún es temprano para hablar de una cura o de una terapia disponible, pero coinciden en que los datos actuales son una base sólida para avanzar. A corto plazo, los próximos análisis buscarán determinar si los niveles de GPNMB en el líquido cefalorraquídeo pueden servir como biomarcador temprano para diagnóstico.

Hacia una nueva generación de terapias contra el Parkinson

La historia de la lucha contra el Parkinson muestra que cada década suma un nuevo paso en la comprensión de la enfermedad. Desde los estudios de alfa-sinucleína, pasando por los modelos animales de neuroinflamación, hasta los hallazgos genéticos en poblaciones específicas, el campo ha evolucionado hacia un enfoque multifactorial. La identificación de la proteína GPNMB consolida esta tendencia: la neurodegeneración no es un evento aislado en las neuronas, sino un proceso sistémico que involucra inmunidad, metabolismo y comunicación celular.

Si la hipótesis actual se confirma, la terapia anti-GPNMB podría convertirse en uno de los primeros intentos eficaces de modificar la trayectoria natural del Parkinson. Aun cuando los plazos clínicos se extiendan durante años, el descubrimiento simboliza un cambio conceptual: comprender el cerebro no solo como víctima del deterioro, sino también como protagonista de su propia defensa molecular.

Médica clínica especializada en nutrición y longevidad |  + posts

Oli Seoane es médica clínica especializada en nutrición y longevidad. Se dedica a la prevención y a derribar mitos de salud con información clara, basada en evidencia. Como comunicadora, traduce la ciencia a un lenguaje simple para ayudar a las personas a vivir mejor.