Un equipo de la Universidad de Exeter reportó que el jugo de remolacha podría reducir la presión arterial en adultos mayores en apenas dos semanas. El ensayo, realizado en Reino Unido, reveló que los nitratos naturales presentes en esta raíz alteran el microbioma bucal, facilitando la producción de óxido nítrico, un compuesto que ayuda a relajar los vasos sanguíneos. El hallazgo abre un nuevo frente en la investigación sobre envejecimiento y salud cardiovascular.
Un vínculo entre la nutrición y la salud vascular
El interés científico por los alimentos ricos en nitratos se ha reavivado en los últimos años, especialmente por su potencial impacto en el sistema cardiovascular. El jugo de remolacha, en particular, contiene altas concentraciones de nitrato inorgánico, un precursor de moléculas que favorecen la vasodilatación. En 2025, la hipertensión afectaba a más del 30% de la población adulta mundial, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Frente a esa realidad, el estudio liderado por la Universidad de Exeter aporta un enfoque innovador: examinar el rol del microbioma oral en la regulación de la presión arterial a través del consumo regular de nitratos naturales.
¿Cómo se diseñó el estudio sobre jugo de remolacha?
El ensayo analizó a 75 participantes, divididos entre adultos jóvenes (menores de 30 años) y adultos mayores (de entre 60 y 80). Todos fueron reclutados a través del Exeter Clinical Research Facility y siguieron dos fases de intervención, cada una de dos semanas. En una fase consumieron jugo de remolacha rico en nitrato; en la otra, un placebo con el nitrato retirado. Entre las fases se incluyó un periodo de lavado para evitar interferencias. Durante el proceso, los investigadores tomaron muestras de saliva antes y después de cada fase para secuenciar genes bacterianos y evaluar los cambios en la composición microbiana.
El resultado fue claro: solo en el grupo de adultos mayores se observó una reducción significativa de la presión arterial tras consumir jugo de remolacha. Esa mejora estuvo acompañada de una modificación del microbioma oral, con un descenso de bacterias del género Prevotella y un aumento de Neisseria, asociada con una mayor capacidad para procesar nitratos.
¿Por qué la boca importa en esta ecuación?
El hallazgo pone en primer plano una interacción fisiológica poco conocida. Antes de llegar al torrente sanguíneo, el nitrato de los alimentos es transformado en nitrito por bacterias presentes en la cavidad oral. Este proceso es crucial, ya que los nitritos se convierten posteriormente en óxido nítrico, una molécula vasodilatadora que ayuda a mantener la presión arterial dentro de rangos saludables. Si el equilibrio bacteriano se altera, el organismo pierde parte de esa capacidad regenerativa.
El uso excesivo de enjuagues antimicrobianos o el deterioro de la microbiota bucal con la edad pueden reducir la eficiencia de ese circuito. De hecho, investigaciones de 2025 y 2026 publicadas en revistas como Free Radical Biology and Medicine y Scientific Reports sugieren que ciertos antisépticos como la clorhexidina podrían interrumpir este mecanismo natural. En personas mayores, cuya producción de óxido nítrico suele disminuir con los años, esta vía dependiente de las bacterias orales podría ser particularmente valiosa.
El rol del microbioma oral en el envejecimiento saludable
A diferencia de otras líneas de investigación que se centran en el intestino, los científicos del grupo de Exeter examinaron la boca como primer escenario metabólico. El profesor Andy Jones, coautor del estudio, señaló que “el descubrimiento refuerza la necesidad de entender cómo la dieta y las bacterias bucales influyen juntas en la regulación cardiovascular”. Este cambio de enfoque se alinea con una tendencia creciente a considerar la salud oral como parte del eje microbioma-cerebro-corazón.
Desde una perspectiva evolutiva, el cuerpo dependió durante milenios de dietas ricas en vegetales de hoja y raíces, cuyas fuentes de nitrato eran abundantes. Con la industrialización alimentaria, el consumo de estos vegetales cayó drásticamente en gran parte de las poblaciones urbanas. El reencuentro con alimentos como la remolacha podría ser, según los investigadores, una oportunidad para reactivar mecanismos vasculares subutilizados por la dieta moderna.
¿Qué efectos concretos se observaron en la presión arterial?
Los adultos mayores que consumieron jugo de remolacha presentaron una disminución media de 5 mmHg en la presión arterial sistólica tras dos semanas, sin cambios notorios en los participantes jóvenes. Aunque este valor pueda parecer modesto, distintas revisiones científicas indican que una reducción sostenida de entre 2 y 5 mmHg puede traducirse en disminuciones significativas del riesgo de accidente cerebrovascular y enfermedad coronaria. En cambio, cuando el grupo mayor consumió el placebo, los niveles de presión se mantuvieron estables.
En estudios similares, realizados entre 2023 y 2025, se constató que los efectos del jugo de remolacha dependen fuertemente del estado de salud del individuo y de la composición inicial del microbioma. En pacientes tratados con medicación antihipertensiva, por ejemplo, los beneficios fueron menos consistentes. Esta variabilidad plantea interrogantes sobre la necesidad de personalizar las recomendaciones dietéticas basadas en el estado bacteriano bucal.
¿Puede el jugo de remolacha reemplazar tratamientos médicos?
Los investigadores insisten en que no. El consumo de jugo de remolacha debe entenderse como un complemento, no como un sustituto de la terapia farmacológica. Las guías de la Sociedad Europea de Cardiología y de la OMS establecen que los cambios dietarios, incluyendo la ingesta de vegetales ricos en nitrato, forman parte de estrategias preventivas, pero no reemplazan los tratamientos prescritos. Aun así, los autores del estudio sugieren que incrementar la presencia de remolacha, espinaca, rúcula o apio en las dietas de adultos mayores podría ser una medida sencilla para mejorar la función vascular.
Más hallazgos: cómo la edad cambia la respuesta al nitrato
Los mecanismos que explican por qué el jugo de remolacha parece beneficiar preferentemente a personas mayores están en estudio. A medida que envejecemos, las células endoteliales producen menos óxido nítrico de manera endógena. La menor eficiencia de estas rutas hace que las fuentes dietarias cobren mayor relevancia. Además, el microbioma oral envejece: la diversidad bacteriana disminuye y ciertas cepas oportunistas se vuelven más dominantes. La intervención con jugo de remolacha no solo aporta nitrato, sino que también podría restaurar el equilibrio microbiano necesario para reactivar esa función.
“Este trabajo nos muestra una relación multifactorial: no es solo el nitrato lo que importa, sino también la comunidad bacteriana que lo convierte en una molécula activa”, explicó la profesora Anni Vanhatalo, autora principal del estudio. La hipótesis sugiere que, al modificar el ecosistema oral, el jugo influye indirectamente en la fisiología vascular.
La conexión entre enjuagues bucales y presión arterial
La evidencia acumulada en 2025 y 2026 expone que el uso frecuente de antisépticos orales podría alterar el metabolismo del nitrato y elevar la presión arterial. Una investigación piloto publicada en la revista Redox and Molecular Biology demostró que, en voluntarios que utilizaron clorhexidina dos veces por día, la conversión de nitrato a óxido nítrico se redujo hasta un 70%. Este tipo de resultados ha llevado a algunos expertos a reevaluar el papel de la higiene oral intensiva en ciertos grupos etarios.
Lejos de significar que deban abandonarse los enjuagues, los científicos recomiendan diferenciar entre higiene y esterilización: mantener una flora oral equilibrada podría ser más beneficioso que eliminarla por completo. Esto abre un nuevo campo de estudio sobre productos dentales que respeten las bacterias “buenas” del entorno oral, clave en el metabolismo del nitrato.
Implicaciones para las políticas de salud y la nutrición
El creciente interés por alimentos funcionales ricos en nitratos sugiere un cambio en el paradigma de la prevención cardiovascular. Según estimaciones del British Heart Foundation, la producción y consumo de jugo de remolacha aumentaron un 35% entre 2021 y 2025 en Reino Unido. De forma paralela, varios programas de nutrición pública comenzaron a incluir la remolacha y las hortalizas de hoja verde en sus guías para adultos mayores.
No obstante, especialistas advierten que los efectos observados en laboratorio no siempre se traducen en beneficios clínicos sostenidos. Factores como el uso de medicamentos, la salud periodontal o las variaciones genéticas pueden influir en la respuesta individual. Los proyectos financiados por el Biotechnology and Biological Sciences Research Council (BBSRC) continúan explorando estas interacciones, buscando protocolos aplicables en entornos comunitarios.
¿Podría este enfoque redefinir la nutrición personalizada?
Los avances en secuenciación genética y metabolómica están permitiendo estudiar cómo cada individuo procesa los nitratos de manera distinta. Dos personas que consumen la misma cantidad de jugo de remolacha pueden mostrar resultados opuestos dependiendo de sus bacterias orales. Esto sugiere que, en el futuro, las recomendaciones nutricionales podrían adaptarse no solo al perfil genético sino también al microbioma bucal. La integración de esos datos requerirá colaboración entre cardiólogos, microbiólogos y nutricionistas.
El concepto de “salud desde la boca hacia el corazón” marca una nueva línea de investigación. Podría transformar la odontología en un aliado inesperado de la cardiología preventiva, conectando disciplinas hasta ahora poco relacionadas.
Perspectivas para los próximos años
De confirmarse los resultados en estudios más amplios, la inclusión de jugo de remolacha y otros vegetales ricos en nitrato podría formar parte de intervenciones públicas diseñadas para mejorar la salud vascular en la población mayor. El acceso a alimentos frescos y el rediseño de dietas comunitarias podrían constituir herramientas de bajo costo frente a la creciente carga de hipertensión global.
Los científicos de Exeter y sus socios industriales planean ampliar la muestra y analizar diferencias por sexo y estilo de vida. También buscan entender cómo los hábitos de higiene oral, el consumo de antibióticos y las prácticas dietéticas influyen en el metabolismo del nitrato. A medida que la ciencia profundiza en este terreno, el mensaje se vuelve más claro: los vasos sanguíneos podrían beneficiarse de un equilibrio microbiano que empieza mucho antes del corazón, precisamente, en la boca.
Oli Seoane es médica clínica especializada en nutrición y longevidad. Se dedica a la prevención y a derribar mitos de salud con información clara, basada en evidencia. Como comunicadora, traduce la ciencia a un lenguaje simple para ayudar a las personas a vivir mejor.
