Fumar y vapear marihuana se asocia con un incremento notable en los ataques de asma entre adultos jóvenes, según un estudio publicado en marzo de 2026 en la revista *Chest*. La investigación, liderada por expertos de UConn Health, analizó datos de más de 4.500 participantes y detectó un aumento del riesgo de entre el 57% y el 81% según la forma de consumo.
Un estudio que pone en foco la relación entre cannabis y salud respiratoria
El reciente estudio de la revista Chest analizó durante un año la salud de adultos jóvenes estadounidenses de 18 a 34 años para evaluar cómo el consumo de marihuana impacta en su sistema respiratorio. Los resultados fueron contundentes: quienes fumaban marihuana tenían un 64% más de riesgo de sufrir un ataque de asma que quienes no lo hacían; los que vapeaban, un 81% más; y quienes combinaban ambos métodos, un 57% más. Aunque el estudio no establece causalidad, la correlación identificada plantea interrogantes sobre el efecto del cannabis inhalado en los pulmones.
El equipo encabezado por el Dr. Eric Mortensen, jefe de medicina interna general en UConn Health, subrayó que inhalar productos de marihuana —tanto al fumar como al vapear— puede provocar inflamación en las vías respiratorias, un mecanismo central en la aparición de crisis asmáticas. La investigación completa está disponible en la base de datos científica ScienceDirect.
¿Por qué fumar y vapear marihuana aumenta el riesgo de asma?
El asma es una enfermedad crónica que estrecha las vías respiratorias y dificulta la respiración. Los irritantes inhalados pueden exacerbar sus síntomas. En el caso del cannabis, el humo o los aerosoles derivados del vapeo contienen partículas finas, compuestos orgánicos volátiles y cannabinoides que pueden afectar la función pulmonar.
Según la American Lung Association, el humo del cannabis comparte varios componentes tóxicos con el tabaco, incluidos el alquitrán y el monóxido de carbono. Aunque el cannabis no contiene nicotina, sus efectos sobre la mucosa bronquial pueden ser comparables. El Dr. Mortensen y su equipo consideran probable que estos elementos aumenten la inflamación y sensibilicen las vías respiratorias, especialmente entre personas con antecedentes de asma o alergias.
Expertos independientes señalan además que el vapeo no siempre es menos dañino. Los líquidos de vapeo, particularmente los que contienen THC, generan aerosoles que pueden irritar el epitelio pulmonar y alterar los mecanismos de defensa frente a patógenos y partículas.
Tendencias de consumo en adultos jóvenes
La marihuana es hoy la droga psicoactiva más consumida en Estados Unidos después del alcohol. Según encuestas federales citadas en el estudio, el 35% de los adultos jóvenes entre 18 y 25 años usa cannabis regularmente, frente al 22% entre los mayores de 26. Este grupo etario concentra tanto el mayor crecimiento del consumo como la mayor vulnerabilidad a afecciones respiratorias inducidas por hábitos de inhalación.
El auge del vapeo entre esta población ha cambiado los patrones tradicionales de exposición. Mientras en la década de 2000 predominaron los cigarrillos tradicionales, la última década trajo consigo una diversificación de dispositivos: vapes de cartucho, lápices electrónicos y sistemas de calentamiento de resinas y aceites. Muchos usuarios asumen erróneamente que estos métodos reducen el daño pulmonar por la ausencia de combustión directa, una percepción que investigaciones recientes están desmintiendo.
¿Qué dicen otros estudios sobre la marihuana y el asma?
La literatura científica sobre la relación entre marihuana y asma ha sido históricamente ambigua. Desde la década de 1970, algunos estudios exploraron la posibilidad de que el cannabis tuviera propiedades broncodilatadoras, pero esas observaciones se basaban en dosis mínimas y contextos controlados. Investigaciones posteriores han mostrado que el uso habitual, especialmente por vía inhalada, está más relacionado con efectos adversos que con beneficios.
Un trabajo de 2024 publicado en el Journal of Pulmonary Health halló que los fumadores frecuentes de cannabis tenían una función pulmonar reducida y un incremento significativo de sibilancias y tos crónica. A medida que el THC se legalizó en múltiples jurisdicciones —ya sea para fines médicos o recreativos—, el debate se desplazó de su estatus legal a sus efectos sobre la salud pública.
La Red de Alergias y Asma señala que algunos cannabinoides pueden tener propiedades antiinflamatorias, pero su administración por inhalación introduce factores de riesgo que eclipsan esos posibles beneficios. Recomiendan que los usuarios con antecedentes de asma eviten particularmente cualquier forma de inhalación de marihuana y prioricen métodos alternativos, como los preparados orales o tópicos.
Cómo se diseñó el estudio y qué hallazgos aporta
El equipo de UConn Health usó datos del Population Assessment of Tobacco and Health Study (PATH), un estudio longitudinal financiado por los Institutos Nacionales de Salud de EE. UU. En total, se analizaron más de 4.500 casos entre 18 y 34 años. Los investigadores clasificaron a los participantes según su patrón de consumo de marihuana en el último año: fumadores, vapeadores, combinados y no consumidores.
Posteriormente, cruzaron esos datos con la incidencia de ataques de asma autorreportados. Aunque solo el 5% de todos los encuestados sufrió al menos un episodio de asma en el período analizado, la probabilidad aumentó sustancialmente en los grupos consumidores.
Entre los vapeadores, el riesgo fue el más alto, con un 81% más de probabilidades de crisis asmáticas. Los fumadores tradicionales presentaron un 64% más de riesgo. En quienes combinaban ambos métodos, el incremento fue del 57%. Estas cifras representan una señal de alerta para los sistemas de salud pública y los profesionales que atienden a jóvenes adultos.
Impacto del entorno regulatorio y percepción social
Desde la expansión de la legalización del cannabis en Estados Unidos —ya adoptada por 38 estados para uso médico y 23 para uso recreativo—, el consumo se ha normalizado entre sectores de la población que antes se mantenían al margen. El cambio en la percepción social ha coincidido con un aumento de la exposición a riesgos respiratorios asociados.
El Centers for Disease Control and Prevention (CDC) indica que el número de hospitalizaciones relacionadas con el uso de vaporizadores de THC creció de forma constante desde 2022, aunque con diferencias regionales. En estados con regulaciones más estrictas y campañas de salud pública activas, los casos reportados disminuyeron un 12% en 2025; en regiones con normativa más laxa, aumentaron un 8%.
La falta de consenso sobre la toxicidad relativa del vapeo de marihuana frente al cigarrillo convencional contribuye a la confusión entre los consumidores. Los investigadores de UConn advierten que los estudios sobre cannabis están aún en etapas tempranas y que las diferencias de concentración, pureza y aditivos pueden modificar de manera drástica los resultados de salud.
¿Qué recomendaciones emergen para clínicos y formuladores de políticas?
El equipo de investigadores sugiere que los médicos deben incluir preguntas sobre el consumo de marihuana y modalidades de uso en las evaluaciones respiratorias de los pacientes jóvenes. Este tipo de cribado permite identificar factores de riesgo subestimados y orientar intervenciones preventivas.
La evidencia también apunta a la necesidad de fortalecer las campañas educativas sobre el impacto del cannabis inhalado. Las autoridades sanitarias podrían adoptar estrategias similares a las que se usaron para reducir el tabaquismo convencional, incorporando mensajes específicos sobre asma y salud pulmonar.
A nivel de política pública, algunos especialistas recomiendan revisar las normativas de etiquetado en productos de vapeo con THC, exigiendo advertencias sobre posibles efectos en vías respiratorias. Además, sugieren impulsar investigaciones longitudinales que evalúen los efectos del consumo en diferentes dosis, concentraciones y métodos de administración.
El papel de la investigación futura en comprender los riesgos
Los autores de Chest enfatizan que los hallazgos actuales no demuestran una relación directa de causa y efecto, sino una asociación estadística robusta. Para delinear causalidad se requerirán estudios que analicen los mecanismos biológicos y moleculares detrás del daño respiratorio observado. Entre las hipótesis más estudiadas se encuentran la alteración de la respuesta inmunitaria pulmonar y el efecto irritante del calor y los subproductos de combustión o vaporización.
Los próximos años serán clave para determinar si las políticas de salud pública se adaptan a estos hallazgos. Las universidades y centros médicos de investigación en Canadá, Reino Unido y Estados Unidos han iniciado proyectos similares que podrían aportar evidencia complementaria sobre las consecuencias respiratorias del cannabis inhalado.
Un debate en evolución: salud pública frente a consumo recreativo
La expansión del mercado legal del cannabis ha impuesto un nuevo desafío a las autoridades sanitarias. En 2025, el valor del mercado mundial de productos de marihuana superó los 35.000 millones de dólares, impulsado por la despenalización y por nuevas formas de comercialización. Sin embargo, los beneficios económicos contrastan con la falta de estudios concluyentes sobre sus efectos en poblaciones vulnerables, incluidos adolescentes y asmáticos.
El estudio difundido este año reaviva un debate esencial: en la ecuación entre legalización, consumo responsable y salud pública, la información basada en evidencia sigue siendo el componente más débil. Los investigadores insisten en que la elaboración de políticas debe priorizar el monitoreo de impacto sanitario a largo plazo y la educación preventiva. Hasta que se disponga de pruebas más definitivas, el principio de precaución parece ser la guía razonable.
Oli Seoane es médica clínica especializada en nutrición y longevidad. Se dedica a la prevención y a derribar mitos de salud con información clara, basada en evidencia. Como comunicadora, traduce la ciencia a un lenguaje simple para ayudar a las personas a vivir mejor.

