Un equipo de Stanford Medicine reportó el hallazgo de un compuesto natural, bautizado BRP, que imita los efectos de semaglutida —conocido comercialmente como Ozempic— en la pérdida de peso y control del apetito. El estudio, publicado en Nature en marzo de 2026, muestra que este «Ozempic natural» logra reducir el consumo de alimentos y la grasa corporal en animales sin causar náuseas, estreñimiento ni pérdida de masa muscular.
¿Qué es el «Ozempic natural» descubierto por Stanford?
La expresión «Ozempic natural» se usa para describir al péptido BRP, identificado por científicos de Stanford Medicine como un modulador del apetito que replica parcialmente los efectos de la semaglutida, uno de los fármacos más vendidos del mundo para tratar la obesidad y la diabetes tipo 2. Según el equipo liderado por la patóloga Katrin Svensson, el BRP actúa sobre un subconjunto distinto de neuronas en el hipotálamo, lo que permite controlar el apetito sin afectar otras funciones metabólicas o gastrointestinales.
El hallazgo fue el resultado de una colaboración entre investigadores de Stanford, la Universidad de California en Berkeley, la Universidad de Minnesota y la de Columbia Británica. El estudio fue financiado por el Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos (NIH) y organizaciones científicas privadas.
Durante las pruebas con ratones y minicerdos, animales seleccionados por su similitud metabólica con los humanos, se observaron reducciones de hasta un 50% en el consumo de alimentos a la hora de la alimentación. En los modelos de obesidad, las inyecciones diarias de BRP durante dos semanas produjeron una pérdida de peso del 6% en promedio sin alteraciones registradas en la actividad motora o el comportamiento.
¿Cómo llevó la inteligencia artificial al descubrimiento del BRP?
El estudio destaca por la integración de herramientas de inteligencia artificial (IA) en su metodología experimental. El equipo utilizó un algoritmo denominado Peptide Predictor, diseñado para analizar más de 20.000 genes humanos y predecir cómo las proteínas precursoras pueden escindirse en péptidos activos, un proceso clave para la regulación hormonal.
Los investigadores se centraron en la enzima prohormona convertasa 1/3, asociada a la obesidad y productora de péptidos como el GLP-1, el mismo que inspira la estructura del Ozempic.
El modelo computacional redujo la búsqueda a 373 prohormonas relevantes y generó una lista de 2.683 posibles péptidos, entre los cuales se encontraba el BRP. Su potente efecto se evidenció al comparar la actividad neuronal que provocaba frente al GLP-1: el BRP multiplicó por diez la respuesta de las células cerebrales cultivadas in vitro.
«El uso de IA fue clave para identificar patrones que el análisis bioquímico convencional no habría detectado en años de trabajo», indicó Laetitia Coassolo, coautora principal del estudio. El algoritmo permitió distinguir las secuencias con mayor potencial de señalización metabólica, acelerando una tarea tradicionalmente lenta y dependiente de laboratorio manual.
Un contexto global marcado por el auge de los fármacos contra la obesidad
La investigación emerge en un momento histórico en el que el Ozempic y sus derivados dominan el mercado farmacéutico mundial. De acuerdo con proyecciones de IQVIA y datos de la Federación Internacional de Diabetes, las ventas conjuntas de semaglutida y tirzepatida superaron los 45.000 millones de dólares en 2025. La demanda creció más de un 400% entre 2021 y 2025, impulsada tanto por su uso clínico como por su adopción no médica para el control del peso.
Sin embargo, este éxito ha llegado acompañado de preocupaciones sobre efectos adversos y desigualdades en el acceso. Pacientes reportaron náuseas persistentes, fatiga y pérdida de masa magra, mientras que los costos a largo plazo limitan su utilización sostenida en sistemas de salud públicos. En ese contexto, la aparición de un potencial «Ozempic natural» que actúe mediante una vía cerebral específica despierta interés científico y comercial, aunque su desarrollo clínico aún enfrenta etapas iniciales.
¿Cuáles son las diferencias biológicas entre BRP y semaglutida?
Mientras la semaglutida se une a los receptores GLP-1 localizados tanto en el páncreas como en el intestino y cerebro, el BRP parece concentrar su acción únicamente en el hipotálamo. Esta diferencia podría traducirse en una reducción de los efectos secundarios gastrointestinales, un punto relevante para diseñar fármacos más precisos.
Svensson explicó que la semaglutida ralentiza el tránsito intestinal y provoca alteraciones en la glucemia, porque su receptor está extendido por múltiples órganos. En contraste, el BRP interactúa con células neuronales específicas relacionadas con la homeostasis energética, sin alterar los sistemas digestivo o pancreático.
De confirmarse en ensayos humanos, esta selectividad representaría la posibilidad de una segunda generación de tratamientos metabólicos basados en péptidos naturales. A diferencia de los análogos sintéticos actuales, el BRP proviene de una secuencia biológica preexistente en el genoma humano, lo que podría mejorar su tolerancia.
Implicaciones para la investigación en obesidad y metabolismo
Desde los primeros tratamientos farmacológicos aprobados en la década de 1950, la obesidad ha desafiado a la medicina moderna. Fármacos históricos como la fenfluramina o la sibutramina fueron retirados por riesgos cardiovasculares y psiquiátricos, dejando décadas de estancamiento en el desarrollo de terapias seguras.
El surgimiento de los agonistas de GLP-1, como el Ozempic y el Wegovy, cambió ese panorama a partir de 2021, cuando múltiples estudios demostraron reducciones del 12% al 15% del peso corporal promedio. Sin embargo, la dependencia del tratamiento y los efectos adversos continúan siendo barreras significativas.
El BRP introduce un modelo distinto: en lugar de emular una hormona periférica, actúa directamente sobre las vías cerebrales reguladoras del hambre. Esto se alinea con nuevas líneas de investigación en neuroendocrinología que buscan intervenir sobre receptores neuronales para ajustar la percepción de saciedad y gasto energético.
¿Cuándo podrían comenzar los ensayos clínicos en humanos?
La compañía Merrifield Therapeutics, cofundada por Svensson, planea iniciar los ensayos de fase I entre fines de 2026 y comienzos de 2027. Estas primeras pruebas medirán seguridad, tolerancia y farmacocinética del BRP en voluntarios sanos. Si los resultados son prometedores, la fase II se centraría en pacientes con obesidad y resistencia a la insulina.
El proceso de aprobación podría extenderse más de cinco años, según los estándares regulatorios de la FDA y la Agencia Europea del Medicamento. Investigadores y reguladores coinciden en que el entusiasmo debe equilibrarse con cautela: varios compuestos considerados “revolucionarios” en estudios preclínicos fracasan durante las pruebas de eficacia humana.
Aun así, la potencial aparición de un «Ozempic natural» refuerza la tendencia hacia una medicina personalizada en obesidad, donde la manipulación precisa de péptidos y receptores neuronales podría redefinir el tratamiento metabólico.
Factores socioeconómicos del nuevo paradigma metabólico
La obesidad afecta a más del 13% de la población mundial, según la OMS, y genera costos anuales estimados en 990.000 millones de dólares. El éxito de la semaglutida revela el alcance de una pandemia silenciosa que combina estilos de vida sedentarios con desigualdades estructurales.
La posibilidad de desarrollar terapias más accesibles y con menos efectos colaterales permitiría ampliar su utilización más allá de los países de altos ingresos. Investigadores apuntan también a que la identificación de péptidos endógenos abre nuevas puertas para comprender cómo el cuerpo regula el apetito de forma natural, un conocimiento con potencial preventivo.
Los especialistas advierten, sin embargo, que ningún medicamento debe reemplazar las políticas públicas de promoción de actividad física y alimentación equilibrada. El papel del BRP, si llega al mercado, sería complementario dentro de un abordaje integral que combine ciencia, educación y regulación sanitaria.
Un descubrimiento que reconfigura la frontera entre lo natural y lo médico
El hallazgo del BRP desafía las categorías tradicionales con las que se ha entendido la farmacología metabólica. Se trata de un péptido que ya existe en el organismo humano, pero cuya función apenas comienza a describirse. En este sentido, la noción de «Ozempic natural» podría representar más que un titular atractivo: marca una inflexión en la relación entre biología humana y diseño de fármacos.
El uso de modelos de inteligencia artificial para rastrear señales moleculares dentro del proteoma humano anticipa una nueva era de descubrimientos biomédicos. No solo permite encontrar compuestos con potencial terapéutico, sino también cartografiar de manera más completa las conexiones entre cerebro, metabolismo y comportamiento.
Si las futuras pruebas clínicas confirman la eficacia del BRP, el tratamiento podría abrir una línea de investigación hacia péptidos endógenos modificados, combinando precisión farmacológica con bases naturales. Para la comunidad científica, este avance reitera la relevancia de la interdisciplinariedad: el cruce de la biología computacional, la neurociencia y la endocrinología se perfila como el eje del próximo ciclo de innovación en medicina metabólica.
Oli Seoane es médica clínica especializada en nutrición y longevidad. Se dedica a la prevención y a derribar mitos de salud con información clara, basada en evidencia. Como comunicadora, traduce la ciencia a un lenguaje simple para ayudar a las personas a vivir mejor.

