Guías clínicas dentales piden un uso más prudente de las radiografías

Las guías clínicas dentales publicadas en enero de 2026 por la Asociación Dental Americana (ADA) instan a limitar el uso rutinario de radiografías. La recomendación busca reducir la exposición innecesaria a radiación en pacientes y personal clínico, basándose en criterios de necesidad clínica y avances tecnológicos.

Contexto histórico de las guías clínicas dentales

El uso de radiografías en odontología se remonta a fines del siglo XIX, cuando el físico alemán Wilhelm Röntgen descubrió los rayos X en 1895. Desde entonces, las radiografías dentales se convirtieron en una herramienta esencial para diagnosticar caries, infecciones y anomalías óseas. Durante décadas, el protocolo odontológico general estableció su realización anual en pacientes adultos, independientemente de síntomas o factores de riesgo.

En los años 1980 y 1990, con el avance de los equipos digitales, la dosis de radiación disminuyó de manera importante. Sin embargo, los expertos comenzaron a cuestionar la necesidad de exámenes periódicos sin indicación clínica clara. La nueva orientación de las guías clínicas dentales representa una evolución hacia un enfoque de medicina basada en evidencia, donde la exposición a rayos X solo se justifica por motivos diagnósticos específicos.

Por qué la ADA redefine la práctica de las radiografías dentales

Las guías publicadas por la ADA en enero de 2026 en el Journal of the American Dental Association establecen que las radiografías deben solicitarse únicamente cuando sean clínicamente necesarias. La decisión surge del principio ALARA (“As Low As Reasonably Achievable”, o “tan bajo como sea razonablemente posible”), que busca reducir los riesgos acumulativos de exposición a radiación a lo largo de la vida.

La doctora Erika Benavides, profesora clínica de periodoncia en la Universidad de Michigan y autora principal de la guía, explicó que los profesionales deben evaluar la salud bucal actual, el historial médico y las imágenes previas antes de recomendar un nuevo examen. “Una radiografía dental sólo debe indicarse cuando la información aportada pueda modificar la estrategia de tratamiento”, apuntó.

El cambio de postura responde a una tendencia general en la medicina diagnóstica: priorizar la justificación clínica sobre la rutina. En países como Reino Unido y Canadá, pautas similares se aplican desde hace más de una década.

¿Qué implican las nuevas recomendaciones para pacientes y odontólogos?

El impacto de estas guías clínicas dentales será visible en las prácticas diarias. Según la ADA, los intervalos entre radiografías deben personalizarse según el nivel de riesgo de cada paciente. Aquellas personas con buena salud oral y sin síntomas pueden pasar varios años sin necesitar una imagen nueva. Por el contrario, quienes presentan caries recurrentes, enfermedad periodontal o se preparan para tratamientos complejos —como implantes o endodoncias— seguirán necesitando radiografías específicas.

Esta personalización del diagnóstico obliga a los odontólogos a establecer protocolos de comunicación más activos con los pacientes. Las guías recomiendan una “toma de decisiones compartida”, en la cual el paciente participa en la evaluación del riesgo y comprende los motivos detrás de cualquier examen radiográfico. La práctica busca fortalecer la confianza y disminuir el número de procedimientos innecesarios.

Asimismo, las directrices actualizan la posición sobre el uso del delantal de plomo. Según los expertos, ya no es indispensable debido a los niveles mínimos de radiación emitidos por los equipos modernos. La medida representa un cambio simbólico en el imaginario dental, donde el delantal había sido un elemento estándar de protección durante décadas.

¿Qué cifras respaldan la reducción de radiografías dentales?

Un estudio de la Universidad de Carolina del Norte indica que una radiografía intraoral moderna libera una dosis promedio de 0.005 milisieverts (mSv), equivalente a menos del 1% de la exposición natural que una persona recibe diariamente del entorno. En comparación, un vuelo trasatlántico puede exponer al viajero a más de 0.07 mSv.

Aunque estas cifras confirman que la radiación dental es muy baja, el razonamiento detrás de las nuevas guías es acumulativo: cada exposición, por mínima que sea, suma a lo largo de los años. Un paciente que recibe radiografías anuales durante varias décadas podría acumular una dosis perceptible, sobre todo si se añaden exámenes médicos o tratamientos radiológicos de otras áreas.

De acuerdo con datos del National Council on Radiation Protection and Measurements de Estados Unidos, la exposición promedio anual por radiografías médicas se ha triplicado desde 1980. En odontología, este incremento es menor, pero refleja una tendencia de sobrediagnóstico que preocupa a los expertos en salud pública.

Tecnología digital y el fin del delantal de plomo

La sustitución de las películas analógicas por sensores digitales ha transformado la radiografía dental. Los equipos digitales reducen la dosis de radiación hasta en un 80% respecto a los sistemas tradicionales. Además, permiten procesar y compartir imágenes instantáneamente, lo que mejora la eficiencia diagnóstica y reduce repeticiones innecesarias.

Las guías clínicas dentales también se apoyan en tecnologías de imagen avanzadas, como la tomografía computarizada de haz cónico (CBCT), utilizada para planificar implantes o analizar estructuras tridimensionales de la mandíbula. Si bien la CBCT expone al paciente a una dosis mayor que una radiografía convencional, su uso selectivo puede evitar múltiples exámenes repetidos.

El abandono del delantal de plomo se basa en evidencia acumulada. La radiación dispersa que alcanzaba el cuerpo del paciente con los equipos antiguos es prácticamente inexistente con la tecnología actual. Además, el plomo planteaba problemas de manejo y residuos tóxicos para el medio ambiente. La ADA y la Academia Americana de Radiología Oral y Maxilofacial coinciden en que los beneficios de prescindir de este elemento superan sus posibles ventajas.

¿Cómo cambian estas normas la relación entre diagnóstico y prevención?

La adopción de protocolos basados en necesidad clínica modifica la frontera entre la prevención y la sobreutilización. Tradicionalmente, muchos odontólogos justificaban las radiografías anuales como parte del control preventivo. Sin embargo, la ADA aclara que la prevención no implica exposición innecesaria a radiación, sino la aplicación de medidas de higiene y vigilancia personalizada.

El principio ALARA vincula la odontología con los estándares internacionales de radioprotección establecidos por la Agencia Internacional de Energía Atómica. En este marco, cada exposición debe estar justificada y optimizada, garantizando que los beneficios superen los riesgos. Para los clínicos, esto supone reforzar la formación en interpretación radiográfica: saber detectar cuándo una imagen aporta valor diagnóstico real es ahora esencial.

A nivel académico, las facultades de odontología están adaptando sus planes de estudio. Se prevé que en los próximos años se incorpore formación específica sobre gestión de dosis y protocolos de exposición mínima. La educación del paciente también adquirirá un papel fundamental en la aceptación de estas medidas.

Estudios comparativos y reacciones del sector

El anuncio de la ADA generó amplios debates en comunidades odontológicas internacionales. En Europa, la Federación Dental Europea recordó que directrices similares ya estaban incluidas en sus normas de 2018, aunque su aplicación real es variable entre países.

En Latinoamérica, los colegios odontológicos observan las recomendaciones con atención. En México y Chile, por ejemplo, los centros de radiología dental han comenzado a reforzar los registros de dosis y a estandarizar protocolos, inspirados en las guías estadounidenses. Estas adaptaciones se orientan tanto a la seguridad del paciente como a la reducción de costos asociados a estudios innecesarios.

Los proveedores de equipos dentales, por su parte, contemplan una posible disminución en la demanda de radiografías rutinarias, pero también un aumento en la adquisición de sistemas digitales de alta precisión. El mercado global de radiología dental digital, valorado en alrededor de 3.000 millones de dólares en 2024, podría crecer impulsado por la innovación tecnológica más que por el volumen de exámenes.

Perspectivas futuras en diagnóstico odontológico

A medida que las guías clínicas dentales se difundan y normalicen, la odontología enfrentará un cambio de paradigma: del protocolo uniforme al diagnóstico individualizado. La digitalización y la inteligencia artificial permitirán nuevas formas de detección precoz sin depender necesariamente de la radiación ionizante.

Ya se están desarrollando herramientas de visión computarizada que analizan imágenes 2D y 3D en busca de patrones de enfermedad periodontal o caries, reduciendo la necesidad de múltiples proyecciones. También se estudian alternativas como la imagen por infrarrojo cercano (NIRI), capaz de detectar caries incipientes sin radiación.

El objetivo general de la ADA y otras organizaciones no es eliminar las radiografías, sino optimizar su uso. El replanteamiento del equilibrio entre beneficio diagnóstico y exposición es, según los expertos, un paso hacia una odontología más segura, eficiente y personalizada.

Un nuevo estándar en salud bucodental

El debate abierto por la ADA refleja una preocupación compartida: la necesidad de utilizar la tecnología médica con prudencia y criterio. Las guías clínicas dentales, al incorporar el principio ALARA y eliminar la obligatoriedad de los delantales de plomo, consolidan una práctica basada en evidencia y riesgo individual.

En un escenario de avances constantes, el desafío será mantener la confianza del paciente y garantizar que cada imagen solicitada responda a una necesidad clínica real. Con formación, transparencia y uso responsable de la tecnología, la odontología se encamina hacia un modelo diagnóstico más racional y centrado en la salud integral.

Médica clínica especializada en nutrición y longevidad |  + posts

Oli Seoane es médica clínica especializada en nutrición y longevidad. Se dedica a la prevención y a derribar mitos de salud con información clara, basada en evidencia. Como comunicadora, traduce la ciencia a un lenguaje simple para ayudar a las personas a vivir mejor.