Ser vegetariano no parece afectar el desarrollo físico infantil, según un estudio reciente dirigido por investigadores de la Universidad Ben-Gurión del Néguev, publicado en la revista JAMA Network Open. El trabajo, que analizó datos de más de 1,2 millones de bebés en Israel durante casi una década, sugiere que los menores criados con dietas basadas en plantas mantienen tasas de crecimiento similares a las de sus pares omnívoros.
Un mapa de crecimiento sin diferencias relevantes
Los investigadores revisaron los registros nacionales del Ministerio de Salud de Israel, que documenta el desarrollo infantil de aproximadamente el 70% de los niños del país entre 2014 y 2023. En total, el análisis incluyó 1,2 millones de bebés, de los cuales un 1,2% vivía en hogares vegetarianos, un 0,3% en hogares veganos y el resto en hogares omnívoros. A los dos años de edad, los resultados mostraron trayectorias de crecimiento prácticamente equivalentes entre los tres grupos. Las tasas de retraso en crecimiento fueron del 3,1% en omnívoros, 3,4% en vegetarianos y 3,9% en veganos.
El investigador principal, Kerem Avital, doctorando en la Universidad Ben-Gurión, explicó que los datos apuntan a un patrón consistente: “Con acceso adecuado a orientación médica y nutricional, las dietas basadas en plantas no comprometen el desarrollo físico esencial de los bebés”. De acuerdo con el comunicado institucional, la variabilidad observada en los primeros meses —cuando se detectó un leve mayor riesgo de bajo peso en lactantes veganos— se estabilizó antes de los dos años, volviéndose estadísticamente irrelevante.
¿Por qué crece el interés por las dietas vegetarianas en familias jóvenes?
El crecimiento del vegetarianismo y el veganismo en países industrializados responde a razones múltiples. De acuerdo con un informe de la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la proporción de hogares que reducen o eliminan el consumo de carne ha aumentado un 30% en la última década en Europa occidental y América del Norte. Factores como la sostenibilidad ambiental, la salud cardiovascular y el bienestar animal figuran entre las principales motivaciones.
En Israel, donde se realizó la investigación, los alimentos basados en plantas forman parte de la cultura gastronómica local, lo cual ha favorecido la aceptación social de este tipo de alimentación. La oferta de productos fortificados y la presencia de profesionales especializados en nutrición vegetal también contribuyen a que las familias cuenten con más herramientas para planificar dietas equilibradas.
Ser vegetariano desde la infancia: ¿qué riesgos nutricionales persisten?
Aunque el estudio sugiere que ser vegetariano no implica desventajas de crecimiento, los expertos subrayan la importancia de prestar atención a determinados micronutrientes. Entre los más vigilados se encuentran la vitamina B12, el hierro, el yodo, la vitamina D, el calcio y los ácidos grasos omega-3 de cadena larga. Estos nutrientes suelen ser menos abundantes o de menor biodisponibilidad en los alimentos vegetales.
La Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica recomienda que las familias que optan por dietas sin productos animales consulten con profesionales capacitados en nutrición infantil. Según esta entidad, los suplementos y los alimentos fortificados son herramientas válidas para garantizar las necesidades nutricionales durante las etapas de crecimiento.
¿Qué dicen los pediatras sobre el vegetarianismo infantil?
La posición de la Academia Americana de Pediatría es clara: las dietas vegetarianas y veganas planificadas de forma adecuada pueden ser apropiadas para todas las etapas del ciclo vital, incluyendo la infancia. No obstante, hace hincapié en el acompañamiento médico para monitorizar crecimiento, peso, perímetro cefálico y desarrollo psicomotor. En su portal HealthyChildren.org, la institución detalla estrategias para estructurar dietas equilibradas a base de plantas, destacando el rol de las proteínas vegetales combinadas y las fuentes de hierro no hemo acompañadas de vitamina C para mejorar la absorción.
En la práctica clínica, la vigilancia del crecimiento no se limita al peso o la estatura. Los pediatras suelen analizar patrones de maduración ósea y reservas de micronutrientes, especialmente en los primeros dos años, una etapa en la que las deficiencias pueden impactar de manera directa el desarrollo neurológico.
Cómo se realizó el estudio en Israel y qué nuevas preguntas abre
El trabajo en Israel se apoyó en una base de datos longitudinal que registra controles pediátricos de salud y crecimiento infantil. Los investigadores clasificaron las dietas familiares según los reportes de consumo y verificaron el diagnóstico médico asociado a cada niño, incluyendo patologías metabólicas o alimentarias. De este modo, pudieron aislar efectos específicos de la dieta respecto a otros factores como nivel socioeconómico o antecedentes médicos.
El seguimiento permitió observar una tendencia interesante: durante los primeros 60 días, un pequeño subgrupo de bebés de hogares veganos presentó una probabilidad un 37% mayor de situarse en rangos de bajo peso. Sin embargo, este desfase inicial desapareció con el tiempo. Los autores especulan que la causa podría estar relacionada con prácticas de lactancia, la suplementación o la introducción de alimentos sólidos de distinta manera que en hogares omnívoros.
A pesar de los resultados alentadores sobre el crecimiento físico, el estudio advierte que no evaluó funciones cognitivas ni marcadores metabólicos. La investigación futura podría abordar estos aspectos para definir mejor el impacto a largo plazo de las dietas basadas en plantas en la infancia.
¿Podría replicarse este estudio en otras regiones?
Los datos israelíes no necesariamente representan otras realidades. En muchos países de ingresos medios o bajos, el acceso a suplementos y alimentos fortificados es limitado. La doctora Liat Cohen, nutricionista pediátrica en Tel Aviv que no participó en el estudio, sostiene que el éxito del modelo observado depende del contexto: “El patrón concentrado de atención médica preventiva y la disponibilidad de orientación nutricional en Israel hacen que los resultados no sean automáticamente extrapolables a contextos donde las brechas en salud infantil son mayores”.
Cohen sugiere que investigaciones futuras deberían involucrar a poblaciones rurales o zonas con menor cobertura de atención primaria para determinar si las conclusiones se mantienen. También plantea que los cambios en la producción global de alimentos, como el abaratamiento de productos vegetales fortificados y la diversificación de proteínas alternativas, podrían modificar la composición nutricional de las dietas en un plazo de cinco a diez años.
Evolución cultural y científica del vegetarianismo infantil
El vegetarianismo infantil no es una novedad del siglo XXI. En países como India, millones de personas siguen dietas ovolactovegetarianas desde hace generaciones, sin registros significativos de malnutrición atribuida al patrón alimentario en sí. En Occidente, la revisión de las pautas dietéticas oficiales ha acompañado el aumento de la población vegetariana. Estados Unidos y Canadá fueron pioneros al reconocer formalmente, en la década de 2010, que las dietas basadas en plantas podían ser completas en todas las etapas de la vida.
El debate, sin embargo, persiste en torno a la infancia temprana. En los años 90, algunos estudios pequeños —como los realizados en Reino Unido— registraron diferencias en talla o peso en menores veganos. Sin embargo, las condiciones de aquellos análisis eran distintas: la falta de suplementos, la disponibilidad limitada de alimentos enriquecidos y la escasa educación nutricional marcaban la diferencia. Hoy, los entornos urbanos ofrecen opciones más seguras y con respaldo científico.
La perspectiva de la salud pública ante el aumento del vegetarianismo
Desde un punto de vista de salud pública, el hallazgo de que ser vegetariano no inhibe el crecimiento infantil plantea implicancias importantes. En primer lugar, refuta parcialmente las preocupaciones de ciertos sectores médicos sobre el riesgo de cuadros carenciales sistemáticos. Además, abre la puerta a estrategias preventivas más diversificadas: las autoridades sanitarias podrían centrar sus esfuerzos no en disuadir la adopción de dietas vegetales, sino en acompañarlas con educación alimentaria y seguimiento clínico.
De acuerdo con la Universidad Ben-Gurión, estos resultados se suman a un cuerpo creciente de evidencia que sugiere que las dietas basadas en plantas, si están bien planificadas, no disminuyen los indicadores de salud infantil. Al contrario, podrían asociarse con hábitos alimentarios más saludables en la adolescencia, como un menor consumo de azúcares añadidos y grasas saturadas.
Educación nutricional y políticas de seguimiento infantil
Las políticas públicas orientadas a la nutrición temprana se enfrentan al desafío de equilibrar diversidad cultural, sostenibilidad y seguridad alimentaria. En este contexto, los resultados del estudio israelí podrían servir de referencia para ministerios de salud en países con creciente población vegetariana, como España, Chile o México. La implementación de programas de seguimiento pediátrico con asesoramiento dietético permitiría garantizar que todos los patrones alimentarios cumplan criterios de suficiencia energética y nutricional.
De acuerdo con la Academia Israelí de Ciencias Médicas, la transición hacia sistemas de salud preventiva basados en datos poblacionales —como el utilizado en este estudio— facilita identificar grupos vulnerables antes de que aparezcan deficiencias nutricionales. Esa información permite ajustar políticas públicas de suplementación, especialmente en mujeres embarazadas y lactantes que siguen dietas sin productos animales.
Mirada a futuro: ciencia, política alimentaria y parentalidad
La evidencia reunida sugiere que las preferencias alimentarias familiares están cambiando junto a las expectativas sociales sobre salud y medioambiente. Que ser vegetariano no afecte negativamente el crecimiento infantil podría alterar la percepción social de estas dietas y reducir la estigmatización de las familias que las eligen. Sin embargo, los investigadores insisten en que “no hay dietas perfectas, sino prácticas bien monitorizadas”.
El crecimiento infantil depende tanto de la genética como del contexto socioeconómico, el acceso a servicios de salud y la educación nutricional. Comprender esa complejidad es clave para interpretar adecuadamente los resultados. La expansión del vegetarianismo infantil no significa que todos los modelos sean equivalentes; más bien, indica que existen múltiples caminos saludables, siempre que se basen en evidencia científica y acompañamiento profesional constante.
El debate sobre las dietas de base vegetal seguirá evolucionando con la ciencia. A medida que se acumule evidencia sobre desarrollo cognitivo, metabolismo y microbiota intestinal en niños vegetarianos, los pediatras contarán con más herramientas para ofrecer orientación personalizada. Por ahora, el mensaje central del estudio israelí es claro: las familias que optan por un enfoque vegetal, bien planificado, pueden esperar un crecimiento y desarrollo físico comparable al de cualquier otro patrón dietético disponible hoy en día.
Oli Seoane es médica clínica especializada en nutrición y longevidad. Se dedica a la prevención y a derribar mitos de salud con información clara, basada en evidencia. Como comunicadora, traduce la ciencia a un lenguaje simple para ayudar a las personas a vivir mejor.

