Descubrimiento del funcionamiento del cerebro reconfigura cómo entendemos la memoria

Un reciente descubrimiento del cerebro realizado por investigadores de las universidades de Nottingham y Cambridge está modificando la manera en que la ciencia entiende el funcionamiento de la memoria. Publicado en Nature Human Behaviour, el estudio revela que distintos tipos de recordación utilizan las mismas regiones cerebrales, cuestionando teorías consolidadas y ofreciendo nuevas vías para el estudio de enfermedades neurodegenerativas.

Redefiniendo los límites entre los tipos de memoria

Durante décadas, la neurociencia cognitiva sostuvo que la memoria episódica y la semántica funcionaban mediante circuitos cerebrales separados. La primera se asociaba con experiencias personales y contextos específicos; la segunda, con el conocimiento general del mundo. Sin embargo, el nuevo descubrimiento del cerebro sugiere que esta división podría ser más difusa de lo que se creía.

El equipo dirigido por la doctora Roni Tibon, de la School of Psychology de la Universidad de Nottingham, y colegas del Cognition and Brain Sciences Unit de Cambridge, utilizó resonancia magnética funcional (fMRI) para examinar la actividad neural durante tareas de recuperación de recuerdos. Los resultados mostraron que, tanto en la evocación de hechos aprendidos (memoria semántica) como en la rememoración de experiencias recientes (memoria episódica), las regiones cerebrales activadas eran prácticamente idénticas.

¿Cómo se estudió el funcionamiento de la memoria con fMRI?

Para poner a prueba esta hipótesis, los investigadores reclutaron a 40 participantes a quienes se les asignaron dos tipos de tareas con pares de logos y nombres de marcas. En la tarea semántica, los sujetos debían recordar asociaciones ya conocidas —por ejemplo, la relación entre un logotipo bien establecido y su marca—. En la tarea episódica, debían recuperar información aprendida poco antes del experimento.

Mientras tanto, el escáner fMRI registraba los cambios en el flujo sanguíneo del cerebro, un indicador indirecto de la actividad neuronal. Este método permite identificar con precisión qué zonas se activan durante una tarea cognitiva. Sorprendentemente, los investigadores no encontraron diferencias estadísticamente significativas entre las dos condiciones. Esto sugiere que, a nivel funcional, el cerebro podría estar utilizando un mismo sistema de recuperación para ambos tipos de memoria.

Una sorpresa que desafía los modelos tradicionales

La doctora Tibon reconoció que los hallazgos contradicen las expectativas establecidas por la literatura previa. “Durante años se asumió que las memorias episódicas y semánticas dependían de redes distintas. Pero nuestros datos muestran un solapamiento significativo que obliga a reconsiderar cómo definimos cada tipo de recordación”, señaló.

Estudios anteriores, realizados con metodologías menos precisas o con muestras reducidas, habían mostrado indicios de interacción entre ambas formas de memoria. No obstante, la visión dominante seguía apoyando la independencia relativa entre ambas. Este nuevo análisis, al combinar experimentos conductuales con neuroimagen detallada, ofrece la evidencia más concluyente hasta ahora de que la frontera entre lo episódico y lo semántico podría no existir en términos anatómicos.

¿Qué diferencia realmente a las memorias episódica y semántica?

La memoria episódica se describe como la capacidad de viajar mentalmente en el tiempo. Permite reconstruir vivencias asociadas a un contexto espacial y temporal: dónde y cuándo ocurrieron. Las investigaciones de Endel Tulving en los años setenta ayudaron a consolidar esta categoría. En cambio, la memoria semántica almacena conocimiento general —por ejemplo, que París es la capital de Francia—, sin referencia al momento en que se aprendió.

Si bien estas definiciones operativas siguen siendo útiles para el estudio conductual, los hallazgos actuales indican que, neurológicamente, ambas pueden compartir mecanismos de almacenamiento y recuperación. Desde la neurobiología, esta superposición podría explicarse porque los recuerdos episódicos, con el tiempo, se transforman en conocimiento general. Así, las experiencias personales se “descontextualizan” y pasan a formar parte del saber semántico.

Contexto histórico: del siglo XX a la neuroimagen avanzada

El siglo XX estuvo marcado por experimentos que cimentaron el modelo de memoria múltiple. Los casos clínicos de pacientes como Henry Molaison, conocido como H.M., demostraron que la lesión en el hipocampo afectaba la capacidad de generar nuevas memorias episódicas mientras preservaba la semántica. Tales observaciones llevaron a sostener que existían rutas y regiones específicas para cada tipo de recuerdo.

La popularización de la fMRI en la década de 1990 permitió visualizar con más detalle la actividad cerebral. Investigaciones de la Universidad de Toronto y del MIT identificaron patrones distintos según el tipo de tarea de memoria. Sin embargo, estos estudios no siempre controlaban el grado de similitud entre las tareas, un aspecto que el nuevo trabajo abordó cuidadosamente. Según los autores, ese control experimental permitió reducir sesgos y comparar de forma equitativa ambas modalidades de recordar.

¿Podría el descubrimiento del cerebro cambiar diagnósticos de salud mental?

Si la memoria no utiliza sistemas segregados, las implicaciones para el estudio de enfermedades neurodegenerativas son amplias. Enfermedades como el Alzheimer, la demencia frontotemporal o ciertas amnesias podrían requerir modelos diagnósticos más integrados. En lugar de atribuir los fallos de memoria a regiones aisladas, podría interpretarse que la disfunción afecta redes más amplias y compartidas.

El equipo de Tibon plantea que esta visión unificada permitiría diseñar intervenciones terapéuticas que fortalezcan la conectividad global del cerebro en lugar de centrarse solo en regiones específicas como el hipocampo. Este enfoque podría también mejorar la comprensión de cómo envejecen los sistemas de memoria y por qué algunas personas conservan sus recuerdos mejor que otras.

Evolución de los modelos de memoria en la investigación actual

Durante los últimos treinta años, la cantidad de publicaciones sobre memoria humana se ha duplicado, pasando de unas 900 anuales en 1990 a más de 1.800 en 2023, según bases de datos de Scopus. Esta expansión refleja un interés por integrar enfoques de neuroimagen, inteligencia artificial y psicología computacional.

Modelos recientes inspirados en redes neuronales artificiales proponen que la memoria humana podría funcionar como un sistema distribuido, donde las representaciones no se almacenan en un solo punto sino en múltiples nodos conectados. El descubrimiento del cerebro realizado por los equipos británicos brinda sustento empírico a estas teorías, al demostrar que la activación simultánea de diferentes regiones puede servir a funciones de memoria diversas pero interrelacionadas.

¿Cómo pueden los nuevos hallazgos orientar la educación y la inteligencia artificial?

El impacto potencial va más allá de la medicina. En pedagogía, entender que las memorias episódicas y semánticas comparten base neuronal podría influir en estrategias de aprendizaje. Por ejemplo, las técnicas que combinan experiencias personales con conceptos abstractos —como los proyectos basados en casos reales— podrían aprovechar mejor esta interconexión.

En el ámbito tecnológico, los sistemas de inteligencia artificial que intentan emular la memoria humana suelen diferenciar entre datos estructurados (hechos) y experiencias contextuales (eventos). Si el cerebro humano no separa tan claramente estas funciones, los modelos algorítmicos podrían evolucionar hacia arquitecturas más integradas, capaces de aprender de manera holística. Esta idea está siendo explorada por laboratorios de IA cognitiva en Estados Unidos y Europa, con aplicaciones en procesamiento del lenguaje y robótica adaptativa.

Limitaciones y desafíos futuros en la investigación

A pesar de la relevancia del descubrimiento, los autores insistieron en que el estudio tiene limitaciones. La muestra de 40 participantes, aunque representativa, todavía es reducida para establecer conclusiones universales. Además, las tareas de laboratorio no replican necesariamente la complejidad de la memoria en contextos reales, donde las emociones y las motivaciones personales influyen de manera significativa.

La comunidad científica recibió los resultados con cautela pero también con interés. Equipos en Japón, Alemania y Estados Unidos ya planifican estudios replicativos con muestras multiculturales y tareas más ecológicas. El objetivo es determinar si la superposición observada se mantiene en diferentes idiomas y contextos culturales.

Un cambio en la manera de definir la memoria humana

El descubrimiento del cerebro que desafía la separación entre memorias episódica y semántica podría marcar un punto de inflexión. Si se confirma que ambas dependen de redes compartidas, la definición misma de “memoria” requerirá revisión. La noción de que recordamos hechos y experiencias mediante mecanismos distintos podría ceder ante una visión más integrada, en la que el cerebro utiliza los mismos recursos para almacenar, conectar y reinterpretar información.

Desde esta perspectiva, la memoria dejaría de ser solo un archivo del pasado para entenderse como un proceso activo de reconstrucción constante. Lo que recordamos —ya sea una vivencia personal o un dato aprendido— sería el resultado de un sistema que reutiliza y reorganiza continuamente sus propios circuitos. Esa comprensión ampliada podría redefinir no solo la investigación académica, sino también nuestra manera cotidiana de pensar el acto de recordar.

Médica clínica especializada en nutrición y longevidad |  + posts

Oli Seoane es médica clínica especializada en nutrición y longevidad. Se dedica a la prevención y a derribar mitos de salud con información clara, basada en evidencia. Como comunicadora, traduce la ciencia a un lenguaje simple para ayudar a las personas a vivir mejor.