Glaucoma: por qué algunos ungüentos oculares con petrolatum podrían ser riesgosos

Investigadores de la Universidad de Nagoya en Japón han detectado que el uso de ungüentos oculares con petrolatum puede provocar la hinchazón y, en algunos casos, la ruptura del implante PRESERFLO MicroShunt, un dispositivo utilizado en más de 60 países para tratar el glaucoma. El hallazgo plantea nuevas preocupaciones sobre la seguridad de prácticas médicas rutinarias.

Un estudio que replantea la seguridad de tratamientos oftalmológicos

El reciente análisis realizado por el equipo multidisciplinario de la Universidad de Nagoya ha puesto en duda un aspecto que hasta ahora se consideraba seguro en la práctica oftalmológica: la aplicación de ungüento ocular con petrolatum tras una cirugía de glaucoma. Utilizando casos clínicos reales y pruebas de laboratorio, los investigadores determinaron que este tipo de productos puede alterar físicamente el material del dispositivo PRESERFLO MicroShunt, provocando su expansión y pérdida de integridad estructural.

El MicroShunt está diseñado para facilitar el drenaje del humor acuoso del ojo, reduciendo la presión intraocular característica del glaucoma. Sin embargo, los resultados obtenidos fueron claros: tras el contacto con ungüentos basados en petrolatum, el dispositivo puede aumentar su volumen hasta un 44 % en menos de 24 horas, una alteración que compromete su función y durabilidad.

Glaucoma y la función del MicroShunt

El glaucoma constituye una de las principales causas de ceguera irreversible a nivel mundial. Según la Organización Mundial de la Salud, afecta a más de 76 millones de personas, una cifra que podría superar los 110 millones para 2040 debido al envejecimiento poblacional y al incremento de factores de riesgo como la diabetes y la hipertensión ocular. En este contexto, el PRESERFLO MicroShunt ha sido considerado un avance, al ofrecer una alternativa quirúrgica menos invasiva que las trabeculectomías tradicionales.

El dispositivo, de apenas ocho milímetros de longitud, está compuesto por un polímero de alta biocompatibilidad denominado SIBS (poliestireno-bloque-poliisobutileno-bloque-poliestireno). Este material es flexible, duradero y resistente a la degradación biológica, características que lo hacen apropiado para aplicaciones médicas prolongadas. No obstante, la investigación indica que su estructura puede verse comprometida al entrar en contacto directo con hidrocarburos presentes en el petrolatum.

¿Qué descubrieron los investigadores sobre el efecto del petrolatum?

El artículo publicado en Graefe’s Archive for Clinical and Experimental Ophthalmology describe una serie de evidencias obtenidas a partir de siete pacientes sometidos a cirugía con este implante. De ellos, tres fueron tratados con ungüentos que contenían petrolatum debido a la exposición del dispositivo al exterior del ojo. En dos de esos casos se reportó ruptura estructural, mientras que el tercero presentó deformación visible del material. En contraste, los implantes que no tuvieron contacto con estos productos mantuvieron sus propiedades y tamaño originales.

Los resultados fueron verificados experimentalmente mediante ensayos de inmersión. Al cabo de tres meses de exposición a una sustancia petrolatada, el peso del material aumentó en un 73 %, lo que confirmó la absorción de componentes oleosos. Según el autor principal del estudio, el oftalmólogo Ryo Tomita, “la fragilidad observada en algunos MicroShunts es consecuencia directa del proceso de hinchamiento inducido por los aceites, que modifican la elasticidad del polímero”.

La advertencia del fabricante y las omisiones clínicas

El fabricante del PRESERFLO MicroShunt había incluido en sus instrucciones una advertencia explícita: evitar el contacto directo con productos que contengan petrolatum o vaselina. Sin embargo, esta advertencia rara vez se enfatiza en la práctica clínica. En muchos países, la costumbre de recetar ungüentos oftálmicos de base oleosa después de una cirugía ocular sigue siendo habitual, debido a su eficacia para lubricar y proteger la superficie corneal.

Esta desconexión entre la información técnica y la rutina médica ha generado, según los autores, un riesgo inadvertido. “El problema radica en que muchos profesionales no asocian los productos tópicos con posibles interacciones químicas en los implantes”, subraya Taiga Inooka, coautor del estudio y miembro de la Facultad de Medicina de Nagoya. La tendencia revela una brecha entre el conocimiento de los materiales biomédicos y las prácticas cotidianas de prescripción.

¿Por qué los materiales poliméricos son vulnerables al petrolatum?

El SIBS, material principal del MicroShunt, combina la estabilidad del poliestireno con la flexibilidad del poliisobutileno. Esta composición le otorga una notable resistencia fisiológica, pero también una alta afinidad por compuestos oleosos. Cuando entra en contacto con hidrocarburos, sus cadenas moleculares absorben los aceites, generando una expansión interna que altera sus propiedades mecánicas.

Desde el punto de vista de la ingeniería biomédica, este fenómeno puede compararse con la dilatación de ciertos plásticos al ser expuestos a solventes. En el entorno ocular, donde las tolerancias dimensionales son extremadamente reducidas, una expansión de apenas unas décimas de milímetro puede ser suficiente para impedir el drenaje del humor acuoso o incluso provocar fugas. Esta modificación estructural podría traducirse en un fallo funcional del implante sin necesidad de que éste llegue a romperse.

La colaboración entre medicina e ingeniería, clave en el hallazgo

Uno de los aspectos más destacados del estudio fue la colaboración interdisciplinaria entre médicos oftalmólogos e ingenieros de materiales. Los especialistas en química de polímeros realizaron simulaciones de exposición y análisis de peso molecular, mientras que el equipo clínico documentó los efectos observados en pacientes. Esta sinergia permitió correlacionar las observaciones quirúrgicas con un mecanismo físico-químico comprobable.

El doctor Atsushi Noro, del Departamento de Ingeniería, señaló que el caso ejemplifica la importancia de comprender la interacción entre dispositivos médicos y su entorno. “Con frecuencia, los materiales se eligen por su biocompatibilidad inmediata, pero no siempre se evalúan las consecuencias de su contacto prolongado con fármacos oculares”, explicó. Noro indicó además que otras prótesis oftálmicas basadas en polímeros podrían ser susceptibles a efectos similares y recomendó ampliar los estudios hacia otros tipos de implantes drenantes.

¿Qué implicaciones tiene esto para los pacientes con glaucoma?

El principal impacto de estos hallazgos recae sobre las prácticas postoperatorias. La recomendación de los investigadores es sustituir los ungüentos de base petrolatada por formulaciones acuosas o geles lubricantes sin aceites minerales cuando se trate de pacientes con implantes poliméricos. Para quienes ya poseen un MicroShunt, los controles de seguimiento deberían incluir revisiones más frecuentes para detectar signos de hinchamiento o deformación.

A nivel global, esta alerta podría influir en las guías clínicas de tratamiento del glaucoma, afectando tanto a cirujanos como a farmacéuticos encargados de dispensar medicamentos tópicos. Los hospitales y clínicas especializadas podrían verse obligados a revisar los protocolos de prescripción estándar, introduciendo advertencias explícitas sobre posibles interacciones entre materiales médicos y compuestos farmacéuticos.

El peso económico y social del glaucoma

El glaucoma no solo es una enfermedad del envejecimiento, sino un desafío de salud pública. La pérdida de visión causada por daño irreversible del nervio óptico genera un impacto directo sobre la productividad y la calidad de vida. La Asociación Internacional de Glaucoma estima que el costo anual de tratamiento y atención supera los 20 mil millones de dólares en el conjunto de las economías desarrolladas.

La irrupción de dispositivos como el MicroShunt ha permitido reducir las tasas de reintervención quirúrgica y el uso prolongado de colirios hipertensores, lo que se traduce en un alivio económico tanto para pacientes como para los sistemas sanitarios. Sin embargo, los nuevos hallazgos obligan a reexaminar los riesgos y a reforzar los controles de calidad sobre los materiales empleados. En este sentido, los organismos reguladores podrían requerir pruebas adicionales de compatibilidad antes de autorizar productos complementarios.

Historia y evolución de los implantes de drenaje

Los primeros intentos de implantes para el tratamiento del glaucoma datan de la década de 1960. Desde entonces, la innovación tecnológica ha impulsado una mejora constante en los materiales y diseños. Dispositivos como Ahmed, Baerveldt y Molteno precedieron al MicroShunt, cada uno introduciendo mecanismos distintos de drenaje y control de presión. El auge de los materiales poliméricos a finales del siglo XX marcó un punto de inflexión en biocompatibilidad, aunque la presente investigación demuestra que la vulnerabilidad química sigue siendo un desafío.

El PRESERFLO, introducido en el mercado en 2012, ganó popularidad por su inserción menos invasiva y menores complicaciones posoperatorias. Hoy se utiliza en más de 60 países y ha recibido autorizaciones regulatorias de agencias como la EMA y la FDA. Su aparente seguridad contribuyó a su rápida adopción; sin embargo, este nuevo estudio sugiere que la interacción con compuestos externos debe evaluarse de forma continua.

Perspectivas futuras de investigación

El equipo japonés ha propuesto líneas de trabajo que incluyen la búsqueda de alternativas poliméricas menos susceptibles al hinchamiento por aceites, así como el desarrollo de recubrimientos protectores para los implantes actuales. Además, plantean la creación de bases de datos que documenten reacciones químicas entre dispositivos médicos y medicamentos tópicos, con el fin de prevenir incompatibilidades inadvertidas.

El enfoque multidisciplinario también abre la posibilidad de generar estándares internacionales sobre compatibilidad química en la oftalmología. Estos lineamientos podrían formar parte de futuras revisiones de guías de práctica clínica, reforzando la seguridad del paciente y la comunicación entre cirujanos, farmacéuticos e ingenieros.

Un llamado a la prudencia en la práctica clínica

La investigación sobre el petrolatum en ungüentos oculares ha revelado una vulnerabilidad no anticipada en uno de los tratamientos más extendidos contra el glaucoma. Aunque los casos documentados no parecen generalizados, la evidencia experimental demuestra un mecanismo claro y reproducible de deterioro del material. La revisión de protocolos clínicos, la educación médica continua y la atención al detalle en las interacciones químicas se presentan como las herramientas más inmediatas para evitar complicaciones futuras.

El hallazgo de la Universidad de Nagoya marca un precedente sobre la necesidad de integrar conocimiento de ingeniería en la práctica médica cotidiana. En un contexto donde la innovación tecnológica avanza más rápido que la regulación, la seguridad del paciente depende de comprender no solo el uso terapéutico de los dispositivos, sino también su comportamiento ante las sustancias que los rodean.

Médica clínica especializada en nutrición y longevidad |  + posts

Oli Seoane es médica clínica especializada en nutrición y longevidad. Se dedica a la prevención y a derribar mitos de salud con información clara, basada en evidencia. Como comunicadora, traduce la ciencia a un lenguaje simple para ayudar a las personas a vivir mejor.