Postbióticos: alimentos que fortalecen el intestino y el sistema inmune

Los postbióticos se han convertido en un nuevo foco de atención científica en 2025. Tras años estudiando probióticos y prebióticos, investigadores de Europa y América ahora analizan cómo los compuestos que estos microorganismos dejan atrás pueden influir en la salud digestiva y el sistema inmunitario. Alimentos cotidianos como el pan de masa madre, los vegetales fermentados y el yogur aparecen como fuentes naturales de estas sustancias bioactivas.

Qué son los postbióticos y por qué son importantes

El término postbióticos se refiere a los compuestos bioactivos que resultan del proceso de fermentación realizado por bacterias beneficiosas en el intestino o en productos alimentarios. A diferencia de los probióticos, que son microorganismos vivos, o de los prebióticos, que son fibras que sirven de alimento a esos microbios, los postbióticos son los subproductos no vivos: ácidos grasos de cadena corta, enzimas, péptidos y metabolitos capaces de interactuar con el cuerpo humano.

Su relevancia se ha multiplicado en los últimos años. Según reportes del Journal of Functional Foods (2023), el interés global por los postbióticos creció casi un 50 % en publicaciones científicas en cinco años. Esto se debe a su potencial para modular la inflamación intestinal, reforzar la integridad de la mucosa digestiva y, en ciertos casos, influir en la comunicación entre intestino y cerebro, conocida como el eje intestino-cerebro.

Cada vez más laboratorios y empresas de alimentación funcional incorporan esta categoría en sus productos, señalando un cambio en la forma en que se entiende la nutrición digestiva. Sin embargo, gran parte de los compuestos postbióticos se pueden obtener sin recurrir a suplementos, ya que existen en alimentos fermentados tradicionales.

Cómo surgen los postbióticos en los alimentos fermentados

El proceso de fermentación, controlado o natural, crea un entorno donde bacterias lácticas como Lactobacillus o Bifidobacterium transforman carbohidratos simples en otros compuestos: ácido láctico, dióxido de carbono, alcohol y metabolitos. Una vez que los microorganismos mueren, permanecen sus derivados: los postbióticos.

Estos procesos son milenarios. Civilizaciones antiguas ya los utilizaban para conservar alimentos antes de la refrigeración. El pan fermentado en Egipto o las verduras encurtidas en Asia son ejemplos tempranos. Hoy, esa herencia se vincula con beneficios funcionales más allá de la conservación.

Diversos estudios han demostrado que una dieta rica en fermentados, incluso sin bacterias vivas al momento del consumo, puede beneficiar al sistema inmune. La diferencia reside en que los compuestos postbióticos siguen siendo activos incluso tras la pasteurización o cocción, lo que los convierte en moléculas robustas frente al calor o al almacenamiento prolongado.

Pan de masa madre: una fuente accesible de compuestos postbióticos

El pan de masa madre se elabora mediante una fermentación natural con Lactobacillus y levaduras. Durante la fermentación, las bacterias producen ácidos y enzimas que permanecen en el pan después del horneado. Aunque las bacterias mueren con el calor, los postbióticos resultantes —metabolitos y ácidos grasos de cadena corta— se mantienen en la miga.

El interés por esta variedad, más allá de su sabor, radica en la presencia de fibra y sustancias que pueden favorecer la microbiota del colon. Las universidades de Copenhague y Bolonia han documentado que su consumo regular podría mejorar la tolerancia digestiva en personas sensibles al gluten o a carbohidratos fermentables. Para los panaderos urbanos o consumidores exigentes, el pan de masa madre es un ejemplo de cómo la tradición artesanal se cruza con la ciencia nutricional.

¿Qué aportan las verduras fermentadas al sistema digestivo?

Los vegetales como el repollo, el pepino o la zanahoria, cuando se fermentan de forma natural, desarrollan un conjunto de compuestos orgánicos que incluyen ácidos, gases y cantidades mínimas de alcohol. Este proceso, distinto al encurtido con vinagre, potencia la presencia de bacterias lácticas y genera un medio con postbióticos de valor funcional.

El sauerkraut (col fermentada) y el kimchi (fermentado coreano) son ejemplos ampliamente estudiados. Investigaciones de la Universidad Nacional de Seúl (2022) demostraron que ambos productos contienen metabolitos capaces de reducir la permeabilidad intestinal en modelos animales, un marcador asociado con el síndrome de intestino irritable. Además, contienen pequeñas dosis de ácido láctico que ayudan a mantener la acidez intestinal estable, favoreciendo un entorno menos propicio para bacterias patógenas.

Las versiones comerciales han desatado preguntas sobre su autenticidad. No todos los productos etiquetados como “fermentados” conservan las propiedades originales. Algunos fabricantes recurren a pasteurizaciones intensas o adición de vinagres, lo que reduce la producción natural de postbióticos. La recomendación de expertos es elegir variantes refrigeradas y no pasteurizadas, o prepararlas en casa bajo condiciones seguras.

Yogur, kéfir y su papel en la generación de postbióticos

Los lácteos fermentados son una de las fuentes más estudiadas de probióticos y postbióticos. En el yogur y el kéfir, las bacterias fermentan la lactosa produciendo ácido láctico, péptidos y enzimas con potencial bioactivo. Aunque muchos consumidores los ingieren por sus microorganismos vivos, el valor no se pierde al eliminar esa viabilidad, pues sus metabolitos permanecen activos.

El suero de mantequilla o buttermilk, un subproducto de la elaboración de mantequilla, también contiene estos compuestos. Un estudio del Instituto Pasteur (2021) observó que algunos péptidos generados en lácteos fermentados podían inhibir la adhesión de patógenos intestinales y modular la respuesta inmunitaria en células humanas cultivadas.

La industria láctea ha aprovechado esta evidencia para reformular productos funcionales. A pesar de las estrategias comerciales, los nutricionistas coinciden en que su aporte va más allá del marketing: los postbióticos derivados del fermentado lácteo contribuyen al equilibrio del ecosistema intestinal.

¿Los quesos maduros también contienen postbióticos?

Sí. Los quesos curados como el gouda, el cheddar o el parmesano conservan restos de la actividad bacteriana que ocurre durante su maduración. Los Lactobacillus allí presentes generan ácidos orgánicos y compuestos antimicrobianos antes de morir, contenidos que permanecen en el producto final.

Científicos españoles del Instituto de Investigación en Ciencias de la Alimentación (CIAL-CSIC) han identificado hasta 30 metabolitos con funciones antioxidantes o protectoras en quesos curados. Además, el envejecimiento controlado extiende su vida útil gracias a la acción antimicrobiana natural de algunos postbióticos.

Por otro lado, se estudian sus posibles aportes al sistema inmune. Aunque los resultados son preliminares, se ha observado una correlación entre el consumo regular de pequeñas porciones de queso maduro y una mejor respuesta a infecciones respiratorias leves en adultos mayores. Los investigadores aclaran que esto no implica un efecto causal directo, pero sí una línea prometedora de estudio.

Fermentados de soja: tradición, sabor y funcionalidad

El miso, el tempeh y el nattō son alimentos fermentados con base en soja. En ellos, bacterias como Bacillus subtilis o especies de mohos inocuos descomponen los azúcares y proteínas, generando aminoácidos y metabolitos que ejercen efectos antioxidantes y antiinflamatorios. Estos compuestos son postbióticos naturales.

Además de su perfil proteico alto, los productos de soja fermentada se asocian con menor incidencia de desórdenes intestinales en poblaciones asiáticas que los consumen regularmente. Diversos estudios epidemiológicos en Japón y Corea vinculan la ingesta frecuente de miso con una salud intestinal más estable y una menor prevalencia de enfermedades autoinmunes vinculadas al intestino.

El interés por estos productos se ha extendido al mercado occidental. Las importaciones de miso y tempeh hacia Europa crecieron un 35 % entre 2019 y 2023, según la FAO, impulsadas por el auge de la cocina vegetariana y por el interés científico en sus postbióticos.

Kombucha y bebidas fermentadas: del fermento ancestral al mercado global

La kombucha, una infusión de té fermentado con una colonia simbiótica de bacterias y levaduras, es otro ejemplo emblemático. Al fermentar el azúcar del té, los microorganismos generan una matriz de ácidos orgánicos y compuestos antioxidantes. Tras la filtración, incluso si se eliminan los microorganismos vivos, se mantienen los postbióticos responsables de varios de sus efectos reportados.

Estudios de la Universidad de Carolina del Norte (2022) sugieren que el consumo diario de 240 ml de kombucha durante cuatro semanas puede moderar algunos marcadores inflamatorios. No obstante, los científicos insisten en que se requieren más investigaciones en humanos antes de establecer beneficios concretos.

Por qué la ciencia busca estandarizar el concepto de postbióticos

A pesar del avance en publicaciones, el término postbióticos aún carece de una definición universal en la legislación alimentaria. En 2021, la International Scientific Association for Probiotics and Prebiotics propuso una definición formal que busca diferenciar claramente estos compuestos de los probióticos y prebióticos.

Según esta iniciativa, para ser considerado postbiótico un ingrediente debe contener componentes no vivos, comprobados científicamente como beneficiosos para la salud del huésped. Esto implica que tanto productos naturales como formulaciones comerciales deben demostrar eficacia bajo estudios clínicos. Los investigadores buscan así evitar usos comerciales ambiguos y promover evidencia sólida.

Mientras tanto, los consumidores pueden obtener estos compuestos a partir de alimentos tradicionales fermentados, sin recurrir necesariamente a suplementos. La evidencia actual subraya la importancia de la diversidad alimentaria: incluir vegetales fermentados, lácteos y cereales elaborados mediante fermentación natural puede contribuir a un ecosistema intestinal más equilibrado.

Un cambio de paradigma en la nutrición intestinal

El auge de los postbióticos refleja un cambio más amplio en la investigación nutricional: la transición del enfoque en microorganismos vivos hacia los metabolitos que estos generan. La nueva línea de evidencia sugiere que los “residuos” del metabolismo bacteriano podrían ser tan relevantes como las bacterias mismas.

En el contexto de los hábitos modernos —donde las dietas ultraprocesadas, el estrés y el uso frecuente de antibióticos alteran la microbiota—, los postbióticos representan una vía accesible para restaurar cierto equilibrio intestinal. Aunque aún queda por definir la dosis óptima y las interacciones con otros compuestos dietéticos, el consenso científico apunta en una dirección clara: el microbioma no solo se alimenta, también deja rastros que, correctamente aprovechados, pueden beneficiar la salud humana a largo plazo.

Médica clínica especializada en nutrición y longevidad |  + posts

Oli Seoane es médica clínica especializada en nutrición y longevidad. Se dedica a la prevención y a derribar mitos de salud con información clara, basada en evidencia. Como comunicadora, traduce la ciencia a un lenguaje simple para ayudar a las personas a vivir mejor.