Los jefes de las fuerzas aéreas de Pakistán y Bangladesh mantuvieron conversaciones en Islamabad para analizar un posible acuerdo de cooperación militar que incluiría la venta de aviones de combate JF diecisiete Thunder a Dhaka. El encuentro se produce en un momento en que Pakistán busca ampliar su presencia como proveedor de armamento y consolidar su acercamiento político y estratégico con Bangladesh, tras años de relaciones frías marcadas por tensiones regionales.
Según informó el ejército pakistaní, el mariscal del aire Zaheer Ahmed Baber Sidhu y su par bangladesí, Hasan Mahmood Khan, abordaron en detalle la posible adquisición de estos cazas multifunción, desarrollados de manera conjunta por Pakistán y China. Además, Islamabad aseguró a Bangladesh una entrega acelerada de aviones de entrenamiento Super Mushshak, acompañada por un esquema integral de formación y apoyo técnico a largo plazo, lo que refuerza la intención de establecer una cooperación sostenida en materia de defensa.
Las conversaciones tienen lugar en un contexto regional sensible. Pakistán intenta capitalizar el desempeño de su fuerza aérea durante el conflicto con India ocurrido en mayo del año pasado, el enfrentamiento más grave entre ambos países en casi tres décadas. Ese episodio, entre dos potencias nucleares con una rivalidad histórica, reforzó en Islamabad la idea de que su industria militar puede ganar prestigio y abrir nuevos mercados internacionales.
El acercamiento entre Pakistán y Bangladesh también refleja un cambio político profundo en el sur de Asia. Las relaciones entre Dhaka y Nueva Delhi se deterioraron de forma abrupta luego de las masivas protestas que en agosto de dos mil veinticuatro forzaron la salida de la entonces primera ministra Sheikh Hasina, quien terminó refugiándose en India. Desde entonces, Bangladesh ha buscado diversificar sus alianzas regionales, y Pakistán apareció como un socio dispuesto a ocupar ese espacio.
En ese marco, ambos países retomaron el comercio directo por primera vez desde la guerra de independencia de Bangladesh, un conflicto que dejó heridas profundas en la relación bilateral. Paralelamente, funcionarios militares de las dos naciones mantuvieron varios encuentros destinados a reconstruir la confianza y explorar áreas de cooperación estratégica. El ejército pakistaní destacó que la reciente visita de la delegación bangladesí puso de relieve los lazos históricos entre ambos países y una voluntad compartida de avanzar hacia una asociación de largo plazo en el ámbito de la defensa.
La evolución política interna de Bangladesh añade otro elemento de interés. Bajo una administración interina encabezada por el premio Nobel Muhammad Yunus, el país se prepara para elecciones generales previstas para febrero, que podrían abrir la puerta a un mayor protagonismo de un partido islamista que estuvo prohibido durante años y que mantiene vínculos históricos con Pakistán. Este escenario es seguido de cerca tanto en la región como por actores internacionales.
Para Pakistán, la eventual venta de los JF diecisiete forma parte de una estrategia más amplia de expansión de su industria armamentística. Estos aviones se convirtieron en la columna vertebral de su programa de desarrollo militar y ya figuran en acuerdos con países como Azerbaiyán, además de un ambicioso pacto de suministro de armas con fuerzas en el norte de África. El propio ministro de Defensa pakistaní afirmó recientemente que el éxito de estas exportaciones podría tener un impacto decisivo en la economía nacional, al punto de reducir la dependencia del país de la ayuda financiera internacional.
Así, las negociaciones con Bangladesh no solo representan un posible contrato militar, sino también una señal de reconfiguración política y estratégica en una región históricamente marcada por rivalidades y cambios de alianzas.







