Sobre las aguas del litoral oriental de Taiwán, un pequeño avión ligero equipado con un radar estadounidense recorre el espacio aéreo en busca de buques chinos. La aeronave pertenece a Apex Aviation, una empresa conocida por su labor en formación de pilotos y vuelos chárter, que ahora busca un lugar en el creciente entramado de seguridad nacional impulsado por Taipéi frente a la presión militar de Pekín. La compañía pretende compartir con las autoridades los datos recogidos en sus vuelos y consolidarse como un actor dentro de la estrategia gubernamental de “resiliencia de toda la sociedad”.
El gobierno taiwanés ha empezado a convocar a empresas y centros de investigación para que participen en tareas antes reservadas al Estado, desde reforzar comunicaciones y logística hasta fortalecer defensas cibernéticas e incluso contribuir a labores de vigilancia. Aunque este modelo conjunto es común en países como Estados Unidos, en Taiwán representa una novedad en un momento en que sus fuerzas armadas afrontan incursiones diarias de aviones y buques chinos alrededor de la isla. Mientras Taipéi prevé aumentar el gasto en defensa y prepara un presupuesto suplementario que incluye nuevas compras de armas estadounidenses, Apex busca abrirse un espacio ofreciendo operaciones que gestionaría directamente, con la posibilidad de transferir posteriormente el equipamiento.
Según su presidente, Wilson Kao, la frecuencia y cercanía de las maniobras militares chinas han intensificado la urgencia de actuar. Apex ha invertido sumas considerables para convertir una aeronave italiana de uso civil en un avión de reconocimiento con un radar capaz de detectar objetos diminutos en el mar. La empresa aspira a que la información recogida sea utilizada por las fuerzas armadas y la guardia costera para monitorear embarcaciones chinas y no descarta ofrecer este servicio a otros gobiernos de la región.
Aunque el Ministerio de Defensa sostiene que ya cuenta con capacidad suficiente para la vigilancia, ha expresado su disposición a estudiar nuevas propuestas de colaboración. La guardia costera, por su parte, prioriza el uso de drones y prevé incorporar gradualmente aeronaves tripuladas. Sin embargo, especialistas señalan que antes será necesario definir un marco legal que permita a operadores privados realizar misiones de reconocimiento y advierten sobre los riesgos que podrían enfrentar ante un aumento de las tácticas de acoso por parte de China.
Los incidentes no son hipotéticos. En junio, uno de los vuelos médicos de Apex con destino a Kinmen fue hostigado por aviones militares chinos durante tres días consecutivos, lo que despertó inquietudes sobre la seguridad de las aeronaves civiles. Aun así, Kao afirma que la empresa decidió seguir adelante tras evaluar los riesgos y sostiene que no dará marcha atrás frente a posibles presiones.
El interés gubernamental por incorporar a empresas sin trayectoria militar ha alentado a otros actores. Entre ellos destaca Thunder Tiger, fabricante tradicional de vehículos y modelos a control remoto, que ha desarrollado una nueva generación de drones navales capaces de transportar grandes cargas explosivas y cubrir largas distancias. Estas innovaciones fueron presentadas durante una exhibición en la que compañías de distintos rubros mostraron sus propuestas al sector defensa.
Para las autoridades, la participación del sector privado se vuelve una necesidad ante el aumento del desgaste operativo de las tropas y la aparición de nuevas formas de presión provenientes del ejército chino. En ese contexto, el gobierno considera indispensable desarrollar enfoques distintos, capaces de complementar la vigilancia oficial y reforzar las defensas en un entorno cada vez más exigente.







