El Gobierno japonés solicitó a naciones de Europa y Asia que se abstengan de participar en el desfile militar y en otros actos conmemorativos que China organizará el próximo mes en Pekín, con motivo del 80 aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial. Según fuentes diplomáticas, Tokio transmitió el mensaje a través de sus embajadas en el extranjero, advirtiendo que las ceremonias chinas contienen un marcado sesgo anti-japonés.
El desfile está programado para el 3 de septiembre en la plaza de Tiananmen y será el eje central de los homenajes que Pekín denomina la conmemoración de la victoria en la “Guerra de Resistencia contra la Agresión Japonesa” y en la “Guerra Mundial Antifascista”. Para Japón, esta narrativa busca reforzar una interpretación de la historia que subraya las atrocidades cometidas durante la ocupación japonesa en China, lo que preocupa al gobierno del primer ministro Shigeru Ishiba por el impacto que pueda tener en la opinión pública internacional.
Además de los actos en Pekín, China será sede de la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái, que se celebrará del 1 al 2 de septiembre en Tianjin, cercana a la capital. Se espera que el presidente ruso, Vladímir Putin, asista al encuentro y permanezca en China para participar también en los eventos de aniversario, lo que dará a las conmemoraciones un carácter de mayor peso geopolítico.
El recuerdo de la última gran parada militar china de estas características sigue presente. En 2015, durante la conmemoración del 70 aniversario del final de la guerra, el presidente Xi Jinping afirmó que las generaciones posteriores debían tener una visión correcta de la historia y aprender las lecciones del pasado. Aquellas palabras fueron interpretadas como una respuesta indirecta a una declaración del entonces primer ministro japonés, Shinzo Abe, quien había sostenido que las generaciones nacidas tras el conflicto no debían quedar “predestinadas a pedir disculpas” indefinidamente. En aquella ocasión, Abe y los líderes de las principales potencias occidentales optaron por no asistir al desfile, decisión que ahora Tokio espera que se repita.
La posición japonesa se produce en un momento en que Tokio y Pekín intentan estabilizar sus relaciones. Ishiba y Xi se reunieron en noviembre pasado en Perú, durante la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico, y acordaron impulsar una relación “mutuamente beneficiosa” y “estable”. Sin embargo, la memoria de la guerra continúa siendo un punto de fricción que complica los esfuerzos de acercamiento.
Los eventos programados por China ponen de relieve cómo la interpretación de la historia sigue siendo un factor sensible en el noreste asiático. Mientras Pekín insiste en reivindicar su papel en la derrota del fascismo y en remarcar la resistencia a la invasión japonesa, Tokio teme que estas celebraciones refuercen una visión negativa que limite sus intentos de proyectar una imagen internacional más equilibrada y orientada al futuro.
La respuesta de los países invitados será una señal clave de hasta qué punto las potencias internacionales están dispuestas a alinearse con la narrativa histórica china o, como Japón solicita, optar por la prudencia diplomática para evitar tensiones adicionales en una región marcada por rivalidades persistentes.












