Un grupo de más de 70 países se prepara para emitir una declaración conjunta en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Océanos con el objetivo de establecer metas concretas para reducir la producción y el consumo de plásticos en todo el mundo. La medida busca combatir la creciente contaminación marina, agravada por los más de 8 millones de toneladas de desechos plásticos que terminan cada año en los océanos del planeta.
La declaración, promovida principalmente por naciones europeas e insulares del Pacífico, incluirá propuestas como la exigencia de reportes obligatorios sobre los volúmenes de fabricación, importación y exportación de productos plásticos. Sin embargo, el consenso está lejos de ser total. Japón ha decidido no respaldar el documento, argumentando que su enfoque es alcanzar un acuerdo amplio que evite divisiones entre países. Medio Oriente y otras naciones productoras de petróleo, materia prima clave en la fabricación de plásticos, también han rechazado los límites propuestos.
La negativa de Japón ha generado críticas por parte de organizaciones ambientales, que reclaman una postura más clara del país para avanzar en un tratado internacional efectivo. Para estos grupos, sin el respaldo de potencias industriales como Japón, el acuerdo corre el riesgo de perder fuerza y efectividad, especialmente en lo relacionado con la regulación de la producción, uno de los puntos más controvertidos del debate.
El tema será nuevamente tratado en agosto, cuando se reanuden las negociaciones para un tratado global en Suiza. La falta de avances en la ronda anterior, celebrada en Corea del Sur a fines del año pasado, ya había evidenciado la dificultad de alcanzar consensos en torno a la regulación de la producción plástica.
Francia, una de las naciones que lidera el impulso por nuevas regulaciones, ha calificado la declaración como una “oportunidad histórica” para revertir una de las amenazas más persistentes para los ecosistemas marinos. El país busca convertir el documento en un punto de presión para que las negociaciones multilaterales tomen un rumbo más ambicioso y vinculante.
Mientras tanto, el impacto de los microplásticos en la fauna marina y su potencial llegada a la cadena alimentaria humana continúan generando alarma, tanto científica como social, subrayando la urgencia de una respuesta global frente a la crisis del plástico.







