Brasil está en conversaciones avanzadas con China para la construcción de un ferrocarril que una el Puerto de Chancay, en Perú, con varias regiones del territorio brasileño. Así lo confirmó la ministra de Planificación, Simone Tebet, al destacar el interés de China en colaborar con el desarrollo ferroviario del país sudamericano. El proyecto se enmarca en una estrategia más amplia del gigante asiático para afianzar su presencia en América del Sur a través de la inversión en infraestructura clave.
El Puerto de Chancay, con una inversión estimada en mil trescientos millones de dólares, representa el esfuerzo de mayor envergadura de China en Sudamérica hasta la fecha. Su ubicación geográfica ha despertado el interés de ambos países, ya que permite acortar la ruta marítima hacia Asia en al menos diez mil kilómetros. Este factor ha sido central en las negociaciones para desarrollar una conexión terrestre que optimice el flujo comercial entre ambos continentes.
Según detalló Tebet, funcionarios brasileños se reunieron recientemente con representantes de la empresa ferroviaria estatal china para estudiar la viabilidad del trazado. Inicialmente, los equipos chinos propusieron una ruta que atravesaba la región amazónica, pero el gobierno brasileño se opuso tajantemente a esa opción por razones ambientales y sociales. La selva tropical y los territorios habitados por pueblos indígenas hicieron inviable ese primer planteo.
Después de evaluar el escenario, las autoridades chinas aceptaron modificar el plan. La propuesta actual contempla un recorrido alternativo hacia el sur, pasando por los estados de Acre y Tocantins. Esta nueva ruta se integraría eventualmente con la Ferrovía de Integración Oeste-Este (Fiol), llegando al estado de Bahía. Equipos técnicos del gobierno chino ya realizaron visitas de inspección para estudiar el terreno y comenzar a delinear un posible trazado.
Aunque el proyecto todavía está en fase de planificación, su impacto potencial ya genera expectativas. La ministra Tebet reconoció que llevará tiempo concretarlo, estimando un plazo de entre cinco y ocho años. Sin embargo, subrayó que se trata de una obra con capacidad de transformar las condiciones económicas de las regiones más rezagadas del interior brasileño.
Acre y Tocantins, dos estados involucrados en el trazado, tienen una economía centrada en la exportación de productos agrícolas y ganaderos. En 2024, sus principales envíos incluyeron soya, carne congelada, maíz, harina de soja, nueces, madera aserrada y oro. En cuanto a las importaciones, recibieron desde fertilizantes hasta aeronaves, pasando por polímeros, arroz y productos alimenticios. China se consolidó ese mismo año como el principal socio comercial de Tocantins y el segundo destino para los productos de Acre.
La eventual construcción del ferrocarril no solo reduciría costos logísticos, sino que también podría reconfigurar el mapa comercial del continente. Con un acceso más directo al Pacífico, Brasil estaría en condiciones de diversificar rutas y reforzar su vínculo comercial con Asia, en un momento en el que las cadenas de suministro buscan nuevas alternativas más eficientes y sostenibles.







