El viernes pasado hablamos sobre la experiencia de visitar Hiroshima por el aniversario número 76 del ataque nuclear a esa ciudad. Esta semana se recuerda el mismo ataque pero a la ciudad de Nagasaki, ocurrido tan sólo tres días más tarde, un 9 de agosto de 1945 a las 11.02 de la mañana.
Visitando el epicentro de la segunda bomba atómica
Nagasaki, al igual que Hiroshima, se ha recuperado totalmente de la tragedia vivida. Pero guarda muy cuidadosamente los recuerdos del infierno de aquellos días.

El segundo ataque nuclear sobre Japón fue con una bomba mucho más devastadora que la primera. Aunque por la geografía de Nagasaki, con tantas montañas parando la onda expansiva, las víctimas fueron muchas menos que en Hiroshima, que es, en cambio, una urbe levantada sobre una planicie en la desembocadura de un río.
Los monumentos y parques memoriales
La primera visita es inevitablemente al Parque de la Paz, con su estatua de bronce de un hombre señalando el cielo, mostrando el lugar de donde viene la tragedia. La otra mano está orientada al este, en señal de paz.
Nótese que una de sus piernas está en posición de meditación, mientras que la otra se mantiene apoyada en el suelo lista para socorrer a las víctimas.

En la Plaza del Epicentro, a unos pocos metros del Parque, se levanta un monolito de color negro azabache, que marca el lugar exacto de la explosión.

Al lado de la plaza se levanta el Museo de la Bomba, tan movilizante como su par de Hiroshima.

El memorial de las víctimas se encuentra bajo una fuente de agua. Y cual futurista catedral, alberga los nombres de todas y de cada una de las víctimas de este acto de barbarie.

El caso de la Escuela Shiroyama
Pero sería, sin dudas, la Escuela Shiroyama el lugar más trágico de todos los que visité. Esta institución se encuentra sobre una colina a escasos 600 metros del epicentro. Si tenemos en cuenta que la bomba explotó a 500 metros de altura antes de tocar el suelo, el lector comprenderá que esta escuela recibió el peor impacto de ese día, convirtiendo en escombros su edificio y a sus 1400 alumnos en «sombras sobre una pared».

En mi libro «La Ruta del Samurái» incluyo un relato muy emotivo sobre este incidente en particular llamado “Los niños sombra”, con el que intenté humildemente recordar tanto dolor sufrido por estas vidas inocentes.
El símbolo y la fortaleza del «Medio Torii de Nagasaki»
Finalmente al sur del parque y sobre un barrio elevado pude conocer el famoso medio arco Torii de Nagasaki.

Este arco japonés sufrió la pérdida de una de sus mitades el día de la explosión. Aunque la mitad restante se mantuvo firme sobre una de sus columnas junto con medio travesaño.
Mostrando quizá que, al igual que este pueblo, podía ser golpeado duramente pero no por eso perder su honor y su dignidad de levantarse y permanecer de pie a pesar de tanto sufrimiento inútil…
Aquellos interesados en saber más sobre mi viaje a Japón, pueden seguirme en mis redes sociales, listadas abajo. Asimismo, a quienes quieran adquirir el libro “La Ruta del Samurai”, en el que describo mis vivencias en el “País del Sol Naciente”, los invito a hacer click aquí.
Gracias por leer y hasta la próxima semana.











