El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, aseguró que la reunión que mantuvo con el canciller chino Wang Yi en Manila tuvo como principal objetivo preparar el terreno para la próxima visita del presidente Xi Jinping a Washington. El encuentro, celebrado en el marco de las reuniones de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, representó un nuevo intento de ambas potencias por mantener abierto el diálogo en un contexto marcado por la competencia estratégica y las crecientes tensiones en la región.
Rubio explicó que las conversaciones estuvieron orientadas a crear las condiciones para una visita «muy positiva» del mandatario chino a la Casa Blanca, prevista para finales de septiembre por invitación del presidente Donald Trump. Ambos líderes ya habían acordado en una cumbre celebrada meses atrás en Beijing trabajar para estabilizar las relaciones bilaterales después de varios años de fricciones políticas, comerciales y militares.
Aunque reconoció que las diferencias entre las dos mayores economías del mundo siguen siendo profundas, Rubio sostuvo que todavía existen ámbitos en los que es posible avanzar de manera conjunta. Según señaló, durante el encuentro con Wang Yi abordaron la necesidad de identificar esas áreas de cooperación para evitar que la rivalidad termine derivando en una confrontación de mayores dimensiones.
La reunión también sirvió para tratar uno de los temas que más inquietan a Washington en Asia: el deterioro de las relaciones entre China y Japón. Rubio manifestó la preocupación de Estados Unidos por el aumento de las tensiones entre ambos países y afirmó que existe una tendencia que considera inquietante, especialmente por las restricciones comerciales y los controles a las exportaciones impuestos por Beijing.
El origen del conflicto se remonta a las declaraciones realizadas por la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, quien insinuó que las Fuerzas de Autodefensa de Japón podrían respaldar a Estados Unidos en caso de un ataque chino contra Taiwán. Beijing respondió endureciendo la presión económica sobre Tokio mediante restricciones a las exportaciones de tierras raras, minerales fundamentales para numerosas industrias tecnológicas.
Consultado sobre las recientes maniobras de embarcaciones chinas en aguas cercanas a Taiwán, Rubio reiteró el rechazo de Washington a esas operaciones y sostuvo que ese tipo de acciones contradicen los esfuerzos para construir una relación basada en la estabilidad estratégica. Sin embargo, insistió en que el diálogo continúa siendo el único camino para administrar las diferencias y evitar un enfrentamiento que tendría consecuencias de alcance mundial.
El jefe de la diplomacia estadounidense remarcó que sería una irresponsabilidad que Estados Unidos y China dejaran de mantener contactos, debido al peso que ambos países tienen sobre la economía internacional y la estabilidad global. En ese sentido, evitó profundizar sobre otras cuestiones sensibles y confirmó que durante la reunión no abordó las acusaciones formuladas anteriormente por Trump acerca de una supuesta injerencia china en procesos electorales estadounidenses, denuncias que Beijing rechaza de manera categórica.
Mientras ambos gobiernos preparan la esperada cumbre presidencial, el viceministro chino de Relaciones Exteriores, Ma Zhaoxu, tiene previsto reunirse en Washington con el subsecretario de Estado estadounidense, Christopher Landau, en un nuevo paso destinado a organizar la agenda del encuentro entre Trump y Xi.
Las conversaciones en Manila también estuvieron marcadas por la creciente tensión en el mar de China Meridional. Días antes, Estados Unidos condenó las acciones de embarcaciones chinas contra personal de la Marina filipina cerca del banco Second Thomas Shoal, un área disputada donde un militar filipino resultó herido durante un incidente con la Guardia Costera china.
Rubio calificó ese episodio como una escalada negativa que no beneficia a ninguna de las partes y recordó que Washington mantiene un tratado de defensa con Filipinas. En ese marco, reafirmó que Estados Unidos cumplirá con los compromisos asumidos para garantizar la seguridad de su aliado, al tiempo que insistió en la necesidad de reducir las tensiones mediante la vía diplomática mientras avanzan los preparativos para la reunión entre los presidentes de Estados Unidos y China.







