El presidente de Taiwán, Lai Ching-te, advirtió que el bloqueo parlamentario a un paquete de gasto adicional en defensa por unos 40.000 millones de dólares podría generar dudas en la comunidad internacional sobre la determinación de la isla para defenderse. El mensaje llega en un momento de creciente presión externa y de tensiones políticas internas, con un Parlamento controlado por la oposición que se resiste a aprobar el plan presentado por el Ejecutivo.
Durante una reunión de su Partido Progresista Democrático, Lai sostuvo que si la oposición continúa frenando la iniciativa y avanza con su propia versión del presupuesto, el fortalecimiento de las capacidades defensivas se verá inevitablemente retrasado. Según el mandatario, ese escenario no solo tiene consecuencias militares concretas, sino también políticas, ya que podría llevar a aliados y socios a interpretar que Taiwán no está plenamente comprometido con su propia seguridad ni con la estabilidad del Indo-Pacífico.
La preocupación no es solo local. Estados Unidos, principal respaldo internacional y proveedor de armas de Taiwán pese a la ausencia de vínculos diplomáticos formales, ha incrementado sus señales de inquietud. El senador republicano Roger Wicker, presidente del Comité de Servicios Armados, expresó públicamente su decepción por los recortes impulsados por los partidos opositores al presupuesto de defensa propuesto por Lai, una postura que refleja el malestar de sectores clave del Congreso estadounidense.
A esas críticas se sumó el senador Dan Sullivan, también republicano y cercano a la actual administración estadounidense, quien apuntó de manera directa contra el Kuomintang, el mayor partido opositor de Taiwán. Sullivan cuestionó que altos dirigentes de esa fuerza se encuentren de visita en Pekín mientras el Parlamento bloquea el aumento del gasto militar, y advirtió que reducir la defensa para complacer a China es una estrategia peligrosa.
El conflicto gira en torno a un paquete que incluye misiles, drones y un nuevo sistema de defensa aérea conocido como T-Dome. La oposición, que domina el Legislativo, rechazó la propuesta integral y plantea financiar solo determinados sistemas de armamento estadounidense, argumentando que el gobierno no puede exigir una aprobación sin un análisis detallado. Desde el Kuomintang sostienen que apoyan el fortalecimiento de la defensa, pero rechazan otorgar lo que describen como cheques en blanco.
En un comunicado difundido en inglés, el partido agradeció las opiniones de los senadores estadounidenses, aunque reafirmó su derecho a supervisar el gasto público. Al mismo tiempo, insistió en que su compromiso con la seguridad de Taiwán es compatible con la búsqueda de diálogo para preservar la paz y la estabilidad a ambos lados del estrecho.
El debate interno se da en paralelo a un aumento sostenido de la presión militar china. Pekín realiza ejercicios frecuentes alrededor de la isla y se niega a dialogar con Lai, a quien califica de separatista. Desde Taipéi, el presidente responde que solo el pueblo taiwanés puede decidir su futuro político.
En ese contexto, dirigentes del Kuomintang se reunieron en Pekín con Wang Huning, principal responsable chino de la política hacia Taiwán. Allí, el funcionario chino reiteró la idea de que ambos lados del estrecho forman una sola familia y llamó a oponerse tanto a la independencia de la isla como a la injerencia externa. Las imágenes del encuentro refuerzan la percepción de una creciente polarización interna en Taiwán, donde el debate sobre defensa se entrelaza cada vez más con la disputa estratégica entre China y Estados Unidos.







