La nueva primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, planea adelantar dos años la meta de aumentar el gasto en defensa hasta el dos por ciento del producto interno bruto, según confirmaron fuentes gubernamentales este miércoles. La medida, prevista originalmente para el año fiscal 2027, se implementaría ya en 2025, utilizando un presupuesto suplementario dentro del actual ejercicio fiscal.
En su primer discurso de política ante el Parlamento, programado para este viernes, Takaichi subrayará su intención de reforzar de manera fundamental las capacidades defensivas del país ante un entorno de seguridad cada vez más inestable. Su gobierno busca dejar claro que Japón no permanecerá pasivo frente a las crecientes tensiones regionales.
La decisión marca una aceleración significativa en la política de defensa japonesa, impulsada por la creciente preocupación ante el avance militar de China y el desarrollo nuclear y misilístico de Corea del Norte. Ambas amenazas han llevado a Tokio a estrechar su cooperación con Estados Unidos y a fortalecer la interoperabilidad entre sus fuerzas armadas.
El objetivo del dos por ciento del PIB había sido establecido en 2022, cuando Japón revisó sus principales documentos de seguridad nacional. Ahora, Takaichi planea actualizar esos mismos marcos estratégicos —la estrategia de seguridad nacional, la estrategia de defensa y el programa de fortalecimiento militar— antes de que finalice el próximo año. Con ello, busca delinear una nueva hoja de ruta que combine un enfoque de seguridad más robusto con una política fiscal responsable.
A pesar de que Japón enfrenta un margen financiero limitado, con una deuda que duplica el tamaño de su economía, la primera ministra insistirá en que el gasto en defensa no se hará a costa de la estabilidad económica. En su discurso, pondrá énfasis en aumentar los ingresos, mejorar la confianza del consumidor y promover la inversión regional para dinamizar las economías locales.
Takaichi, de sesenta y cuatro años y líder del Partido Liberal Democrático, también reafirmará su apoyo al uso combinado de energía nuclear y renovable, parte esencial de su compromiso con la neutralidad de carbono. Asimismo, destacará la necesidad de impulsar la productividad y elevar los salarios para compensar el alza del costo de vida que afecta a los hogares japoneses.
La mandataria llega al cargo en un contexto político complejo. Su elección como presidenta del Partido Liberal Democrático a comienzos de octubre estuvo seguida por la ruptura de la coalición con el partido Komeito, lo que la obligó a buscar nuevos aliados. Para asegurar su mayoría parlamentaria, selló un acuerdo con el Partido de la Innovación de Japón, una formación de centro derecha con fuerte presencia en Osaka.
En un gesto hacia su nuevo socio, Takaichi respaldará la propuesta de crear una “segunda capital” en el oeste del país, una idea que busca descentralizar las funciones administrativas concentradas en Tokio y ofrecer una alternativa operativa en caso de emergencias.
Su discurso será observado con atención tanto dentro como fuera de Japón. Los analistas esperan que defina el rumbo de un gobierno que combina una postura firme en seguridad con un enfoque pragmático en política económica. En medio de la incertidumbre global, Takaichi parece decidida a proyectar la imagen de un Japón preparado para defenderse y, al mismo tiempo, capaz de sostener su crecimiento.













