China omite datos clave sobre materiales radiactivos en su informe nuclear y reaviva la polémica con Japón

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El último informe anual sobre la industria de la energía atómica en China evitó incluir cifras concretas sobre los materiales radiactivos liberados por las plantas nucleares del país. Esta omisión parece alinearse con la postura crítica de Pekín frente a la descarga al océano de aguas tratadas provenientes de la planta nuclear japonesa de Fukushima Daiichi, una política que el gobierno chino ha condenado de forma persistente.

La ausencia de datos detallados se produce tras las revelaciones de medios internacionales que, el año pasado, señalaron que las plantas nucleares chinas liberaron, durante 2022, aguas residuales con tritio en niveles que habrían superado hasta por nueve veces el límite anual que Tokio fijó para Fukushima. Esta comparación minó la narrativa de Pekín sobre los riesgos ambientales del proceso japonés, ya que dejó en evidencia que la industria china podría estar generando mayores volúmenes de emisiones similares sin recibir el mismo nivel de escrutinio.

Aunque en junio de este año China levantó la prohibición total a las importaciones de mariscos japoneses, una medida impuesta tras el inicio de las descargas controladas en Fukushima en agosto de 2023, la oposición de Pekín a la operación continúa firme. Las autoridades chinas siguen describiendo el agua tratada como «contaminada con material nuclear», una etiqueta que ha sido rechazada por organismos internacionales, incluida la Agencia Internacional de Energía Atómica.

El Anuario de Energía Nuclear de China 2024 se limitó a afirmar que las emisiones radiactivas de las plantas nucleares nacionales no superaron los límites establecidos por los reguladores y que no hubo impacto negativo alguno sobre la salud pública o el medio ambiente. Sin embargo, a diferencia de ediciones anteriores, omitió por completo los datos cuantitativos, como las cifras sobre tritio liberado por instalaciones específicas. Informes pasados señalaban, por ejemplo, que solo la planta de Qinshan, en la provincia de Zhejiang, liberó alrededor de 202 billones de becquereles de tritio durante 2022, una cifra que contrasta fuertemente con los 22 billones permitidos anualmente para el agua tratada de Fukushima.

Según el gobierno japonés, antes del desastre nuclear de 2011, la planta de Fukushima ya liberaba rutinariamente cerca de 2.2 billones de becquereles de tritio al año. Tras el accidente, grandes volúmenes de agua contaminada se acumularon como resultado del enfriamiento del núcleo fundido del reactor. Esa agua ha sido tratada para eliminar la mayoría de los radionúclidos, excepto el tritio, que es diluido antes de ser vertido al mar, cumpliendo con estándares internacionales.

Pekín sostiene que las emisiones chinas provienen de operaciones normales, mientras que el agua liberada por Japón habría estado en contacto directo con los restos del reactor dañado. Esta distinción técnica, sin embargo, no ha impedido que las comparaciones resurjan en el debate público, especialmente ante la falta de transparencia que supone omitir cifras en un informe oficial. Con este movimiento, China no solo refuerza su postura política, sino que también evita enfrentar cuestionamientos internos y externos sobre el manejo de su propia industria nuclear.

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