En 1990, un viaje del Presidente Carlos Menem resultó un hito histórico para la relación entre China y Argentina. Este viaje, en noviembre de 1990, tuvo una enorme repercusión en el liderazgo chino, que atravesaba momentos difíciles, mientras gran parte de la dirigencia política y empresaria no tenía en esos tiempos a China en su radar de interés.
Los sucesos de Plaza Tiananmen, acontecidos en 1989, que se iniciaron con protestas estudiantiles desde el mes de febrero, tuvieron una extensa duración y un final cruento, provocando la airada reacción de los países occidentales y de los medios de comunicación. Algunos países promovieron un boicot diplomático contra China. Los líderes occidentales suspendieron sus viajes a China, al igual que los CEOs de las empresas occidentales, que hasta ese momento desfilaban por Beijing y Shanghai en la búsqueda de nuevos horizontes y oportunidades.
El Presidente Menem había sido invitado a la entronización del Emperador de Japón Akihito, que aconteció el 12 de noviembre de 1990. Antes de partir, el Presidente Menem tomó la decisión de visitar Beijing en medio de ese boicot internacional al que consideraba injusto. Menem, que había recibido la visita del entonces Presidente chino Yan Shangkun en Buenos Aires en mayo de ese año, se comunicó desde el avión presidencial con el entonces Ministro Juan Arcuri (hoy embajador), a cargo en ese momento de la embajada argentina en China, consultando sobre cómo sería recibido en dicho país. Inmediatamente, las autoridades chinas le hicieron saber, a través del diplomático argentino, que lo recibirían gustosos en Beijing.
Luego, el Presidente Menem conversó con el Presidente George Bush, comentando sobre su decisión de viajar a China. Bush era uno de los estadounidenses más conocedores de China, habiendo ocupado la embajada de su país en China en 1974, por varios años. A George Bush le pareció excelente la idea del viaje “ya que es mejor tender puentes con China, y le deseo éxitos en el viaje”. (Conversación del autor con el ex Presidente Menem).
Después de asistir al acto de entronización del Emperador japonés, en el que participaron otros líderes mundiales como los Reyes Balduino de Bélgica, Gustavo Adolfo de Suecia, Margarita de Dinamarca, Carlos de Inglaterra, el Presidente de Alemania Richard Von Weizsaecker, el Vicepresidente de Estados Unidos Dan Quayle, el Secretario General de la ONU Javier Pérez de Cuéllar y otros importantes líderes mundiales, el Presidente Menem, con el eficiente apoyo logístico de la embajada argentina en Beijing, procedió a concretar su visita a China.

Menem permaneció en Beijing entre el 14 y el 16 de noviembre de 1990, convirtiéndose en el primer jefe de estado occidental en aterrizar en Beijing después de los sucesos de Tiananmen. Este gesto provocó un enorme impacto emocional en los líderes chinos y tuvo una gran difusión en dicho país, porque en ese momento no podría imaginarse una demostración mayor de amistad y empatía. Fue recibido por el Presidente de China Yan Shangkun, un histórico líder de la Larga Marcha, evento fundacional en la historia de la China moderna.
Fue recibido además por el Secretario General del PCCh (y futuro presidente) Jiang Zemin, el elegido por Deng Xiaoping para continuar su tarea modernizadora. El luego Presidente Jiang sería clave para el ingreso de China a la OMC, que consolidó el rol de la economía china en el mundo.
La visita resultó mucho más que una tradicional visita de estado. Presentaron al Presidente Menem todo tipo de honores y respetos en reciprocidad por el gesto, seguramente basados en la tradicional cultura ceremonial china, construyéndose desde entonces una sólida relación afectiva y de confianza con Argentina y en especial con el Presidente Carlos Menem. Fue tomado como un gesto de un país amigo que estuvo allí cuando lo necesitaban. Argentina se estaba ganando uno de los más poderosos aliados en temas de interés nacional, como el reclamo por la soberanía de las Islas Malvinas.
La visita tuvo además avances concretos. En esa oportunidad, se firmó el “Protocolo sobre el Sistema de Consulta Política” y otros compromisos en algunas nuevas áreas, como la firma de un convenio consular y otros acuerdos de índole económico y científico-tecnológico.
A partir de esa histórica visita, los demás líderes occidentales comenzaron a seguir los pasos de Menem y organizaron viajes políticos y diplomáticos de alto nivel a China; paulatinamente, los CEOs de las empresas occidentales también cambiaron de actitud y retomaron los viajes de trabajo a China. Menem había derribado el bloqueo diplomático que estaba aislando al país asiático. Tenía razón el Presidente Bush cuando alentó a Menem a que concretara su viaje, ya que Occidente debía tender puentes.
Luego de la partida de Menem de Beijing, el máximo responsable del Comercio Exterior del Gobierno Chino visitó la embajada argentina para informar formalmente la gratitud de las autoridades chinas por el gesto del Presidente, y hacer saber que estaban decididos a comprar todo tipo de productos argentinos que fueran útiles para ellos en la cantidad que estuviera disponible en Argentina. Igualmente, aceptaron el ofrecimiento de las autoridades argentinas de equipos antimotines que utilizaba la Policía Federal Argentina, ya que habían tomado nota que para afrontar el fenómeno de las protestas sociales, muy común en el mundo occidental, necesitaban de fuerzas especializadas y equipamiento adecuado.
Al regreso del viaje, probablemente nadie en ese momento, salvo Menem, percibió la importancia diplomática y política que éste había tenido, en virtud de que en esa época los éxitos económicos chinos eran aún incipientes y China no era ni por asomo lo que es hoy. Argentina pasó a ser un “Gran Amigo”, sumando además a uno de los más relevantes aliados en la política de defensa de la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas. China, que sufrió el desmembramiento de parte de su territorio por parte de potencias europeas como Gran Bretaña, Alemania, Portugal, Italia y países como Japón y Rusia en lo que se denomina el “Siglo de la Humillación”, tiene un compromiso militante con nuestra causa nacional. En especial, debido a que nuestro conflicto de soberanía sobre las Islas Malvinas tiene gran similitud con el que mantienen China y Japón sobre las Islas Diayou.

En los mismos momentos en que se creaba este “puente de plata” con China al más alto nivel político, el gobierno de Menem estaba impulsando la más fantástica revolución agrícola. Se acababa de iniciar la gran expansión sojera, de la mano de las variedades transgénicas, que facilitaban la siembra directa, el progreso de la maquinaria agrícola, el avance sobre tierras invadidas por malezas perennes, la masificación del almacenamiento de las cosechas y la profesionalización de la gestión agrícola, la denominada “Segunda Revolución de las Pampas”. Los frutos de esa revolución, con la inyección además de know-how agrícola, maquinaria, y las inversiones en el más importante complejo portuario del mundo en materia de granos (Timbúes, San Lorenzo y Rosario) sentaron las bases para generar una gran complementación comercial entre los dos países, basada inicialmente en la soja y sus derivados y luego ampliado a otros tipos de productos. China pasó a ser uno de los más relevantes socios políticos, comerciales, diplomáticos y de inversiones de Argentina y luego socios en el G-20, uno de los más importantes “clubes” de países relevantes del mundo (al que llegamos en 1999 de la mano de Bill Clinton y su excepcional relación con Menem).
A continuación del viaje de Menem a China, comenzaron a llegar a nuestro país, su país amigo, los más importantes líderes de ese momento en China: Wei Jianxin (Bureau del Comité Central del PCCh), Qiao Shi (Presidente de la APN, Asamblea Popular Nacional, el parlamento chino), Hu Jintao (miembro del liderazgo del PCCh y futuro Presidente), Zhu Rongji (entonces Vice Primer Ministro), Wu Bangguo (Presidente del Comité Permanente de la APN). Uno de los muchos líderes chinos que visitó Argentina fue Xi Jinping, entonces jefe político de la Provincia de Fujian, quien viajó a Buenos Aires en 1996, en donde además participó de una reunión con una importante cámara comercial y de la producción e hizo una visita turística a las Cataratas del Iguazú. Declaró que su visita era en el marco de la camaradería creada con Argentina con motivo del viaje de Menem de 1995 (el segundo viaje de Menem a China).
La relación entre China y Argentina, en esta era de una China con economía de mercado, se fortaleció de modo firme y decidido. Los líderes chinos siempre distinguieron a Menem de modo especial, como en la visita de estado del Presidente Jiang Zemin a Argentina (año 2001), en donde mantuvo una reunión de camaradería con el ya ex Presidente Menem, o la visita que había hecho Menem a China invitado por los líderes de ese país, en mayo de 2000, siendo recibido por el ya Primer Ministro Zhu Rongji. Se distinguió al ex Presidente con un Doctorado Honoris Causa otorgado por una de las más prestigiosas universidades chinas. Es más, durante este último viaje recibió por parte de Hu Jintao, luego Presidente de China, una invitación especial a visitar Tibet. Cuando Hu Jintao lo recibió en China en su carácter de Vice Presidente, calificó al Presidente Menem como “un célebre estadista de América Latina” (La Nación, 15/11/2004).
En dicho viaje, el Presidente Menem participó de la “Tercera Semana Internacional de la Industria de Alta y Nueva Tecnología” con líderes internacionales como el ex Presidente de España Felipe González. Menem comparó ante los medios argentinos las Reformas de los 90 de Argentina con el Plan de Reforma y Apertura que inició Deng Xiaoping, el líder chino que modernizó China desde 1978. Menem afirmó: “Consideramos que esta etapa de reformas económicas iniciadas en China en 1978 tiene una orientación similar a la que nosotros emprendimos en la Argentina a partir de 1989” (Diario Clarín, 10/05/2000).
La relación cercana entre China y Argentina
Un hecho posterior consolidó la cercanía entre China y Argentina: la creación del G-20, que fue la ampliación del G-7, integrado por las grandes potencias occidentales tradicionales. En 1999, el Presidente Clinton impulsó la creación de este foro mundial, al que se sumaron India, China y Rusia, incluyéndose a Argentina, Brasil y México como países emergentes. Al final de su mandato presidencial, Menem coronó su intensa y exitosa actividad de inserción de Argentina en el mundo con el nuevo rol en este foro, que nació para generar un ámbito de discusión de los temas financieros internacionales luego de la crisis asiática de 1997. Gracias a la inserción de Argentina como integrante del G-20, nuestro país participa de un evento anual en donde los presidentes o jefes de estado, los ministros de finanzas y los presidentes de los Bancos Centrales se encuentran año a año y cara a cara para debatir agendas multilaterales y bilaterales. Allí, en mi opinión, se terminó de consolidar la relación cercana entre China y Argentina, con eventos que creaban las condiciones de cercanía y confianza entre los dos países y sus líderes.. En uno de esos eventos de Presidentes de Bancos Centrales dentro del G-20, se concretó la primera discusión de factibilidad del SWAP de monedas, el préstamo chino en yuanes que permitió consolidar las reservas del BCRA y que fue ampliado y renovado recientemente.
A pesar de estar tan lejos, China y Argentina consolidaron una cercanía impactante. El primer viaje del Presidente Menem fue el paso histórico que fundó una relación de verdaderos “amigos” y buenos socios. China es un país gigante, con una economía vibrante, que tiene especial afecto por Argentina. Está en la imaginación del liderazgo argentino, privado y público, la capacidad de fortalecer la complementación económica, cultural, turística y científica. China reconoce varios ídolos argentinos. Uno de los más unánimemente valorados es Jorge Luis Borges, que si bien no visitó China, en sus esforzadas lecturas se zambulló en la literatura china. Es el escritor latinoamericano más leído en ese país, y varios autores famosos lo consideran su mentor, como el Premio Nobel de Literatura Mo Yan o el célebre escritor Mai Jia, que recorrió en Buenos Aires todos los lugares sobre los que habla Borges en sus libros.
Argentina tiene en China, al decir de Borges, “senderos que se bifurcan”. Depende de nosotros encontrar los caminos del máximo potencial. Una buena hoja de ruta permitirá aprovechar las oportunidades abiertas y las que se abrirán a fuerza de compromiso, habilidad y profesionalismo. Menem demostró, en su viaje de los 90 ante los líderes chinos, que Argentina es un país soberano y además amigo en los momentos difíciles. Ahora, en esta etapa de prosperidad capitalista, tiene todo para complementar su economía con el gigante asiatico.
Ex Secretario de Comunicaciones de la Nación. Ex Intendente de la Ciudad de Córdoba, 1999-2003.














