Las guerras entre Estados del Sudeste Asiático se suponen propias de otra época. Cuando reaparecen, lo hacen de manera silenciosa, fragmentaria, y a menudo son malinterpretadas como simples “incidentes fronterizos” o expresiones residuales de nacionalismo, en lugar de ser entendidas como síntomas de tensiones regionales más profundas. El renovado conflicto entre Camboya y Tailandia, que escaló en 2025 hacia una segunda y más prolongada fase de guerra abierta, rompe esa suposición tranquilizadora. Revela no solo la fragilidad de los mecanismos bilaterales, sino también los límites de la arquitectura de gestión de conflictos de la ASEAN y la creciente disposición —una vez más— a recurrir al uso de la fuerza en una región que se precia de su contención.
En esta entrevista que tuve la oportunidad de hacerle a Him Rotha —subdirector del Centro Camboyano de Estudios Regionales— el académico ofrece una lectura poco habitual, tanto desde el terreno como desde una perspectiva estratégica, del conflicto. Su análisis va más allá de las dinámicas militares inmediatas para desentrañar las presiones políticas internas en Tailandia, el rol de los actores locales en la frontera y las implicancias más amplias para la centralidad de la ASEAN y el orden de seguridad del Indo-Pacífico. Particularmente llamativo es su relato sobre cómo se ha desarrollado la mediación en múltiples niveles: los mecanismos limitados de la ASEAN, la diplomacia de lanzadera de bajo perfil de China y la intervención personalizada y de alto apalancamiento de Estados Unidos bajo la administración Trump.
Lo que emerge no es simplemente una disputa bilateral, sino un estudio de caso de la geopolítica asiática contemporánea: nacionalismo bajo presión doméstica, inseguridad de los Estados pequeños en una era de normas en erosión y la implicación de las grandes potencias, que oscila entre la estabilización y la señalización estratégica. Lo que está en juego es más que la frontera entre Camboya y Tailandia. El conflicto plantea una pregunta más incómoda para el Sudeste Asiático y más allá: si los principios largamente defendidos por la región —la no utilización de la fuerza y la gestión multilateral— pueden seguir sosteniéndose en un Indo-Pacífico cada vez más militarizado.
1- ¿Cómo describiría las dinámicas actuales sobre el terreno en el conflicto entre Camboya y Tailandia, y qué distingue esta fase de episodios anteriores de tensión?
La segunda ronda de la guerra entre Camboya y Tailandia se prolongó más que la primera fase. Duró 21 días y se desarrolló en múltiples frentes, desde las zonas históricamente disputadas alrededor del templo de Preah Vihear, en el norte de Camboya, hacia el oeste en torno a la zona poblada de Poipet, y descendiendo hasta Koh Kong, una provincia costera sobre el Golfo de Tailandia. A diferencia de la primera ronda, el Ejército tailandés proclamó esta segunda fase de la guerra con el objetivo de “paralizar la capacidad militar de Camboya”, un propósito extremadamente raro y casi inexistente en el Sudeste Asiático del siglo XXI.
La primera ronda de la guerra terminó con un alto el fuego gracias a la mediación decisiva del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a través de llamadas telefónicas a los líderes de Camboya y Tailandia. Sin embargo, en la segunda fase, pese a las reiteradas mediaciones de la ASEAN, Estados Unidos y la diplomacia de lanzadera de China, el conflicto quedó congelado mediante un acuerdo de alto el fuego alcanzado en una reunión a nivel ministerial de Defensa, denominada Comité General de Fronteras (General Border Committee, GBC), entre Camboya y Tailandia. Dicho alto el fuego duró cuatro días y concluyó el 27 de diciembre de 2025.
2- ¿Cuáles son los principales factores políticos locales y domésticos, tanto en Camboya como en Tailandia, que están moldeando hoy la evolución del conflicto?
Efectivamente, los paisajes políticos internos tanto de Camboya como de Tailandia han contribuido a este conflicto en curso entre ambos reinos. El auge de los sentimientos nacionalistas y las disputas culturales de larga data en estos dos países, de una forma u otra, han supuesto un gran desafío para la reconciliación y la restauración de las relaciones diplomáticas bilaterales.
No obstante, es innegable que la situación de la política interna en Tailandia ha tenido un peso especialmente significativo en la evolución de este conflicto. Tailandia ha atravesado transformaciones políticas desde el golpe de Estado de 2014 y las elecciones de 2023. En 2023 se formó un gobierno civil mediante un gran compromiso con el Ejército tailandés, una facción considerada parte del establishment gobernante del país. Sin embargo, el Ejército tailandés se encuentra bajo fuertes presiones internas debido a las crecientes demandas de reforma por parte de diversos grupos domésticos. En ese contexto, resurgen los sentimientos nacionalistas y los asuntos fronterizos con Camboya —incluidas las reclamaciones disputadas y superpuestas en el ámbito marítimo y algunas áreas de templos aún no resueltas— vuelven a ocupar un lugar central en el discurso político tailandés.
El conflicto actual entre Camboya y Tailandia se intensificó tras un breve enfrentamiento en mayo de 2025, que provocó la muerte de un soldado camboyano. En junio, las tensiones continuaron escalando, incluyendo la filtración de una llamada telefónica entre el líder camboyano Hun Sen y la entonces primera ministra tailandesa Paetongtarn Shinawatra. Las relaciones siguieron deteriorándose hasta que la guerra estalló a fines de julio de 2025.
3- ¿En qué medida las comunidades fronterizas y los actores locales influyen en la escalada o la contención de esta disputa?
Sin duda, los actores locales a lo largo de la frontera contribuyeron, de una u otra forma, a la escalada de esta disputa. Un destacado diplomático tailandés, Tej Bunnag, afirmó en una ocasión:
“Las relaciones tailandés-camboyanas estaban fuera del control de las personas en las sedes centrales. En ambos lados de la frontera, los problemas eran generados por actores locales con poder, influencia e intereses. Cuando alcanzan niveles peligrosos, estos problemas se convierten en asuntos políticos en las capitales nacionales”.
Las “personas locales con poder, influencia e intereses” pueden referirse aquí a los comandos militares regionales tailandeses encargados de los asuntos fronterizos con Camboya. Existen rumores sobre intereses comerciales ilícitos en ambos lados de la frontera y sobre conflictos de intereses que se han ido acumulando con el tiempo. En el contexto actual, estos problemas se politizaron y se amplificaron, lo que condujo a una guerra abierta entre ambos países.
No obstante, también es innegable que existen actores —especialmente grupos empresariales a lo largo de la frontera— que desean que el conflicto termine y abogan por la reapertura de los pasos fronterizos. Sin embargo, en un contexto de hiperpolitización y nacionalismo en ambos lados de la frontera, estas voces han quedado marginadas.
4- ¿Cómo afecta el actual conflicto entre Camboya y Tailandia a la estabilidad regional en el Sudeste Asiático, en particular dentro de la ASEAN?
El conflicto actual entre Camboya y Tailandia constituye una cuestión alarmante para la paz y la estabilidad del Sudeste Asiático, y puede afirmarse incluso que representa un enorme desafío para el panorama geopolítico y geoeconómico de toda la región del Indo-Pacífico. Para el Sudeste Asiático, este conflicto añade una presión adicional a la ya existente por la situación en el Mar de China Meridional y la crisis en Myanmar, donde persiste una guerra civil como consecuencia del golpe militar de 2021.
Si no se gestiona adecuadamente, este conflicto podría sentar un precedente peligroso de creciente disposición a utilizar la fuerza para resolver disputas interestatales, en contraste con el principio de no uso de la fuerza en la resolución de conflictos, que forma parte del orden internacional basado en reglas del siglo XXI.
5- ¿Considera esta disputa un desafío al principio de gestión de conflictos de la ASEAN y a su pretensión de centralidad regional?
Efectivamente, se trata de un desafío para la ASEAN y su llamada centralidad. Los Estados pequeños, como Camboya, con capacidades militares limitadas, suelen depender principalmente del derecho internacional y de los mecanismos regionales para resolver disputas. Debe reconocerse que la ASEAN, bajo el liderazgo de Malasia como presidencia del bloque en 2025, ha hecho todo lo posible por evitar que el conflicto se expanda. Malasia envió observadores y movilizó a los países de la ASEAN para supervisar el conflicto en el marco del Equipo de Observadores de la ASEAN (AOT).
Estos esfuerzos de “gestión” del conflicto son encomiables, pero resultan insuficientes para detener y prevenir otra guerra, debido a la falta de participación de otros Estados regionales. La ineficacia de los mecanismos internacionales y regionales podría empujar a los Estados pequeños de la región a recurrir a otros medios ya agotados para salvaguardar su soberanía e integridad territorial.

6- ¿Qué implicancias tiene este conflicto para el orden de seguridad más amplio del Indo-Pacífico?
La principal implicancia de este conflicto es la creciente disposición a utilizar la fuerza militar para resolver disputas interestatales. Como mencioné anteriormente, los Estados más pequeños recurrirán a cualquier medio para proteger su soberanía. El orden de seguridad del Indo-Pacífico ya se encuentra bajo presión debido al aumento de tensiones en zonas disputadas. Por ello, es necesario reforzar el concepto de multilateralismo y el principio del derecho internacional en la región; de lo contrario, esta quedará atrapada en una compleja red de alianzas de seguridad y carreras armamentistas, propensas a escaladas armadas que afectarían la paz, la estabilidad y la prosperidad regionales.
7- ¿Cómo han abordado China y Estados Unidos la mediación o el compromiso diplomático en este conflicto hasta el momento?
China y Estados Unidos tienen intereses estratégicos propios en su aproximación a este conflicto. Para China, es bien sabido que el Sudeste Asiático, especialmente el Sudeste Asiático continental, es una región vecina inmediata. Tanto Camboya como Tailandia son países cercanos a China. Por ello, de una forma u otra, China desea que ambos países estén en paz entre sí: por un lado, para preservar la estabilidad regional, y por otro, para proteger y ampliar sus intereses económicos, de cadenas de suministro y estratégicos en su relación con la ASEAN, en una región donde China enfrenta múltiples desafíos, desde la negociación del Código de Conducta en el Mar de China Meridional hasta el fortalecimiento de su presencia regional. China ha gestionado este conflicto a través de una diplomacia de bajo perfil y de lanzadera.
Por su parte, para Estados Unidos, Tailandia es un aliado formal, uno de los cuatro que mantiene en Asia, mientras que Camboya también es un país de interés. Bajo la administración Trump, Estados Unidos buscó reforzar su presencia estratégica en el Indo-Pacífico, lo que explica su interés en mediar en este conflicto.
Cabe señalar que, durante la guerra, ambos países utilizaron armamento de origen chino en distintas formas. Tailandia fue incluso más allá al emplear cazas F-16 de fabricación estadounidense para bombardear objetivos que consideraba amenazas a su presencia militar en las zonas de conflicto, ataques que se extendieron a algunas infraestructuras civiles.
8- ¿Cuáles son las principales diferencias entre las estrategias e intereses de mediación de Pekín y Washington en este caso?
Actualmente, la principal diferencia radica en que Pekín ha optado por una mediación de bajo perfil y por la diplomacia de lanzadera. Bajo perfil en el sentido de que China busca desempeñar un rol discreto, lejos del foco público.
Estados Unidos, en cambio, vio al propio presidente Trump desempeñar un papel crucial mediante su diplomacia telefónica con los líderes de Camboya y Tailandia. El presidente estadounidense utilizó los aranceles comerciales como palanca para presionar a ambos países a detener la guerra durante la primera fase del conflicto en julio. Posteriormente, fue testigo del Acuerdo de Paz firmado por el primer ministro camboyano Hun Manet y el primer ministro tailandés Anutin Charnvirakul en octubre, en Malasia. Al mismo tiempo, la administración estadounidense y los círculos de política exterior en Washington aprovecharon esta oportunidad para reforzar su presencia en el Sudeste Asiático, una región donde China ejerce una influencia considerable. Estados Unidos también trabajó con la ASEAN y se comprometió a proporcionar apoyo satelital al AOT para verificar y monitorear el alto el fuego acordado en octubre.
9- ¿Existe el riesgo de que el conflicto entre Camboya y Tailandia se convierta en otro escenario de competencia estratégica entre Estados Unidos y China?
Este conflicto se ha convertido en una cuestión geopolítica debido a la implicación de actores externos. No solo Estados Unidos y China participan en él. Japón ha desempeñado un papel discreto pero singular, motivado por los intereses de sus inversores en ambos lados de la frontera. La Unión Europea, Francia y el Reino Unido se han mostrado más activos durante la segunda fase del conflicto, comprometiéndose a apoyar la recuperación posconflicto y la asistencia humanitaria para alrededor de un millón de personas desplazadas en Camboya y Tailandia.
En términos de competencia estratégica entre Estados Unidos y China, por el momento el conflicto ha generado principalmente una competencia diplomática orientada a apoyar el fin pacífico de las hostilidades. Estados Unidos tuvo ventaja inicial con el acuerdo de paz presenciado por el presidente Trump. Sin embargo, durante la segunda fase de la guerra, China ha incrementado sus esfuerzos de mediación, visibilizando la diplomacia de lanzadera de su enviado especial del Ministerio de Relaciones Exteriores y organizando conversaciones de mediación en China a fines de diciembre.
No obstante, debe subrayarse el papel relevante tanto de Estados Unidos como de China, así como de otros países amigos, que han mostrado una actitud proactiva para detener los combates, respaldar el principio de no uso de la fuerza y promover soluciones pacíficas entre Camboya y Tailandia.
10- Desde la perspectiva de Camboya, ¿qué tipo de mediación o marco regional sería más propicio para una resolución duradera y pacífica?
El camino más propicio hacia una paz duradera es una mediación que involucre a actores multilaterales y mecanismos aceptables para ambas partes, de modo que el acuerdo sea sostenible en el tiempo. La posición de Camboya es buscar la paz y garantizar que el alto el fuego se mantenga, para lo cual resulta necesario contar con observadores creíbles y eficaces, o incluso transformar a estos observadores en fuerzas de mantenimiento de la paz. De concretarse, ello sentaría un precedente positivo para la ASEAN y la comunidad internacional en la gestión de conflictos interestatales en la era contemporánea.
Además, considero que ha llegado el momento de discutir la recuperación posconflicto. Esta debería abarcar dos cuestiones fundamentales: (1) la recuperación humanitaria y económica de las personas desplazadas y de las infraestructuras civiles en las zonas afectadas; y (2) la restauración diplomática de las relaciones entre Camboya y Tailandia tras el conflicto. En el primer aspecto, los actores externos pueden intervenir para facilitar el apoyo a la población civil, como parte de un enfoque de seguridad humana, ya que, en última instancia, las vidas humanas deben ser protegidas frente a cualquier forma de intimidación incivilizada. En el segundo aspecto, países amigos de ambas partes pueden ofrecer sus buenos oficios para restablecer las relaciones entre los dos reinos. La normalización de las relaciones entre Camboya y Tailandia es de interés vital para el Sudeste Asiático y el Indo-Pacífico, ya que no solo fortalecería la interdependencia entre las poblaciones fronterizas, sino que también contribuiría a la restauración de la conectividad regional de la ASEAN y más allá.
Abogado, Mágister, y Doctor en Relaciones Internacionales (CONICET).













