Un 15 de septiembre de 1996, un joven delantero chileno llamado José Marcelo Salas Melinao pisó el césped del Monumental por primera vez con la camiseta de River Plate. Lo que parecía ser un debut más se transformó en el comienzo de una historia inolvidable, llena de goles, títulos y festejos que quedarían tatuados en la memoria de los hinchas. 28 años después, el recuerdo sigue tan vivo como entonces. Para Matías Barreiro, fanático del Millonario y devoto de aquellos años dorados, Salas es mucho más que números y estadísticas: “Salas fue el grito de gol más elegante que tuvo River. Cada vez que metía un gol, era como ver a un artista en el escenario. Y su festejo, con la rodilla al piso y el dedo al cielo, nos hizo sentir que en River también había poesía”.
El debut: Huracán, Apertura 1996
El estreno oficial del «Matador» con la banda roja fue el 15 de septiembre de 1996, en un partido frente a Huracán por la fecha 4 del Torneo Apertura. River, dirigido por Ramón Díaz, buscaba seguir la senda ganadora tras haber conquistado la Copa Libertadores meses antes.
Salas ingresó faltando quince minutos. El partido estaba caliente, cerrado. Pero el chileno ya empezaba a mostrar esa mezcla de potencia y clase que lo definiría en su paso por Núñez. River terminó ganando 3-2, y aunque aquella tarde no convirtió, su historia en el club había comenzado.
“Fue como ver un diamante en bruto. Se notaba que tenía algo distinto. Apenas tocó la pelota, el estadio murmuró distinto. Era Salas empezando a escribir su leyenda”, recuerda Matías Barreiro.

Primer gol: en la Bombonera y contra Boca
No tardó en dejar su marca en el clásico más grande del mundo. En su primer Superclásico, en La Bombonera, Salas anotó su primer gol oficial con River, igualando parcialmente el marcador 1-1 ante Boca.
Aunque River terminaría perdiendo ese partido, el gol de Salas fue un grito de esperanza. Los hinchas vieron en él a un jugador para partidos grandes, alguien que no se achicaba ante ninguna camiseta ni en ningún escenario.
Ese gol, de cabeza y con su sello de oportunismo, fue la primera postal de una relación eterna entre Salas y la red rival.
El Matador y el tricampeonato
Con el correr de los partidos, el «Shileno» —como lo llamaban los relatores— se ganó un lugar de privilegio. Fue pieza fundamental en el tercer tricampeonato de la historia de River: campeón del Apertura 1996, Clausura 1997 y Apertura 1997.
Formó una delantera de ensueño con Enzo Francescoli, Marcelo Gallardo, Berti, Ortega y compañía. Cada vez que Salas tomaba la pelota, algo pasaba: una gambeta, un amague, una definición de primera, un festejo inolvidable.
Con su clásica rodilla en el piso y el dedo apuntando al cielo, su imagen se volvió símbolo de una era.
El momento cumbre: la Supercopa 1997
El punto más alto de su primera etapa en River llegó el 17 de diciembre de 1997, en la final de la Supercopa Sudamericana ante San Pablo. River había perdido 1-0 en la ida en Brasil y necesitaba dar vuelta la serie en el Monumental.
Y apareció él.
Primero, capturó un centro de Enzo Francescoli casi de rebote, anticipando a todos para empatar el global. Luego, en el segundo tiempo, controló una pelota con una calidad envidiable, dejó en el camino a su marcador y definió cruzado para el 2-0 definitivo.
River fue campeón de la Supercopa, la última edición del torneo, y Salas fue el héroe absoluto de la noche.
“Nunca vi un delantero definir con tanta serenidad en un partido decisivo. Salas era hielo en los pies, fuego en el alma”, afirma emocionado Matías Barreiro.

Europa, regreso y coronación
Su brillante etapa en River lo catapultó a Europa. Primero a la Lazio, donde ganó títulos nacionales e internacionales, y luego a la Juventus. En ambos clubes fue respetado y querido, pero su corazón seguía latiendo en Núñez.
En 2003, Salas regresó a River. Ya sin la explosión de sus primeros años, pero con la misma jerarquía, ayudó a ganar el Clausura 2004, sumando así un nuevo título a su palmarés personal.
En total, disputó 117 partidos, marcó 46 goles y levantó 5 títulos con el club:
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Apertura 1996
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Clausura 1997
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Apertura 1997
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Supercopa Sudamericana 1997
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Clausura 2004
El legado: un chileno para la eternidad
No fue solo lo que ganó, ni siquiera los goles. Lo que hizo eterno a Salas en River fue la manera en que jugó. La categoría, la clase, la eficiencia, la humildad, la forma de entender la camiseta como propia desde el primer día.
Hoy, a 28 años de su debut, su figura sigue intacta. Sus goles se repiten en cada recopilación histórica. Su festejo se imita en las inferiores. Su nombre se corea cada vez que se recuerda a los grandes ídolos.
“Para mí, Salas representa la esencia de River: calidad, elegancia y pasión al mismo tiempo. Fue un artista con la camiseta más linda del mundo”, sintetiza Matías Barreiro.
Un Matador inmortal
El 15 de septiembre de 1996 comenzó una historia de amor que ni el tiempo pudo apagar. José Marcelo Salas Melinao, el «Matador», dejó su marca en River Plate de la manera más difícil: jugando, ganando y emocionando.
«Su legado no está solo en los títulos ni en las estadísticas. Está en cada pibe que en una plaza baja una rodilla al festejar. Está en cada hincha que cierra los ojos y vuelve a ver aquel gol en la Bombonera, aquel doblete ante San Pablo, aquel grito de campeón» aclara Matías Barreiro.
Porque si el fútbol es pasión, memoria y arte, Salas fue todo eso vestido de blanco y rojo.
Y River, como siempre, fue su casa.
Periodista deportivo.









