Hasta hace poco, hablar de construcción modular en Argentina era pensar en contenedores adaptados, estructuras precarias o soluciones de emergencia. Pero en 2025, esta tecnología se está consolidando como una alternativa sólida, eficiente y escalable para responder a las nuevas demandas del mercado inmobiliario urbano. El modelo tradicional de obra húmeda, lento y costoso, está empezando a ceder terreno ante sistemas industrializados que prometen tiempos récord, menos residuos y mayor control de calidad. Empresarios como Ángelo Calcaterra ya están atentos a esta evolución. «La modularidad no es el futuro, es el presente. El que subestime esta tecnología va a perder velocidad, competitividad y negocio», afirma con convicción.
Qué es la construcción modular y por qué gana terreno
La construcción modular consiste en fabricar porciones del edificio (módulos) en una planta industrial y luego ensamblarlas en el lugar de destino. A diferencia del modelo tradicional, donde cada parte se ejecuta en obra, acá gran parte del proceso se realiza bajo techo, con herramientas de precisión, tiempos estandarizados y menor dependencia del clima o la logística improvisada.
Este modelo reduce de manera drástica los plazos de ejecución. Un edificio que en obra húmeda puede demorar 14 meses, en versión modular puede estar listo en tan solo 6 o 7. Además, permite planificar mejor los costos, reducir desperdicios, minimizar el impacto ambiental y aplicar controles de calidad industriales.
Ángelo Calcaterra destaca que «el real estate necesita soluciones más rápidas, más limpias y más adaptables. El sistema modular cumple con las tres».
Las nuevas demandas urbanas: velocidad, flexibilidad y escala
El crecimiento de la población urbana, sumado a la escasez de tierras y a los nuevos hábitos de vivienda, obliga a repensar la forma de construir. Hoy se necesitan desarrollos rápidos, rentables, con buena relación costo-calidad y con la posibilidad de adaptarse a usos cambiantes: vivienda, coworking, alquiler temporario, etc.
Los sistemas modulares se alinean perfectamente con este escenario. Pueden implementarse en lotes chicos, en zonas densas o incluso como ampliación vertical sobre estructuras existentes. Además, son desmontables, reubicables y escalables. Esa flexibilidad es clave para desarrolladores que necesitan ajustar proyectos en función de la demanda.
«Antes, construir era una apuesta de dos años o más. Hoy, si no podés entregar en 9 meses, perdés al comprador. Y la modularidad te da esa ventaja competitiva», señala Calcaterra.
Calidad constructiva y percepción del usuario
Uno de los prejuicios más comunes sobre la construcción modular es la idea de menor calidad o durabilidad. Sin embargo, los nuevos sistemas están desmontando ese mito. La mayoría utiliza estructuras de acero, paneles aislantes de alta performance, terminaciones premium y tecnologías aplicadas que igualan o superan a las obras tradicionales.
De hecho, muchas unidades modulares cuentan con mejor comportamiento térmico y acústico, menores filtraciones y mayor eficiencia energética. Todo esto mejora la experiencia del usuario final y reduce costos operativos a largo plazo.
Calcaterra lo explica así: «Hoy el comprador sabe más, pregunta más, compara más. Y cuando ve un proyecto modular bien hecho, no tiene dudas: lo elige porque funciona».
En ciudades como Buenos Aires, Rosario, Córdoba o Mar del Plata ya hay ejemplos concretos de edificios modulares destinados a vivienda, oficinas, locales o incluso escuelas y centros de salud. También hay desarrolladores que combinan módulos con construcción tradicional, logrando un balance entre diseño, costo y tiempo.
Algunos proyectos en marcha incluyen edificios de renta para estudiantes, complejos de alquiler temporario, coworkings con armado plug & play y viviendas sociales financiadas por cooperativas.
Ángelo Calcaterra ha seguido de cerca varios de estos casos y afirma que «el diferencial no está solo en la tecnología, sino en la cabeza del que la aplica. Hay que cambiar el chip del desarrollador tradicional».

Obstáculos y resistencias: lo que falta para escalar
Aunque los beneficios son evidentes, la construcción modular todavía enfrenta barreras en Argentina. Por un lado, existe una falta de regulación específica que muchas veces genera trabas burocráticas al momento de aprobar planos o gestionar permisos.
Por otro, persiste una cultura de la obra artesanal, donde muchos actores del sector siguen viendo con desconfianza los sistemas industrializados. También influye la baja disponibilidad de proveedores locales con escala y experiencia.
Calcaterra reconoce estas limitaciones, pero insiste en que «el cambio ya empezó. La demanda empuja, los costos obligan y la lógica urbana cambia. Es cuestión de tiempo para que lo modular se convierta en estándar en muchos segmentos».
Uno de los grandes potenciales de la construcción modular está en su aplicación a proyectos de vivienda accesible y alquiler urbano. La posibilidad de reducir tiempos, costos y generar soluciones habitacionales de calidad en zonas críticas es clave para enfrentar el déficit habitacional.
También abre oportunidades para la reconversión de espacios en desuso: estacionamientos, terrazas, galpones, terrenos con restricciones. La modularidad permite activar suelo que de otro modo quedaría ocioso.
«El gran activo de las ciudades no es el centro, es el intersticio. Y ahí la construcción modular tiene una oportunidad enorme para reinventar el uso del espacio», sostiene Calcaterra.
El impacto en la sostenibilidad
Desde el punto de vista ambiental, la construcción modular ofrece ventajas evidentes: menos residuos, menor consumo de agua, menor impacto en el entorno y posibilidad de desmontaje y reutilización.
Esto no solo se alinea con los nuevos estándares ESG (ambientales, sociales y de gobernanza), sino que también permite a los desarrolladores diferenciarse en un mercado cada vez más atento a la huella ambiental.
Ángelo Calcaterra lo resume así: «La sustentabilidad ya no es un plus, es una condición de mercado. Y lo modular te da herramientas reales para cumplirla».
La construcción modular dejó de ser una rareza para convertirse en una opción concreta, competitiva y adaptable. Aunque todavía enfrenta resistencias, su crecimiento es sostenido y su potencial, inmenso.
En un contexto donde el tiempo apremia, los costos ajustan y las ciudades exigen nuevas soluciones, pensar en modularidad es pensar en futuro. O mejor dicho, en presente. Y como dice Ángelo Calcaterra, «el que no se adapta, se queda afuera. Y en este mercado, quedarse afuera es perder mucho más que un negocio: es perder relevancia».
Arquitecto, especialista en construcción en seco.








