«El que llega de afuera lo ve con claridad»: Ángelo Calcaterra y la fiebre extranjera por el mercado local

Ángelo Calcaterra

El real estate argentino está viviendo un fenómeno curioso: mientras el mercado interno todavía se adapta a la falta de crédito y a la volatilidad macroeconómica, cada vez más inversores extranjeros ponen el ojo en las propiedades locales. Desde uruguayos y chilenos hasta europeos y estadounidenses, muchos ven en Argentina una combinación de oportunidad, precio atractivo y potencial de crecimiento a mediano plazo. En palabras de Ángelo Calcaterra, empresario con experiencia en grandes obras y desarrollos, «el país está lleno de activos subvalorados. El que llega de afuera, con capital y perspectiva, lo ve con claridad».

Dólares fuertes en un mercado deprimido

El principal atractivo para el comprador extranjero es, sin dudas, el precio en dólares. Tras años de crisis, la propiedad en Argentina se ha abaratado en términos relativos frente a otras capitales de la región. Mientras en Montevideo o Santiago de Chile el valor promedio del metro cuadrado en zonas centrales supera los 3.500 dólares, en Buenos Aires aún pueden encontrarse oportunidades por debajo de los 2.000 dólares/m2.

Este diferencial se amplifica en barrios no tradicionales, donde la oferta es variada, la infraestructura está consolidada y el potencial de revalorización es alto. Calcaterra señala que «el comprador externo entiende el ciclo inmobiliario. No busca un boom inmediato, sino entrar barato y esperar que el mercado madure. En eso, Argentina es un terreno ideal».

Los perfiles: de nómades digitales a fondos institucionales

Los extranjeros que invierten en el mercado local no son un bloque homogéneo. Hay al menos tres perfiles definidos que están activos en 2025:

Nómades digitales: europeos o norteamericanos que trabajan remoto y buscan vivir en ciudades más accesibles, con buena calidad de vida y cultura urbana. Compran propiedades chicas en zonas como Palermo, Chacarita o San Telmo.

Inversores regionales: uruguayos, paraguayos, brasileños y chilenos que conocen la plaza y buscan oportunidades de renta o diversificación de cartera.

Fondos institucionales o grupos familiares: especialmente de Europa del Este, que compran en bloque edificios para renta, refacciones o proyectos build to rent.

Ángelo Calcaterra lo resume con claridad: «El real estate argentino pasó de ser un refugio local a convertirse en una opción global. Hay muchos tipos de jugadores y cada uno mira el negocio desde una lógica distinta».

Ángelo Calcaterra

Rentabilidad, pero con estrategia

Si bien los valores de reventa no han mostrado grandes saltos en los últimos años, el alquiler en dólares —especialmente en el segmento temporario— es una de las claves del interés internacional. Plataformas como Airbnb, la devaluación del peso y la demanda turística reactivada hacen que propiedades bien ubicadas puedan generar entre un 6% y 10% anual en dólares netos.

Eso sí, el inversor extranjero no busca improvisar. Contrata property managers, estudia barrios, exige datos. Ya no le basta con una «zona linda»: quiere rentabilidad sostenida y gestión eficiente. Ángelo Calcaterra advierte que «el que vende humo, pierde. El extranjero no perdona falta de profesionalismo. Hay que estar a la altura».

Pese al interés, el mercado local tiene sus complejidades. El cepo cambiario, la falta de financiamiento, la inestabilidad fiscal y las regulaciones erráticas son factores que pueden desalentar. Sin embargo, para muchos extranjeros acostumbrados a operar en mercados emergentes, estos factores son parte del «paquete de riesgo» y ya están contemplados.

Lo que marca la diferencia, según Calcaterra, es «la relación entre riesgo y oportunidad. Mientras esa ecuación cierre, el inversor seguirá mirando a la Argentina. Pero hay que trabajar para que el país no espante lo que tanto le cuesta atraer».

Entre las ventajas, se destaca la calidad arquitectónica, el capital humano técnico, la cultura urbana y el bajo costo operativo. También el hecho de que, a diferencia de otros países de la región, en Argentina el mercado está dolarizado, lo que ofrece una referencia clara para quien llega con divisa fuerte.

Zonas calientes para extranjeros

Algunas zonas de Buenos Aires concentran el mayor interés internacional. Palermo sigue siendo el clásico, pero barrios como Chacarita, Colegiales, Villa Crespo y hasta Barracas están ganando terreno. El criterio es claro: buena conectividad, vida cultural activa, oferta gastronómica y posibilidades de renta temporaria.

En el interior, ciudades como Mendoza, Córdoba capital, Rosario o Bariloche se posicionan fuerte por su atractivo natural, turismo todo el año y presencia de comunidades extranjeras. En todas ellas, el precio del metro cuadrado sigue siendo competitivo frente a sus equivalentes regionales.

Ángelo Calcaterra señala que «el capital extranjero tiene otro radar. Llega antes, camina el barrio, entiende el clima. No compra porque esté de moda: compra porque ve valor oculto».

Una de las modalidades que más interés despierta en el exterior es el build to rent: proyectos pensados 100% para alquilar, con foco en eficiencia, mantenimiento bajo y rotación controlada. Estos esquemas, comunes en Europa y EE.UU., están comenzando a explorarse en Argentina con el empuje de capital externo.

Se trata de una inversión de largo plazo, pero con rendimiento estable. Se evita la venta unidad por unidad y se optimiza la gestión. El inversor extranjero valora eso: previsibilidad y escala.

«El modelo build to rent necesita volumen, fondeo y paciencia. Y eso, hoy, viene más de afuera que de adentro», afirma Calcaterra.

Marco legal: entre la incertidumbre y la oportunidad

Aunque no hay restricciones formales para que un extranjero compre propiedad en Argentina, el marco legal sigue siendo un factor que genera dudas. Cambios frecuentes en las reglas, impuestos poco claros y trabas en el acceso al dólar oficial complican las operaciones.

Sin embargo, muchos inversores ya entienden cómo moverse: constituyen sociedades, operan desde Uruguay o EE.UU., y utilizan esquemas legales que les permiten proteger su inversión. Además, el contexto regional también influye: en países como Chile o Perú, la inseguridad jurídica también ha aumentado, lo que relativiza los riesgos locales.

Ángelo Calcaterra insiste en que «la seguridad jurídica no es un lujo, es una condición. Si la Argentina quiere más inversión externa, tiene que empezar por reglas claras y estables».

A diferencia del inversor local, que suele actuar con plazos cortos y buscando salidas rápidas, el extranjero tiene una mirada más de portafolio. Invierte, gestiona, espera. No se desespera por una suba inmediata, pero exige condiciones estructurales que le permitan sostener su estrategia.

Por eso, el real estate argentino tiene una oportunidad: ofrecer valor a quienes piensan a cinco o diez años. No se trata solo de vender propiedades, sino de construir una relación sostenible con quienes pueden apostar de verdad.

Ángelo Calcaterra concluye con una advertencia y una posibilidad: «No alcanza con atraer. Hay que retener. Y para eso, la clave está en la seriedad. Si el mercado local se ordena, el inversor extranjero va a ser parte de la recuperación del sector».

La pelota está en juego. Y el ladrillo argentino, más global que nunca, espera que alguien lo juegue bien.

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Arquitecto, especialista en construcción en seco.