Los fondos que seducen al pequeño inversor: el modelo que entusiasma a Ángelo Calcaterra

Ángelo Calcaterra

Durante décadas, el mercado inmobiliario argentino fue territorio casi exclusivo de grandes capitales. Sin embargo, eso empezó a cambiar. Los Fondos Comunes de Inversión Inmobiliaria (FCII) surgieron como una herramienta concreta para que pequeños ahorristas pudieran entrar al juego sin necesidad de contar con grandes sumas de dinero. Y mientras algunos aún miran con desconfianza esta modalidad, otros ya la consideran un paso lógico en la evolución del real estate. Ángelo Calcaterra, empresario con fuerte trayectoria en el sector, lo resume así: “Estamos frente a un instrumento que democratiza el acceso al ladrillo. El ahorro argentino busca refugio y los FCII lo permiten sin necesidad de endeudarse ni tener un inmueble a nombre propio”.

La lógica detrás de estos fondos es simple: se agrupan muchos pequeños aportes de capital para invertir en propiedades —comerciales, residenciales o industriales— que luego se alquilan, venden o valorizan. A cambio, quienes participan del fondo reciben un rendimiento proporcional a su inversión. Pero más allá de la teoría, lo interesante es cómo esta opción está empezando a hacerse un lugar en un mercado que durante años estuvo marcado por el dólar billete y la compra directa de propiedades.

Calcaterra lo plantea sin vueltas: “La gente ya no busca solo comprar ladrillos. Busca participar del negocio. Estos fondos permiten eso, con montos accesibles y sin tener que lidiar con inquilinos, impuestos o mantenimiento”.

Una puerta de entrada para el ahorrista común

La primera ventaja evidente es el monto de ingreso. Mientras que adquirir una propiedad suele requerir cientos de miles de dólares, los FCII permiten empezar con montos mucho menores. Esto abre la posibilidad a sectores de clase media que históricamente quedaron afuera del negocio inmobiliario.

Pero no solo es una cuestión de dinero. También entra en juego la diversificación. En lugar de apostar todo a un solo inmueble, se participa en un portfolio administrado por expertos, que incluye distintas tipologías de propiedades, en diferentes ubicaciones. En palabras de Calcaterra: “El mercado inmobiliario siempre fue conservador. Pero la diversificación a través de fondos permite mitigar riesgos que antes eran inevitables. Ya no se trata de tener el departamento en una sola zona, sino de estar en varios frentes a la vez”.

Los gestores de estos fondos, generalmente sociedades administradoras registradas ante la Comisión Nacional de Valores (CNV), tienen a su cargo la selección de los activos, la gestión operativa y financiera y la planificación de las ventas o alquileres. De esta manera, el pequeño inversor se ahorra tiempo, trámites y dolores de cabeza.

Riesgos y desafíos que no se pueden ignorar

Como toda inversión, los FCII también tienen su contracara. Aunque son más líquidos que la compra directa de una propiedad, no son instrumentos de salida inmediata. Los rescates suelen tener plazos y condiciones específicas, y si bien se puede recuperar el capital, eso no siempre es instantáneo.

Además, la rentabilidad puede verse afectada por comisiones de gestión, gastos administrativos y, sobre todo, por la volatilidad del mercado. En contextos de alta inflación o inestabilidad política, el valor de los inmuebles puede caer o quedar estancado. Ángelo Calcaterra advierte sobre este punto: “El fondo no es magia. Si el contexto general es adverso, puede costar más lograr buenos retornos. Por eso es importante que los fondos sean transparentes, con una estrategia clara y objetivos realistas”.

Otro punto clave es el marco legal. En Argentina, la CNV regula estos instrumentos, exigiendo requisitos de transparencia, informes periódicos y ciertas reglas de funcionamiento. Sin embargo, aún hay muchos desafíos pendientes en cuanto a fiscalización y claridad normativa, especialmente para garantizar que todos los fondos que se ofrecen al público cumplan con las condiciones necesarias.

Uno de los movimientos más relevantes de los últimos años fue la implementación de ciertos incentivos fiscales para fomentar la inversión a través de FCII. Algunos fondos pueden obtener beneficios como exenciones impositivas o facilidades para captar capital proveniente de blanqueos. Esto se inscribe en una estrategia más amplia del Estado para canalizar ahorro hacia sectores productivos, como la construcción y el desarrollo urbano.

Ángelo Calcaterra, que ha participado en diversos proyectos de obra pública y privada, considera que estos incentivos son una herramienta útil, pero aún insuficiente: “Es un buen comienzo, pero falta una política más sostenida. Si se quiere que el pequeño ahorrista participe masivamente del mercado, hay que dar previsibilidad, estabilidad jurídica y reglas claras para todos los jugadores”.

Ángelo Calcaterra

 

Tendencia regional y aprendizaje global

Argentina no es la única que está apostando por esta modalidad. En países como Brasil, Colombia o México, los fondos inmobiliarios ya son una herramienta instalada y con fuerte participación de inversores individuales. Incluso en Estados Unidos, los REITs (Real Estate Investment Trusts) cumplen una función similar y forman parte del portafolio habitual de quienes invierten en Wall Street.

La diferencia, por supuesto, está en la madurez del sistema. En nuestro país, los FCII aún están en etapa de crecimiento, con un mercado incipiente y con margen para mejorar en cuanto a transparencia, volumen y opciones disponibles. Sin embargo, algunos jugadores importantes del sector ya están desarrollando fondos propios, con foco en distintas zonas del país y tipos de proyectos.

Según Calcaterra, esta es una oportunidad que no hay que dejar pasar: “El argentino siempre tuvo apego al ladrillo, pero el ladrillo cambió. Hoy podés invertir en metros cuadrados sin comprarlos. Y eso cambia todo. El que lo entienda ahora, va a tener ventaja cuando el mercado se vuelva más competitivo”.

A pesar de todas las ventajas, no se trata de una solución mágica. Los FCII no reemplazan la necesidad de planificar, de entender el propio perfil de riesgo y de tener objetivos claros. Para algunos será una opción ideal; para otros, no tanto. Lo importante es que ahora existe la posibilidad, algo que hace unos años no estaba disponible.

En este sentido, el cambio cultural también es relevante. Históricamente, la idea de inversión en Argentina estaba atada al dólar y al ladrillo físico. Hoy empieza a instalarse otra lógica, más parecida a la de los mercados desarrollados: pensar en activos, carteras, y no en propiedades con escritura.

“Lo digital, lo compartido, lo gestionado de forma colectiva. Todo eso llegó para quedarse”, dice Ángelo Calcaterra. “No va a reemplazar al departamento heredado de la abuela, pero sí va a ser una opción seria para quien quiere crecer desde abajo, sin hipotecarse de por vida”.

El ladrillo cambió de forma, pero no de fondo

Los Fondos Comunes de Inversión Inmobiliaria marcan un nuevo capítulo en el real estate argentino. Abren la puerta a miles de personas que hasta ahora estaban afuera del negocio. Ofrecen acceso, diversificación y gestión profesional. Pero también requieren información, análisis y una regulación que los acompañe.

Con actores del calibre de Ángelo Calcaterra atentos a estas transformaciones, es evidente que el tema no es pasajero. La pregunta ya no es si conviene o no entrar. La pregunta es cómo y con qué herramientas. Porque en un contexto donde el acceso al crédito es escaso y el dólar sigue siendo un bien preciado, toda alternativa realista para preservar y hacer crecer el capital merece al menos una mirada atenta.

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Arquitecto, especialista en construcción en seco.