Agricultura regenerativa: una apuesta clave para la sostenibilidad en Argentina

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El modelo de producción agropecuario en Argentina enfrenta un desafío ineludible: la necesidad de adoptar prácticas sostenibles que no solo aseguren la rentabilidad de los cultivos, sino que también preserven los suelos, la biodiversidad y los ecosistemas. En este contexto, la agricultura regenerativa se presenta como una alternativa innovadora que está transformando la manera en que se cultivan los alimentos en el país.

Recientemente, algunas empresas, en colaboración con el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), presentaron el informe «Aprendizajes y desafíos sobre la Agricultura Regenerativa en Argentina». Este documento ofrece una mirada detallada sobre la implementación de este enfoque en distintas regiones del país y sus principales desafíos y beneficios.

Un cambio de paradigma en el agro argentino

A diferencia de la agricultura tradicional y de las prácticas sustentables convencionales, la agricultura regenerativa no solo busca minimizar el impacto ambiental, sino revertir los daños causados por décadas de explotación intensiva. Esto implica restaurar la fertilidad del suelo, mejorar la calidad del agua y fomentar la biodiversidad.

En Argentina, el proyecto impulsado abarca 1.300 hectáreas en las provincias de Mendoza y San Juan, donde los productores locales han comenzado a aplicar estas prácticas con el apoyo del INTA. La idea central es transformar la manera en que se cultivan frutas y hortalizas, reduciendo la dependencia de insumos químicos y fortaleciendo la resiliencia climática.

La agricultura regenerativa se basa en varios principios fundamentales que buscan optimizar los sistemas productivos sin comprometer el equilibrio ecológico:

  1. Mantenimiento de la cobertura del suelo: Se promueve la siembra de cultivos de cobertura para evitar la erosión y mejorar la infiltración de agua.
  2. Diversificación de cultivos: La rotación y combinación de especies mejora la calidad del suelo y reduce la proliferación de plagas.
  3. Integración de la ganadería: El pastoreo controlado ayuda a fertilizar los campos de manera natural y a regenerar los suelos degradados.
  4. Reducción del uso de químicos: Se fomenta el uso de fertilizantes orgánicos y biopreparados en lugar de agroquímicos sintéticos.
  5. Minimización de la labranza: Evitar la alteración mecánica del suelo contribuye a preservar la materia orgánica y la microbiología beneficiosa.

El ingeniero agrónomo José Portela, referente del INTA en agricultura regenerativa, resalta que no existe una receta única para aplicar estas prácticas:
«Cada sistema productivo tiene sus particularidades, y es clave que los productores aprendan a interpretar las necesidades de sus suelos para aprovechar su capacidad de autorregeneración».

Un modelo con desafíos, pero con un futuro prometedor

A pesar de sus múltiples ventajas, la implementación de la agricultura regenerativa no está exenta de dificultades. El informe del INTA destaca algunos de los desafíos más relevantes:

  • Falta de conocimiento técnico: Muchos productores desconocen las metodologías regenerativas o carecen de la capacitación adecuada.
  • Inversión inicial: La transición hacia este modelo requiere una inversión en nuevas técnicas y equipos, lo que puede ser una barrera para los pequeños productores.
  • Resultados a largo plazo: Si bien los beneficios son evidentes, muchas mejoras en el suelo y el rendimiento de los cultivos solo se perciben después de varios años.

Sin embargo, estos obstáculos pueden ser superados con el acompañamiento técnico adecuado. Un aspecto central del proyecto ha sido la creación de equipos interdisciplinarios que trabajan junto a los productores, capacitándolos en la aplicación de estas técnicas y brindándoles apoyo continuo.

En este sentido, la trazabilidad y la certificación de productos regenerativos se vuelven herramientas fundamentales para fortalecer la confianza del consumidor y fomentar el crecimiento de este modelo productivo.

El impacto de la agricultura regenerativa en la producción nacional

Los estudios del INTA han demostrado que la agricultura regenerativa no solo mejora la salud del suelo, sino que también tiene un impacto positivo en la rentabilidad de los productores.

En el campo experimental del INTA Oliveros, en Santa Fe, se realizaron pruebas durante 10 años aplicando estrategias regenerativas en 300 hectáreas. Los resultados fueron contundentes:

  • Reducción del uso de agroquímicos en un 40%: Menos dependencia de herbicidas y fertilizantes sintéticos, lo que redujo costos de producción.
  • Mejora en la biodiversidad: La diversidad de cultivos y la presencia de fauna beneficiosa ayudaron a controlar plagas de manera natural.
  • Mayor retención de agua en el suelo: Esto disminuyó el impacto de las sequías y mejoró la eficiencia en el uso de recursos hídricos.
  • Integración con la ganadería: La combinación de cultivos con pastoreo de novillos permitió un aprovechamiento más eficiente de los recursos y mejores ingresos para los productores.

A nivel internacional, empresas y organismos están avanzando en la adopción de la agricultura regenerativa. El Instituto Rodale en Estados Unidos, el Savory Institute y la iniciativa 4 por 1000 en Europa son algunos ejemplos de organizaciones que promueven estas prácticas como soluciones para la crisis ambiental y la seguridad alimentaria.

En Argentina, el éxito de iniciativas puede servir como un modelo replicable para otras regiones y cultivos. Si el país logra consolidar la agricultura regenerativa como una práctica estándar, no solo se fortalecerá el sector agropecuario, sino que también se dará un paso crucial hacia una producción de alimentos más responsable y sostenible.

Grupo Ruiz
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Grupo Ruiz es un conglomerado empresarial con sede en la provincia de Tucumán, Argentina. Fundado en 1994 con la creación de Paramérica S.A., en una década se posicionó como líder mundial en exportación de poroto negro y limones.