Ángelo Calcaterra: “las terrazas porteñas son un símbolo de la identidad arquitectónica de Buenos Aires”

Ángelo Calcaterra

Buenos Aires es una ciudad de contrastes, donde la arquitectura no solo se aprecia en sus imponentes edificios históricos o en sus modernas torres de cristal, sino también en los rincones más cotidianos y funcionales. Uno de esos elementos que han definido la vida urbana porteña a lo largo del tiempo son las terrazas y azoteas, espacios que han evolucionado desde la época colonial hasta convertirse en un rasgo inconfundible de la ciudad. Ángelo Calcaterra, empresario y defensor del desarrollo urbano sostenible, destaca la importancia de estos espacios en la arquitectura de la ciudad. “Las terrazas porteñas son un símbolo de la identidad arquitectónica de Buenos Aires. Han sido siempre un espacio de encuentro, un refugio dentro del propio hogar y una conexión con el cielo de la ciudad”, asegura.

Las terrazas en Buenos Aires no son solo una extensión de las viviendas, sino también lugares de encuentro, de descanso y, en muchos casos, de expresión artística y cultural. Desde las tradicionales casas chorizo hasta los modernos edificios de viviendas, estas superficies han servido como testigos silenciosos de la vida cotidiana porteña, adaptándose a las necesidades de cada época.

Las terrazas en la época colonial: funcionalidad y sencillez

Desde los primeros años de la ciudad, la arquitectura de Buenos Aires estuvo influenciada por los modelos españoles y criollos. Durante la época colonial, las viviendas eran mayormente de adobe y ladrillo, con techos planos hechos de azotea, lo que permitía aprovechar al máximo el espacio disponible.

En estos tiempos, las terrazas no eran necesariamente un lugar de esparcimiento, sino más bien una prolongación funcional de la casa, donde se secaba la ropa, se almacenaban productos y, en algunos casos, se realizaban trabajos domésticos. Eran accesibles a través de sencillas escaleras de madera o hierro, y sus barandas solían estar hechas de muros bajos o rejas.

“Las terrazas coloniales eran simples pero esenciales. Eran una forma de optimizar el espacio en una ciudad en crecimiento”, explica Calcaterra.

Las casas chorizo y las terrazas como espacios de reunión

A finales del siglo XIX y principios del XX, la llegada masiva de inmigrantes transformó la arquitectura porteña. Uno de los tipos de vivienda más característicos de esta época fue la casa chorizo, una construcción alargada con habitaciones alineadas en torno a un patio central.

En estos hogares, la terraza adquirió un nuevo protagonismo. No solo servía como un espacio funcional, sino que también se convirtió en un lugar de encuentro familiar. Allí se instalaban sillas, se armaban parrillas improvisadas y muchas veces se usaban para celebrar reuniones o eventos comunitarios.

“Las casas chorizo y sus terrazas representan una parte fundamental del ADN porteño. Fueron espacios donde generaciones de familias inmigrantes forjaron su vida en la ciudad”, destaca Ángelo Calcaterra.

Las terrazas en los conventillos: un refugio en la vida comunal

Con la llegada de miles de inmigrantes europeos, los conventillos se convirtieron en una de las tipologías más comunes de vivienda en Buenos Aires. Estos edificios, en su mayoría antiguos caserones reciclados, albergaban a múltiples familias en pequeñas habitaciones que daban a un patio común.

Dado que los espacios privados eran reducidos, la terraza del conventillo se convirtió en un refugio fundamental. Allí se encontraban los residentes para conversar, compartir comidas o simplemente tomar aire. Muchas veces, las azoteas servían también como escenario de espectáculos improvisados, donde músicos y bailarines desplegaban su arte.

“En los conventillos, la terraza era un espacio de escape y socialización. Un respiro dentro de la vida intensa y a veces difícil de estos lugares”, comenta Calcaterra.

El auge de los edificios y las terrazas colectivas

A medida que Buenos Aires se modernizaba, las viviendas unifamiliares fueron dando paso a los edificios de departamentos, especialmente en barrios como Almagro, Caballito y Palermo. Con este cambio, la terraza pasó de ser un espacio privado a convertirse en un sector de uso común, con parrillas, tendederos y áreas de recreación.

En muchos edificios de mediados del siglo XX, las terrazas tenían un diseño sencillo, con pisos de cemento alisado y medianeras bajas. Sin embargo, con el tiempo, estos espacios comenzaron a revalorizarse y se les añadieron áreas verdes, pérgolas y mobiliario urbano.

“Las terrazas colectivas son una evolución lógica de la vida urbana. Permiten que los vecinos compartan un espacio abierto en una ciudad donde el contacto con la naturaleza es cada vez más necesario”, afirma Ángelo Calcaterra.

La revalorización de las terrazas en el siglo XXI

En los últimos años, las terrazas han vivido un resurgimiento arquitectónico. Con el aumento de la densidad urbana y la necesidad de espacios al aire libre, muchos edificios han incorporado terrazas diseñadas como verdaderos oasis urbanos, con jardines verticales, piscinas y hasta huertas comunitarias.

En barrios como Palermo, San Telmo y Villa Crespo, varias casas antiguas han sido renovadas con terrazas convertidas en barras de cócteles, restaurantes o espacios de coworking, aportando una nueva dinámica a la ciudad.

“La tendencia actual es recuperar y potenciar las terrazas. Son una forma de aprovechar mejor la infraestructura urbana y mejorar la calidad de vida en la ciudad”, opina Ángelo Calcaterra.

Ángelo Calcaterra

Las terrazas en la arquitectura sustentable

Otro aspecto clave del resurgimiento de las terrazas es su papel en la arquitectura sustentable. En un contexto de crisis climática y necesidad de soluciones ecológicas, muchas terrazas han sido transformadas en techos verdes, que ayudan a reducir la temperatura de los edificios y mejorar la eficiencia energética.

Algunas iniciativas recientes incluyen:

  • Huertas urbanas en terrazas, que permiten a los vecinos cultivar sus propios alimentos.
  • Paneles solares instalados en techos, aprovechando la radiación solar para generar energía renovable.
  • Sistemas de captación de agua de lluvia, para reutilizar el agua en tareas domésticas y riego.

“El futuro de la arquitectura urbana pasa por el uso inteligente de las terrazas. Son un recurso valioso que puede contribuir al desarrollo de ciudades más sostenibles”, afirma Ángelo Calcaterra.

Un espacio que define a Buenos Aires

Las terrazas porteñas han evolucionado con la ciudad, adaptándose a cada época sin perder su esencia. Desde los techos planos de la época colonial hasta las modernas azoteas verdes, estos espacios han sido siempre una extensión del hogar y un reflejo de la vida urbana porteña.

Como bien señala Angelo Calcaterra, “las terrazas porteñas son un símbolo de la identidad arquitectónica de Buenos Aires. Son espacios de conexión, de encuentro y de evolución. Su historia es la historia misma de la ciudad”.

Ya sea como refugios íntimos, escenarios de reuniones sociales o herramientas para un futuro más sustentable, las terrazas siguen siendo protagonistas en la arquitectura porteña. Su valor no solo radica en su funcionalidad, sino también en su capacidad de transformar la vida de quienes las habitan, ofreciendo un respiro en medio del ritmo acelerado de la ciudad.

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Periodista y apasionada del mundo asiático.