Japón busca reducir su dependencia de China con nuevas importaciones de galio desde Kazajistán

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La corporación japonesa Mitsubishi anunció que comenzará a importar galio desde Kazajistán a partir de este año como parte de una estrategia para diversificar el suministro de materiales críticos, un sector dominado históricamente por China. La iniciativa marca el ingreso de la compañía en el negocio de importación de este metal raro, clave para industrias tecnológicas y energéticas, y refleja las crecientes preocupaciones de Japón por asegurar cadenas de abastecimiento más estables en un contexto geopolítico cada vez más incierto.

Según informó la empresa, su filial Mitsubishi Corporation RtM Japan alcanzó en diciembre un acuerdo con Aluminium of Kazakhstan, una firma vinculada al gobierno kazajo, para adquirir en promedio quince toneladas anuales de galio durante varios años a partir de dos mil veintiséis. El metal será producido en una nueva planta que se está construyendo en la ciudad de Pavlodar, en el noreste del país centroasiático, y la totalidad de la producción será enviada a Japón.

El galio es un insumo estratégico para la fabricación de semiconductores de potencia utilizados en vehículos eléctricos, así como para diodos emisores de luz empleados en pantallas de cristal líquido y otros dispositivos electrónicos. Se trata de un subproducto de la producción de aluminio, lo que hace que su oferta dependa en gran medida de la capacidad industrial de ese sector. En la actualidad, China concentra la mayor parte de la producción mundial y ha reforzado desde dos mil veintitrés los controles a sus exportaciones, generando inquietud entre países altamente dependientes de este suministro.

En Japón, esa dependencia es significativa. Datos oficiales indican que en dos mil veintiuno el país importó cerca de cien toneladas de galio, de las cuales más de la mitad procedían de China. Las restricciones impuestas por Pekín encendieron las alarmas en el sector industrial japonés, que busca alternativas para evitar interrupciones en sectores considerados estratégicos para su economía.

Desde Mitsubishi subrayan, sin embargo, que el proyecto no apunta a un desacople con China. Un portavoz de la compañía afirmó que el objetivo es ampliar la base de proveedores y reducir riesgos, sin romper los vínculos comerciales existentes. En ese sentido, la operación con Kazajistán se presenta como un complemento dentro de una estrategia más amplia de diversificación.

El acuerdo se firmó en un contexto diplomático relevante. Coincidió con la visita del presidente kazajo, Kassym Jomart Tokayev, a Japón, donde participó en la primera cumbre entre Tokio y los países de Asia Central. Ese encuentro reflejó el interés japonés por profundizar relaciones económicas y políticas con una región rica en recursos naturales y cada vez más valorada como socio estratégico.

El movimiento de Mitsubishi no es un caso aislado. Otras empresas japonesas también exploran alternativas. En agosto, la comercializadora Sojitz y la agencia estatal JOGMEC anunciaron un estudio conjunto para desarrollar producción de galio en Australia, en asociación con una filial local de la empresa estadounidense Alcoa. Estas iniciativas muestran una tendencia clara: Japón busca reducir su vulnerabilidad frente a decisiones unilaterales de proveedores dominantes, sin abandonar por completo las relaciones existentes.

En conjunto, el giro hacia Kazajistán y otros mercados refleja un cambio gradual pero significativo en la política industrial japonesa. En un escenario marcado por la competencia tecnológica y las tensiones comerciales, asegurar el acceso a materiales críticos se ha convertido en una prioridad estratégica que va más allá de lo estrictamente económico.

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